Editorial & Columnas
Identidad territorial, valor social necesario en nuestro distrito
Por Rito Antonio Pineda
Los albores de una nueva ciudad próxima a cumplir sus quinientos años, suenan desde hace un tiempo atrás. Cinco siglos de historia, en el nuevo mundo tal como se percibió desde aquel 1525, no son fáciles de cumplir, más cuando se emerge en medio de fenómenos de confrontación social, política y cultural, sin embargo, Santa Marta, la ciudad dos veces santa, se dará el lujo de llegar a tan excelso escenario.
A pesar de ser considerada la ciudad más antigua en Sur América, con un sin número de hechos, acontecimientos, historia, realidades y, ante todo, el gran aporte para la consolidación social y política de Colombia, por su estrategia geográfica, se observa una débil identidad territorial.
Con el presente artículo intentaré motivar la construcción de esa identidad territorial, entendida como: samariedad. La samariedad tal vez no es un concepto nuevo, ya en algunos escenarios de nuestra ciudad, plataformas de servicios en la web o escritores, ha sonado, por lo tanto, no me reservo la autoría de dicho concepto.
De los factores más relevantes destacados académicos y eruditos en materia del estudio del territorio, la identidad territorial es de gran importancia. Esta desvela y revela la sinergia social de todos los ciudadanos y pobladores con un territorio.
La identidad territorial describe el pasado, el presente y el prospecto futuro de un territorito. Conlleva a la relación doble vía del territorio y sus pobladores, es el principal principio de una verdadera territorialidad. No se trata de desconocer el valor económico, ambiental o geográfico del territorio, se trata de converger en esa identidad territorial todos los aspectos y valores sociales de una comunidad que gesta su historia a orillas del Mar Caribe y sobre los pies de la inmensa Sierra Nevada de Santa Marta.
Es por ello, que todos quienes formamos parte de la sociedad samaria, debemos ponernos la camiseta de la samariedad. Que esbelto es conocer París, Roma u Orlando, o que decir de algunos de tantos lugares que atraen por sus condiciones geográficas, físicas, históricas y espaciales. Pero, ¿Quiénes hemos realizado el ejercicio de contabilizar el sin número de lugares únicos de nuestra amada Santa Marta? de sus rincones históricos, de su sabor a mar, a arena; de las grandes montañas y caminos que forjan nuestra hermosa Sierra; de los grandes personajes que nos representan y nos hacen sentir orgulloso, como aquel año 68 que nos dio la dicha de ser campeones del futbol nacional, de los hechos que quedaron entre las calles y paredes del centro histórico, y muchas más.
Pero hay algo curioso, ¿Dónde? ¿Cómo? Construye identidad territorial de Santa Marta. ¿Qué representa la identidad samaria? ¿Cómo podemos construir esa samariedad? La identidad territorial, esa samariedad de la que intento proponer, debe convertirse en el valor social con mayor interés por todos en nuestra amada Santa Marta. La gesta de valores históricos, sociales, culturales, deportivos y políticos, deben concluir en la capacidad de demostrar lo que somos. Gente pujante, creativa, con sueños, ideales. No solo el lugar que muchos quieren visitar sino el lugar que hace parte de lo somos. Santa Marta es tuya, es mía es nuestra, es nuestro territorio, donde se han construido nuestros proyectos, familias, amigos y sueños.
Por ello, el sentido de pertenencia, valorar y cuidar los espacios públicos, aportar con nuestra acciones y actos, la responsabilidad ambiental y social, el respeto por el otro a pesar de pensar diferente, cimentar valores en nuestras familias, nos lleva a forjar esa samariedad. Nuestro distrito no solo ofrece espacios físicos de esparcimiento y descanso, también debe ofrecer un ambiente social único, responsable, amigable, que nos haga sentir orgulloso y gritar: ¡Dios te salve dos veces santa, por la gracia del hombre y divina unción casi materna! que cuando caminemos por la calle del correo, o la tumba cuatro o que decir de la plaza de armas, repasemos los pasos de más de 500 años de historia, erguidos y con la alegría de ser samarios.
Cuando forjemos en cada acción el sentir samario, cuando veamos la bahía más linda de América, que nos deleitemos el agua fresca de Minca, cuando viajemos por la inmensidad del mar y sus olas en el Parque Tayrona, cuando vislumbremos el firmamento guiado por la cruz de nuestra hermosa catedral, recordemos que vivimos en un territorio mágico, rico y ante todo, adornado de blanco (unidad sin rencores) y azul (horizonte del mar) donde hemos sembrado nuestro pies que se unen a la tierra que nos vio nacer. ¡Soy samario! ¡Construyamos samariedad!
Y, ¿Por qué no proponer una catedra académica en nuestras instituciones de formación de la samariedad ad portas de los 500 años, como forma y expresión de la realidad samaria?
