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Editorial & Columnas

Es nuestra Sierra Nevada

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Por: Ricardo Villa Sánchez

La Sierra Nevada de Santa Marta no es solo un territorio: es memoria, es cultura, es dignidad. Es el corazón espiritual de los pueblos indígenas, pulmón ambiental del Caribe, un emblema de nuestra diversidad. Pero también es una tierra golpeada por décadas de violencias: paramilitarismo, narcotráfico, control armado, economías ilícitas, desplazamientos, uso de menores en actividades delincuenciales.

Bajo la política estatal de Paz Total, y desarrollada con un capítulo especial en el actual Plan Nacional de Desarrollo, se abre una posibilidad histórica de transformación. El proceso en curso con las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada (ACSN), un Grupo Delincuencial Organizado (GDO), es complejo, pero puede marcar el rumbo hacia una región de paz y justicia social.

Las ACSN no son un actor político tradicional. Son una estructura armada criminal, con origen paramilitar, vinculada a rentas ilegales y con control territorial. La situación humanitaria sigue siendo crítica: desplazamientos, amenazas, uso de menores, conflictos interétnicos. Así lo refleja el más reciente informe La Paz ¿Cómo Vamos?, que advierte sobre los altos niveles de conflictividad, expansión de economías ilícitas y debilidad institucional en la región.

En este contexto, con la línea del presidente Petro —así algunos manifiesten que lo desobedecen en la interpretación de la política de Paz Total— se han impulsado fases exploratorias y espacios de diálogo social. Si bien no se ha instalado aún una mesa formal, que ojalá sea muy pronto, sí se han desarrollado encuentros con diversos actores clave, espacios en los que la convicción es clara: la paz no se decreta desde arriba. Se construye desde el territorio, con transformación real y participación.

En muchas veredas y corregimientos de la Sierra, las comunidades no esperan ya los grandes anuncios. Liderazgos campesinos y comunales adelantan pequeñas obras con autogestión: mejoran escuelas, caminos, sostienen procesos educativos con lo que tienen. Es un acto de dignidad frente a la ausencia histórica de voluntad política de solucionar sus necesidades reales, asunto que puede trasnformarse si se consolida el Estado social de derecho en este territorio, y la gobernanza democrática.

Al mismo tiempo, es necesario reconocer que persisten en el territorio imaginarios autocompositivos y formas violentas de resolución de conflictos: lógicas donde el poder se impone por las armas o por el control de facto. Derrotar esto es fundamental para la paz. Se requiere avanzar hacia un ideal heterocompositivo, basado en el respeto a la ley, y en formas civilizadas de resolver los conflictos: con inteligencia, y compromisos de buena fe, dentro del Estado de derecho.

También desde ciertos espacios externos se ha escuchado que “la paz no se construye con comunicados, columnas o mensajes en X”. Como si la palabra no contara. Como si el pensamiento crítico no fuera parte de la construcción democrática. Desde estas líneas, lo afirmo: la paz también se construye con la palabra. Con pedagogía social. Con pensamiento reflexivo. La historia de Colombia lo demuestra: ha sido muchas veces la palabra —el periodismo, la voz de las comunidades, el debate público— la que ha abierto caminos para el diálogo y la reconciliación.

Desde luego, quienes tengan preocupaciones, quejas o denuncias sobre el curso del proceso, o sobre posibles omisiones, podrían canalizarlas por las vías institucionales, ante las autoridades competentes. En una democracia, no solo la crítica, sino también el ejercicio responsable de control y de denuncia, fortalecen la legitimidad de cualquier proceso de paz.

El presidente Gustavo Petro ha sido claro: esta no debe ser una paz de escritorio en Bogotá. Debe ser una paz territorial, construida con las comunidades. Y eso incluye la palabra, la reflexión, el análisis, la crítica democrática. Es urgente avanzar: que haya una voluntad real de paz por parte del actor armado, expresada en hechos concretos de desescalamiento de la violencia, el miedo, la extorsión y la cultura traqueta. Establecer una zona de ubicación temporal y territorial que facilite el desmantelamiento de las estructuras armadas. Fortalecer el diálogo social, con protagonismo real de los liderazgos territoriales. Que se pronuncien a favor del proceso y participen de manera activa las gobernaciones y alcaldías del área de influencia del proceso, así como los actores clave del territorio.

Contar con aliados estratégicos: países garantes, gremios productivos, plataformas de derechos humanos, organizaciones de la sociedad civil, iglesias, organismos multilaterales, etnias, líderes de opinión, medios de comunicación, operadores políticos. Consecuente con esto que la rama judicial suspenda las órdenes de captura con fines de extradición y contemple la sustitución de medidas de aseguramiento, cuando sea pertinente. Además, que el Congreso de la República avance en legislar dispositivos de justicia restaurativa pertinentes para la desarticulación y acogimiento a la justicia de este tipo de grupos. Porque la justicia transicional, en los territorios marcados por la violencia, puede ser la mejor reforma social. La suspensión de órdenes de captura con fines de extradición es competencia de la Fiscalía, y solo en etapa avanzada podría ser valorada por la Corte Suprema y el Presidente, conforme a la Constitución.

El proceso en la Sierra es un laboratorio de la Paz Total. Es una prueba para el Estado colombiano: ¿seremos capaces de conjugar diálogo con justicia, verdad con reconciliación, restauración con garantías? Como ciudadano y con la misión pública de acompañar estas fases, no puedo guardar silencio; sostengo: la paz será con todas las voces. También con las de quienes, desde la palabra reflexiva y desde los territorios, creemos que la opinión pública sí construye paz. Porque es nuestra Sierra Nevada. Y en su destino, todas las voces cuentan.

Adenda: Por disposición del Comisionado de Paz, se ha congelado la participación nuestra como delegado en el proceso de paz de la Sierra Nevada de Santa Marta. Por tanto, voy a suspender también las columnas sobre este tema. Seguiremos en nuestra vocación de gestión de paz en nuestra tierra. Fue un reto con mucha dignidad, afecto y compromiso. Muchas gracias al Presidente Gustavo Petro, por confiar en el suscrito, con arraigo en la Sierra Nevada de Santa Marta, para participar en esta delegación de relevancia, no sólo como ciudadano colombiano, profesional y ser humano, sino como ser caribe, pese a tantas dificultades.