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Columnistas

165 homicidios en el 2021

Opinión Caribe

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Por Lerber Dimas

Santa Marta cerró (2021) con 165 homicidios -tal cual se proyectó- y, este aumento en los homicidios obedece en gran parte a una pugna por el control del territorio entre dos actores armados. Las AGC., y las ACSN. Lo que sigue del 2022 es más de lo mismo.

Esto es una situación repetitiva, se viene dando más o menos cada año o cada dos años. La pregunta ¿Por qué no se ha resulto? Son 14 estructuras tipo paramilitar que han estado (entre el 2007 y lo que va del 2022) ¿Olvidaron el 2012? Fueron 150 muertos en tres meses y estar entre las 50 ciudades más violentas del mundo y aquí no estamos hablando de temas nuevos; ni de bloqueos del Estado.

De hecho, si se quiere comparar periodos, sería entonces desde el gobierno de Santos. El resultado de la inseguridad en Santa Marta es por falta de planificación de algo que se afianzó desde el 2010.

El Paramilitarismo, en la SNSM., se mide por la consolidación y no por la magnitud (esta es consecuencia de la primera) luego, se ha leído a la inversa: (Ricceur,2000) el exceso de memoria aquí, el exceso de olvido allá. De aquí salen las lecturas equivocadas, quizá a propósito. Lo que sí ha venido ocurriendo es lo referente a que se moldean conductas y se trasmite el concepto superfluo de “bien” que tienen estas organizaciones paramilitares. Por eso está bien que maten a todo lo que sea contrario a esta noción imperativa.

Asesinaron a una mujer trans., también a otra mujer de la comunidad LGTBI., en Ciénega y han venido asesinando a consumidores de droga. ¿No les recuerda este prototipo? ¿Acaso olvidaron apelativos como “desechables o escorias”?

Cuando se habla de los regímenes totalitarios, como el paramilitarismo, que se han apropiado incluso de la memoria y la han controlado “las huellas de los que ha existido (citando Todorov a Levi) son bien suprimidas, o bien maquilladas y transformadas; las mentiras y las invenciones ocupan un lugar en la realidad; se prohíbe la búsqueda y la difusión de la verdad” (Todorov, 1995). Luego tenemos una memoria construida a doquier y este discurso favorece enormemente, el concepto de bien y de representatividad del imperativo de la seguridad como un elemento primario y necesario. También otros regímenes totalitarios nos obligan a leer la última página del libro o querer que se haga una lectura del momento en una diapositiva elaborada en base a la culpabilidad al otro, y claro, aquí gana el populismo y la apropiación, incluso de la memoria.

Santa Marta se está llenado de “Serenos” o vigilantes, algunos dotados con armas traumáticas o (o quizá hasta reales) porque la inseguridad ha crecido rápido y a escalonado, que las personas no se sienten seguras ni en sus propias casas. Pero nadie se pregunta ¿quién los controla? ¿quién los vigila? ¿si hacen frente común con la policía? ¿quién regula los precios por casas o negocios? Nadie lo hace, porque todos saben que detrás de ellos está la mano del paramilitarismo y su concepto de seguridad.

Si de responsabilidades se trata y de favorabilidades la teoría del caos funciona y favorece muy bien y estas situaciones complejas permiten redimir mucho de, la ahora sí, “escoria” política que tenemos.

En Santa Marta y el Magdalena, los muertos… van a seguir.