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La campana de la catedral de Notre Dame, Emmanuel, vuelve a sonar para conmemorar el aniversario del incendio
El campanario “Emmanuel” de la torre Sud repica este miércoles, como única manifestación, para marcar su imbatible afán de renacer después de más de 1.000 años de ser testigo de guerras, pestes, divisiones y reconciliaciones y ahora, la última pandemia del siglo XXI. Un símbolo para París y para el mundo que viene, que se construirá sobre las bases y el espíritu de combate del que está quedando atrás.
Después del conmovedor Ave María “a capella” con Judith Chemla en el Viernes Santo, a puertas cerradas, en un pequeño espacio asegurado con solo siete personas en pleno confinamiento del coronavirus, la Catedral de Notre Dame celebra el primer año de su incendio solitaria, frágil, endeble pero en pie, con la esperanza de una resurrección gloriosa.
El campanario “Emmanuel” de la torre Sud repicará este miércoles a las 8 de la noche, como única manifestación, para marcar su imbatible afán de renacer después de más de 1.000 años de ser testigo de guerras, pestes, divisiones y reconciliaciones y ahora, la última pandemia del siglo XXI. Un símbolo para París y para el mundo que viene, que se construirá sobre las bases y el espíritu de combate del que está quedando atrás.
El general Jean Louis Georgelin, presidente del establecimiento encargado de esta restauración de una joya gótica -que para los católicos es una catedral y los franceses se empeñan en considerar un monumento histórico por su laicidad- ha tomado la decisión de hacer sonar las campanas a la misma hora que los franceses salen a sus balcones religiosamente a aplaudir el personal hospitalario, que los están salvando en su batalla contra el coronavirus. Una vez más, la Gran Señora de París vuelve a ser la testigo de la historia, a imponer su sabia contemporaneidad .
La campana de la catedral de Notre Dame, Emmanuel, vuelve a sonar para conmemorar el aniversario del incendio.https://t.co/SYbY8qOMTJ pic.twitter.com/jJjF2KivXo
— 24h (@24h_tve) April 15, 2020
Cuando Emmanuel, esa campana medieval cuyo nombre significa “Dios está con nosotros” repique como lo ha hecho desde 1686, sus campanadas, sus 13 toneladas recordarán a Francia y al mundo, que la humanidad no terminará con el coronavirus sino que se iniciara otra era, con otros valores y prioridades, como las que ha sido testigo la Catedral de Notre Dame a lo largo de su historia. Esta vez no es ni la victoria de las guerras mundiales de 1919 y 1945, la caída del Muro del Berlín, el fin de la peste española, la elección de la muerte y reelección de Papas, los reyes de la Iglesia Católica.
Las campanadas del 15 de abril del 2020 no celebran solo el primer año de un incendio que arrasó a la catedral, estrujó con sus llamaradas el corazón de los franceses y del mundo. Es la fuerza de la esperanza ante la adversidad, la determinación ante el dolor, la muerte y la incertidumbre del coronavirus, en este aniversario. Es una luz de reconstrucción en este apocalipsis sanitari.
Un año después, Notre Dame está en la urgencia absoluta tras el incendio, fragilizada como jamás, con la restauración prometida ni siquiera iniciada. Los fuertes vientos de febrero pasado detuvieron las obras por seguridad de los obreros. Después, el coronavirus la convirtió en un monumento vacío, silencioso, espectral.
Con una altísima grúa amarilla oscilante sobre esta estructura gótica, opacada por un encofrado metálico que se calcinó en el incendio, que hay que levantar sin que Notre Dame se desplome, junto a sus bóvedas incendiadas y sus piedras que la unen, horadadas por el agua que intentó calmar las altísimas temperaturas del incendio.

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