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Columnistas

Peor que “los de antes”

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza

Se argumenta por parte de “los de ahora”, sobre la existencia reiterada y consuetudinaria de mucha corrupción; y, en tal predicamento, decretan y cargan en su certidumbre todas las culpas en las espaldas de “los de antes”. Lo cierto es que no aparecen acciones de gobierno importantes, trascendentes, solo los desgastes de un trasegar político insulso, autoritario, populistas, pernicioso y hasta perverso, que otorgan a unos la posibilidad con ventajas de alzarse con dineros del erario en detrimento de los sagrados recursos públicos. 

Nada que nada funciona mejor. Nuevos e importados son hoy por decisiones dictatoriales los beneficiarios; y para los demás, solo los anuncios que luego se les dará lo suyo de manera directa. No hay que ser adivino para saber que ello será para quienes abiertamente se confiesen y sigan comulgando con lo que imponga el mandatario del Tayrona. No es cosa distinta ni diferente que la vieja práctica clientelista, lo que es seguir inmersos en el retroceso de siempre, contribuyéndose así a continuar el proceso de destrucción, que no de reconstrucción y avance que tanto necesitamos. 

Ha sido ésta a decir de sus propios adeptos, una administración que exhibe con mayor eficacia las mentiras sobre las que está fundado este gobierno, que hay corrupción interna, un manejo económico desastroso, una gestión para el olvido de la pandemia, ineficaces los servicios sanitarios y demás inconsistencias, falencias e inoperancias. No existe nada de lo mediáticamente anunciado, como tampoco un conjunto claro y acabado de objetivos. Solo contradicciones de bulto sin siquiera sentido común, nada que se vislumbra que hacer ante la crisis.

Solo yerros, torpezas por doquier y caprichos a la orden del día. La radiografía del gobierno que ya muchos hacen se opone rotundamente con los anuncios triunfalista del gobernador del Tayrona, que lo deja expuesto como cabeza de una administración que está sumida en una crisis generalizada y sin ideas respecto de cómo rectificar el camino. 

Estamos esperando las actuaciones de un mandatario razonable, ver acciones de gobierno que reivindiquen las demandas ciudadanas, que se atiendan las prioridades, que se ocupe de lo importante y lo urgente, que se entienda el mensaje contundente de la modernidad, hacer bien el trabajo administrativo público, se interese por lo esencial, ir tras los consensos, hacer que las épocas y costumbres políticas efectivamente cambien, se transformen, actúe con sensatez; y no dejar que nos sintamos en la mentira de querer ser diferente cuando en realidad “los de hoy” no solo no han sido ni siquiera iguales a “los de antes”, sino que ya presurosos van marcando el camino para ser peores.

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