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Columnistas

Colombia y su destino

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

Una guerra sucia sin precedentes en el país ha jugado a fondo una de las campañas electorales como a todos consta y no hace demostrarlo, pues el país es consciente que lo cual es además de cierto, evidente; aspecto que no tomó a nadie por sorpresa, conociendo a sus miembros como se les conoce de siempre.  Vergüenza infinita sin duda, más por cuanto es una mofa para todos los ciudadanos de bien de la patria. Una vileza monumental sin duda el proceder de dicha campaña.

Los colombianos tenemos un deber y una obligación con el país, y es luchar por que lo peor no le suceda y se salga de cauce Colombia. No podemos dejar que se afecte la democracia. Nuestro compromiso es irrenunciable. De ahí que llame poderosamente la atención que candidatos quienes sufrieron los embates de la protervia perniciosa y perversa de la izquierda, no se hayan pronunciado contra ellos como debió ser y antes por el contrario se sumaron a sus huestes unos y otros como prefirieron señalar que votarían en blanco. Horror de horrores. Ya ni valor civil queda en quienes pensaban dirigirnos.

Es la de ellos una campaña soportada en la mentira, la falacia, el engaño, la mitomanía, el odio, el resentimiento, la polarización, la lucha de clases, hacerle eco al denominado socialismo del S XXII. Ha sido una campaña indigna, que se ha permitido algo que se creía olvidado y es haber seguido combinando todas las formas de lucha para derrotar a sus adversarios, cuando lo esperado era una campaña justa donde lo primero fuera potenciar la integración y cohesión social.

No han hecho cosa distinta que mostrar dientes y amenazar en realidad y verdad con dañar el cuerpo sano del país, desaparecer el espíritu de convivencia, el sentimiento de pertenencia, además de ser una amenaza creciente para la seguridad de todos, más cuando anuncian sin tapujos que no reconocerán su derrota, pero sí que llevarán a cabo actos vandálicos y terroristas a lo largo y ancho del territorio nacional.

Tenemos que confiar en que tenemos un pueblo que elegirá bien y mejor. Que votaremos por un mejor porvenir para la nación. Tenemos que confiar en quienes defienden y están por la democracia. Que se impone actuar con sensatez. No podemos darnos el lujo de perder el rumbo, de perder el horizonte. Tenemos que confiar que seguiremos soportados en la moral, la ética, los principios y los valores. Que nunca los abandonaremos como ya lo han hecho otros que quieren vernos sumidos en la desilusión, la desesperanza y la anarquía. No podemos votar por quien pretende acabar de un tajo con las ya conquistadas libertades y de paso orientar incorrectamente la voluntad ciudadana. Recordemos y tengámoslo presente: no podemos jugar al azar con el destino de Colombia. Votar con responsabilidad es la consigna. Dios nos vea y nos tenga de su mano.