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Columnistas

¿Una sociedad sobornada?

Opinión Caribe

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

Soborno, del verbo sobornar y del latín sobornaré, indica proveer o equipar por debajo o a escondidas. Es este un mal generalizado que no conoce fronteras para afectar principios en contra de la sociedad, convertido en un medio para facilitarse las cosas, trasgredir la ley, evitar censuras, pago de impuestos, y en general, para fomentar corrupción, maldad, perversidad; siendo aún más grave en la práctica cuando se institucionaliza en las esferas de poder y decisión como vemos se hace a mares en nuestro entorno; referencia que lleva a preguntar si seremos nosotros una sociedad penetrada y alimentada por el soborno si analizamos lo que a diario acontece en las más de las esferas patrias.

Pareciera este un país de gentes sobornadas por doquier, izquierda, derecha, empresarios, funcionarios, empleados, trabajadores, servidores públicos, intelectuales, gremios, estudiantes, justicia, política, educación, oposición y cuantos más, que han ido sucumbiendo ante el dios dinero que corroe y corre a raudales por el tejido social, que complaciente lo acepta sin reparos en los más de los casos. La sociedad en su conjunto y nuestros supuestos líderes, mandatarios y dirigentes se han montado prestos al vehículo del dinero fácil sin importar de donde provenga y lo que es peor, negociando, además de su propia dignidad, la de nuestros territorios y nuestras gentes a cambio de las migajas que los poderosos quieran darles.

Se ha fragmentado en mucho y fraccionando en ene pedazos nuestra sociedad, que camina al garete sin cohesión ni integración alguna. Se percibe una sociedad controlada por quienes se han apropiado abiertamente de todos los estamentos de la organización social e institucionalidad, que han introducido en su avasallador y perverso transitar la anomia como herramienta devastadora que lleva al triunfo de la complicidad.  La vergüenza está perdida, no se reacciona como se debiera ante los escándalos, la capacidad de asombro es ninguna, está perdida; y además de lo cual, se hace del soborno una forma de nuestra política y de nuestra vida.

Momento es de reparar el daño que ha dejado está execrable práctica en lo económico, político, ambiental, judicial, jurídico y político entre otros sectores, pero particularmente en lo cultural; toda vez que la penetración de este flagelo en la sociedad, es daño de dimensiones mayúsculas e impredecibles consecuencias, con la que no se puede tranzar y mucho menos ser pasivos ante el derrumbe ético que significan la comisión de sus desmanes y la impunidad de los tantos delitos en su nombre cometidos. No podemos seguir aceptando eso que parece ser una suerte de contubernio colectivo que nos está llevando a oquedades insondables de la que difícilmente podríamos salir de seguir consintiendo tal absurdo que debemos repudiar sin más para poder descifrarnos como territorio y población. 

saulherrera.h@gmail.com Especializado en Gestión Pública

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