La Firma
Espíritu colectivo, falta que hace
Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*
A menudo se señala con sobrada razón, que uno de los problemas a los que nos enfrentamos como departamento tiene mucho que ver claramente con toda una serie de obstáculos que nos dispersan y tienen con frecuencia correspondencia directa en la estructura social y en la rutina establecida en los distintos núcleos de población, lo que se agrava en la verdad que espíritu colectivo, solidaridad, cooperación y unidad, ente otros aspectos a este tenor, nunca han sido señas de nuestro funcionamiento social; fenómeno que no es solo relacionado con el entorno, sino con el aislamiento que empieza a vivirse y detectarse para justificar una mentalidad propia del individualismo; cuando lo que se impone es superar tal pensamiento en aras de un bien común superior, como cooperarse, asociarse, mancomunarse, aliarse, conjuntarse, para alcanzar mayores éxitos. Recordemps, no hay postura más dañina para una sociedad que busca un porvenir, que la individualidad.
Tenemos que optar como municipios por formar mancomunidades, camino a superar problemas y polémicas que surjan en nuestro seno y vayan en detrimento del bienestar general en todo orden y sentido. Interesa buscar con ahínco que solidaridad y entendimiento sean tónica generalizada; ya que requeridos estamos de estimular y afianzar la colaboración intermunicipal, a fin de no seguir en franco desacuerdo como norma de funcionamiento, sino que las distintas facciones políticas desechen las diferencias y se hermanen en las necesidades comunes.
No podemos ser incapaces de mirar más allá de nuestras narices, so pena de convertirnos en un departamento desagregado, individualista, con grandes dificultades para crear sentido de pertenencia y un espíritu colectivo, a efecto de paliar en algo la situación de nuestros pueblos en su interior. Sabemos que la brecha que queda por cubrir es inmensa y con incidencias diarias sobre lo que no existe control alguno por falta de intervención y cuya viabilidad depende de la “voluntad, intereses, favoritismos y conveniencias” de las administraciones de turno.
Es ponernos a todo con las realidades y necesidades que vivimos y no pasar alegremente a reclamar la conectividad digital cuando carecemos de un servicio de comunicaciones básicas. Esa incapacidad para mirar más allá de nuestros ombligos nos convierte en desagregados, individualistas, con grandes dificultades para crear un espíritu colectivo que es el verdadero motor de desarrollo de cualquier sociedad. Quizá a esto se deba que ninguna de las protestas hayan resultado.
