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¿Qué hacer al respecto?

Opinión Caribe

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En Colombia, la pobreza multidimensional en 2018 fue 1.8 puntos porcentuales más alta que la registrada en 2016, pasando de 17.8 % a 19.6 %. La situación es preocupante, pero en la región Caribe es peor.

 Marcela Escandón

En 2018, la tasa de incidencia de pobreza multidimensional más alta por regiones se presentó en la costa Caribe, con un 33.5 por ciento, mientras en Bogotá fue de 4.3 por ciento. Esta cifra debería alertar a los habitantes del Caribe y ser motivo de un profundo debate sobre qué está pasando en la región y cómo enfrentar el alarmante aumento de la pobreza en tan solo dos años. En especial, si se tiene en cuenta que no solo es la región con la tasa más alta de pobreza de 2018, sino aquella en la que el aumento de la pobreza fue más grande desde la última medición, con un incremento de 7.1 % en dos años.

Esto se observa en la tabla No.1, la cual muestra la variación para cada región en el índice de pobreza multidimensional. Solo en el Caribe hubo una variación que amerita ser tenida en cuenta (estadísticamente significativa), mientras que, en las demás zonas del país analizadas, los cambios son muy pequeños y prácticamente la pobreza en esas regiones sigue igual. Así, las cifras señalan que alrededor de 3.6 millones de habitantes del Caribe están en situación de pobreza multidimensional.

Aunque la situación ha mejorado en términos históricos, lo cierto es que el panorama es desalentador. Casi todos los departamentos y habitantes del Caribe están por encima del promedio nacional, como La Guajira (51.4 %), Sucre (39.7 %), Magdalena (38.6 %), Córdoba (36.7 %) y Cesar (33.2 %).

Se debe reconocer que, en términos históricos, hay avances en términos de reducción de la pobreza. Entre los años 2010 y 2018, la reducción de la pobreza multidimensional por regiones fue de 12.0 puntos porcentuales para la región Caribe; 12.2 puntos porcentuales para las regiones Oriental y Central; mientras que Antioquia, la cual fue considerada como una región independiente, redujo en 10.7 puntos porcentuales su pobreza multidimensional. Lo propio sucedió con Valle del Cauca con una disminución de 10.5 puntos porcentuales. En la región Pacífica (excluyendo al departamento del Valle del Cauca) y en la ciudad capital Bogotá, la reducción fue de 9.4 y 7.8 puntos porcentuales, respectivamente.

PERO, ¿QUÉ ES LA POBREZA MULTIDIMENSIONAL?

En Colombia existen dos formas de medir la pobreza, una directa y otra indirecta. La directa es la que se realiza a través del Índice de Pobreza Multidimensional, IPM. Esta se compone de cinco dimensiones: condiciones educativas del hogar, condiciones de la niñez y juventud, salud, trabajo, acceso a servicios públicos domiciliarios y condiciones de la vivienda. A su vez, estas dimensiones pueden desagregarse en un conjunto de variables que se mencionan en la tabla No. 2, que van desde el analfabetismo hasta un piso elaborado con materiales inadecuados.

Se le conoce como pobreza multidimensional, porque considera todos estos aspectos de la vida de la gente que pueden redundar en una mala calidad de vida, y no solo se tiene en cuenta el ingreso monetario de las personas o su núcleo familiar.

En 2018, en la región Caribe, el factor que más peso o importancia tuvo para la pobreza multidimensional de la región fue de la dimensión educación (32.9 %), seguida de las dimensiones trabajo (24.8 %), condiciones de la vivienda (16.5 %), niñez y juventud (13.9 %), y salud (12.0 %). Llama la atención el peso que tienen las condiciones de la vivienda en esta región, pues en varios de los demás casos, la contribución es menor al 10 por ciento. Esto significa que para los habitantes del Caribe en estado de pobreza tienen gran incidencia aspectos como los materiales de las paredes, que pueden ser madera, los pisos de tierra, el hacinamiento o la falta de acceso a los servicios de acueducto y alcantarillado.

Con una tendencia similar, en el total nacional, la dimensión que tuvo mayor relevancia a la hora de medir la pobreza multidimensional fue educación (32.9 %), seguida de las dimensiones trabajo (26.7 %), niñez y juventud (14.7 %), condiciones de la vivienda (13.2 %) y salud (12.5 %). En las cabeceras municipales, es decir, en las zonas más urbanas de los municipios, la mayor contribución fue de la dimensión de educación (31.0 %), seguida de las dimensiones trabajo (27.7 %), niñez y juventud (15.3 %), salud (15.0 %) y condiciones de la vivienda (11.0 %).

En las zonas rurales, la mayor contribución fue de la dimensión de educación (35.0 %), seguida de las dimensiones trabajo (25.6 %), condiciones de la vivienda (15.9 %), niñez y juventud (14.0 %) y salud (9.5 %). De lo anterior se resalta, que en las zonas rurales es donde más peso tiene la educación como aspecto relevante para la pobreza multidimensional.

POBREZA MONETARIA Y POBREZA EXTREMA

Por su parte, la pobreza monetaria también es importante porque permite medir el ingreso por persona en una unidad de gasto, por ejemplo, en un núcleo familiar, es decir, el ingreso de la unidad de gasto dividido por el total de integrantes de la misma; y se compara con el costo monetario que implica adquirir una canasta de alimentos, en el caso de la pobreza monetaria extrema o indigencia, o con el costo monetario de adquirir una canasta de bienes alimentarios y no alimentarios mínimos para la subsistencia, en el caso de la pobreza monetaria.

En la gráfica No. 3 se observa que, en 2018, para 5 de las 7 ciudades capitales de los departamentos del Caribe, la pobreza monetaria fue más alta que el promedio nacional: Riohacha (47.5 %), Valledupar (34.4 %), Santa Marta (33.7 %), Sincelejo (28.6 %) y Montería (27.5 %). Solo Cartagena (25.9 %) y Barranquilla (21.1 %) estuvieron por debajo del promedio nacional de 27 por ciento. Sumado a esto, en Riohacha, Valledupar, Santa Marta y Barranquilla, el porcentaje de incidencia de la pobreza monetaria aumentó entre 2017 y 2018.

Con respecto a la pobreza monetaria extrema, es importante resaltar que, de acuerdo con el Dane, en 2018 el porcentaje de personas clasificadas como pobres extremas respecto al total de la población nacional fue del 7.2 por ciento. En las cabeceras esta proporción fue del 4.9 por ciento en los centros poblados y rural disperso del 15.4 por ciento, así, la incidencia de la pobreza extrema en los centros poblados y rural disperso equivale a 3.1 veces la incidencia en las cabeceras.

La incidencia de la pobreza extrema mide el porcentaje de la población que tiene un ingreso per cápita del hogar por debajo de la línea de pobreza extrema según el dominio geográfico. Esta información se toma de la Gran Encuesta Integrada de Hogares, GEIH, la cual permite desagregar la información de pobreza monetaria extrema para 23 ciudades capitales.

De acuerdo con lo reportado por el Dane, en 2018, las ciudades que experimentaron el mayor aumento en su incidencia de la pobreza monetaria extrema fueron Cúcuta, donde pasó de 5.3 por ciento a 7.0 por ciento y Pasto, donde la pobreza monetaria extrema aumentó de 2.9 por ciento a 4.2 por ciento. Las ciudades que sobresalieron por la reducción de la pobreza monetaria extrema fueron Sincelejo, donde decreció de 4.3 por ciento a 2.9 por ciento, y Santa Marta, donde cayó de 7.4 por ciento a 6.2 por ciento.

Lo anterior significa que, en materia de pobreza monetaria extrema y tal como se puede observar en el gráfico No.4, la región Caribe tiene algunos resultados positivos, en tanto Valledupar (de 7.5 % a 7.1 %), Santa Marta (de 7.4 % a 6.2 %), Cartagena (de 4.1 % a 3.4 %), Sincelejo (4.3 % A 2.9 %) y Barranquilla (de 2.4 % a 2.2 %) muestran reducciones en sus porcentajes entre 2017 y 2018. Pese a esto, en Riohacha (de 15.1 % a 16 %) y Montería (de 3.6 % a 3.9 %) sí se presentan aumentos en el porcentaje de personas en pobreza monetaria extrema.

COEFICIENTE DE GINI

Además de la pobreza directa o indirecta, otro indicador importante que publica el Dane y que dio a conocer recientemente es el coeficiente de Gini, el cual es un indicador de la desigualdad que mide la concentración de la riqueza en un área geográfica determinada. El coeficiente de Gini toma valores entre cero y uno, donde cero representa igualdad absoluta y uno desigualdad absoluta. Entre más cercano a cero, más igualdad hay, y entre más cercano a uno, más desigualdad.

Para el 2018, el coeficiente de desigualdad de ingresos Gini en el país aumentó, pues registró un valor de 0.517 frente 0.508 en 2017 a nivel nacional. En las cabeceras municipales, el coeficiente de Gini también subió: fue 0.497, frente a 0.488 en 2017. Por su parte, en las trece ciudades y áreas metropolitanas el Gini incrementó, pues fue 0.487 en 2018 mientras que en 2017 fue de 0.477. En los centros poblados y rural disperso, se redujo el coeficiente Gini, pasando de 0.456 en 2017 a 0.446 en 2018. Para las otras cabeceras el Gini aumentó, pasando de 0.469 en 2017 a 0.478 en 2018.

La tabla No. 3 presenta el coeficiente de Gini por ciudades. Las ciudades con un menor coeficiente de Gini en el año 2018 fueron: Pereira con 0.416, Bucaramanga con 0.432 e Ibagué con 0.435. Las que presentaron mayor coeficiente de Gini fueron: Riohacha con 0.529, Quibdó 0.528 y Bogotá con 0.504. De las capitales del Caribe, Riohacha es la única que se encuentra por encima del promedio nacional. Vale la pena destacar, que el Dane no ha publicado los datos para San Andrés y Providencia.

DESEMPLEO

Con respecto a la tasa de desempleo, la región Caribe tiene resultados ambiguos. Por un lado, Cartagena (7.3 %) y Barranquilla (8.0 %) presentan las tasas más bajas de desempleo en las 13 ciudades capitales analizadas para el trimestre abril a junio de 2019, pero por otro, las capitales del Caribe que están por encima del promedio general son: Valledupar (16.2 %) que es superada solo por Quibdó (20.3 %), Riohacha (14.4 %) y Montería (13.0 %). Santa Marta (11.4 %) y Sincelejo (11.7 %) están en una posición intermedia.

Ahora bien, a pesar de los buenos indicadores de Cartagena y Barranquilla, en todas las capitales del Caribe se presentó un aumento de la tasa de desempleo entre abril y junio de 2018 y los mismos meses de 2019, tendencia preocupante, en especial, en el caso de Montería, que pasó en el mencionado periodo de 9.3 por ciento a 13.0 por ciento.

ANTE ESTE PANORAMA, ¿QUÉ HACER?

Cifras nacionales como la pobreza multidimensional y el desempleo son alarmantes, pero la situación de la costa Caribe colombiana es aún más dramática. Es indignante que en el país no se hayan encendido las alarmas. Ya se está volviendo tradición que este tipo de noticias pasen desapercibidas, ni las autoridades ni los ciudadanos de a pie emprenden acciones para remediar estas tendencias.

¿De quién es la responsabilidad? ¿De los políticos de turno? ¿De los entes de control? ¿De la justicia inoperante? ¿De los ciudadanos apáticos? Lo cierto es que la responsabilidad de que la región Caribe esté sumida en un rezago histórico, sin aprovechar todas sus potencialidades, capital humano, riquezas naturales y talentos locales es de todos.

El ecoturismo, los emprendimientos, el ganado, las artesanías, el café, la palma de aceite, el banano y demás productos de exportación, se pierden en un mar de buenas intenciones y posibilidades de negocio que no se concretan a gran escala o no impactan lo suficiente en la población y sus beneficios se concentran en unos pocos. La infraestructura hotelera, la oferta gastronómica, las vías de comunicación, todo parece tener gran potencial, pero en las temporadas altas siempre queda la sensación de que no se da abasto y que el turismo podría ser mucho más rentable, pero no se logra fortalecer por las propias carencias.

Las economías de la región Caribe, en síntesis, no despegan como deberían, los productos o negocios más importantes no dejan beneficios para la mayoría de los ciudadanos y las políticas locales no dan la talla para solucionar los problemas que aquejan a la población, mucho menos consiguen articularse como región para unir esfuerzos y lograr resultados globales de largo plazo.

Tal como lo señala el economista Adolfo Meisel Roca para al estancamiento económico relativo de la región Caribe en la primera mitad del siglo XX (1905 – 1950), “el fracaso económico de la primera parte del siglo hizo que la Costa iniciara la segunda mitad del siglo XX con unas condiciones muy poco favorables para su competitividad como región. En gran parte, por esta razón, el estancamiento se ha prolongado hasta el presente”.

Tal parece que en pleno siglo XXI la región Caribe seguirá en su estancamiento, y sus habitantes verán cómo la región se empobrece sin tomar acciones ciudadanas ni exigir lo propio a sus gobernantes. Se acercan las elecciones locales, ¿qué acciones se implementarán al respecto?

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