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Columnistas

Populismo, despotismo

Opinión Caribe

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez

 

Definitivamente, lo sostiene la sensatez y lo dice la historia en letras de molde, todos los populismos, esa malsana tendencia política que dice defender los intereses y aspiraciones del pueblo y nada positivo define, son innobles, lo que los hace a todas luces y por todos los motivos, intolerables y comparables a vertederos de inmundicia; más por cuanto no es sano para nada su empeño, manía y extravagancia de dividirlo todo en buenos y malos, donde los buenos, ya adivinaron, son ellos y lo de ellos porque en su decir defienden la democracia; y, los malos, los otros, los demás, lo cual pone en peligro creciente a la democracia. No han entendido los populistas, no lo van a entender y mucho menos comprender dada su tozudez y ser por naturaleza y definición infames, además que descalifican lo edificante, lo que construye, lo que fomenta, impulsa y potencia a personas y pueblos. Te cortan las piernas y aparecen luego como salvadores dándote las muletas que te servirán para andar.
Los populismos son blandos en el agitar las calles porque sí, con la excusa, estúpida excusa de defender la democracia, lo que es peligroso y absurdo, sobre todo porque bien sabemos que nadie tiene el monopolio de la razón en una democracia. No hay populista bueno se ha dicho siempre por doquier y demostrado cuando llegan al poder y terminan practicando el despotismo con grande e inusitado descaro. No entienden, repito, y no van a entender ni comprender, que deben plantearse y considerar con crudeza y verdad manifiesta su fracaso inmenso a través de la historia de la humanidad, que los proyectos de vida que han propuesto y proponen a los jóvenes, es y será siempre fallido y trágico sobremanera, especialmente cuando ellos, los jóvenes, caen en la exacta cuenta que son puras mentiras, bazofia y cuento; siendo entonces cuando tratan de mirar hacia atrás y evocan nostálgicos las vidas decentes y generosas de sus antecesores, las grandes familias, las colectividades numerosas enraizadas y soportadas en creencias sólidas y estables.

Descubren al borde del precipicio que lo prudente y de avanzada es reconsiderar lo andado y que si hay y habrá salida, de proceder como corresponde en contexto de democracia.

Frente a esto, importa no dejarse cooptar cual borregos, ingenuos infantes o masa de incautos, como tampoco encubrir ni perder la ruta y convicciones para complacerlos y complacer a los demás, particularmente por cuanto no ven como debieran ver, que las convicciones deben ser enteras, firmes, derechas, lo que es, sin alambicamientos, disfraces ni mentiras. Que no deben valer los oscurantismos en política, sino entrar en ella por ser determinadora de las más de las situaciones que acaecen y en las que nos encontramos inmersos individual y colectivamente como miembros de la sociedad.

Es por lo cual que frente a ellos, preparados debemos y tenemos que estar para enfrentarlos, vencerlos y defraudarlos recuperando tradiciones, sosteniendo los principios, permitiéndonos actuar en valores, encontrar sentidos de vida, sembrarnos en la realidad, que no en absurdos idealismos ni utopías; y como realistas, ser lo que debemos ser, mostrarnos como somos, estar estando a la altura de lo mejor y lo cierto, enseñándoles que tenemos los pies en la tierra para impulsarnos y no hundirnos irremediablemente en un mundo utópico de ilusiones, irrealidades, perversiones y mentiras.

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