500 AÑOS
Identidad Samaria: Forjada en diferentes frentes
Arquitectos, activistas, líderes y artistas han forjado con esfuerzo la identidad samaria. A medio milenio de su fundación, sus legados permanecen vivos en el alma de la ciudad. Desde Proenza hasta Micca, hay un hilo invisible que une a quienes dedicaron y dedican su vida a esta ciudad.
Por: María Mónica Montenegro
A menudo, el relato oficial de una ciudad omite a quienes la hicieron posible desde distintas trincheras. Los que siguen vivos, caminan por sus barrios, saludan en las esquinas, enseñan y crean sin que sus nombres figuren en rimbombantes actos conmemorativos.
A medio milenio de historia, esta edición especial de OPINIÓN CARIBE pone el foco en quienes han construido, inspirado o defendido a Santa Marta desde distintos oficios, algunos notables y otros más discretos.
Aquí está una pequeña selección de arquitectos, líderes cívicos, artistas y activistas que aún entre nosotros —o apenas ausentes— siguen moldeando el alma samaria. Esta edición recupera sus nombres, obras y legado, para que no sigan siendo anécdota de unos pocos.
Carlos Proenza Lanaó

Arquitecto y exalcalde de Santa Marta, Carlos Proenza Lanaó proyectó el urbanismo local desde una visión integral que vinculó infraestructura, civismo y turismo. Fue pionero en imaginar un destino turístico moderno cuando El Rodadero aún era apenas una zona costera deshabitada. Su diseño de la Casa del Techo Negro, primera vivienda del sector y su impulso a obras emblemáticas marcaron el punto de partida de la Santa Marta turística que conocemos hoy.
Durante su administración en 1975, lideró las celebraciones de los 450 años de la ciudad, articulando eventos cívicos, religiosos y culturales que reforzaron la identidad samaria. La Fiesta del Mar, promovida por él como ritual colectivo de memoria y futuro, sigue vigente medio siglo después. Su gobierno marcó una etapa de recuperación del orgullo urbano que inspira hoy las celebraciones del medio milenio.
Proenza también diseñó el Museo Bolivariano de Arte Contemporáneo, inaugurado en 1982, integrando arquitectura moderna con patrimonio histórico en la Quinta de San Pedro Alejandrino. Esta intervención, según expertos en su obra, consolidó un hito cultural, resignificó el legado bolivariano y es actualmente eje del circuito artístico y educativo de la ciudad. En la Santa Marta de hoy, su obra sigue siendo guía de planificación y memoria.
José Benito Vives De Andreis

Empresario visionario, José Benito Vives de Andreis tejió desde el civismo y la gestión gremial una red de instituciones que aún hoy sustentan buena parte del aparato económico del Magdalena. Fundador del Banco Bananero y de la Federación de Productores de Banano, su apuesta fue empoderar al pequeño agricultor frente a los monopolios, permitiendo que la riqueza bananera tuviera anclaje local.
Fue alcalde entre 1936 y 1938, una época donde la institucionalidad local aún carecía de rumbo claro. Desde allí promovió obras y reformas administrativas que fortalecieron la autonomía municipal. Su acción política fue la de un gestor que creía en el poder transformador del servicio público.
En 1958 fundó el periódico El Informador, que más de 60 años después sigue siendo uno de los principales referentes de prensa regional, dotando a Santa Marta de una voz para narrarse a sí misma, sin intermediarios: su legado en el periodismo local permite comprender el rol de la comunicación como herramienta de desarrollo.
Además, impulsó la creación del Instituto de Investigaciones de Punta Betín, antecedente del hoy Instituto de Investigaciones Marinas y Costeras (Invemar) que lleva su nombre. Su visión de una Santa Marta con ciencia marina propia fue anticipatoria del presente, donde los temas ambientales y costeros son estratégicos. Vives De Andreis pensó la ciudad como una plataforma para el conocimiento, y ese legado sigue inspirando.
General Rafael Hernández Pardo

Como gobernador y militar, Rafael Hernández Pardo tuvo una lectura territorial de la ciudad que transformó definitivamente su expansión hacia el sur. Identificó en El Rodadero una oportunidad para el turismo y ejecutó la urbanización del balneario, además de la carretera del Ziruma que lo conecta con el centro. Gracias a él, Santa Marta rompió sus límites físicos y se proyectó hacia nuevos paisajes.
Su impulso al Hotel Tamacá representó más que una inversión: fue la puesta en escena de Santa Marta como destino de hospitalidad de clase alta, lo que desencadenó inversiones hoteleras sostenidas durante las décadas siguientes. Su visión integradora marcó un punto de inflexión en el modelo económico local.
La Avenida que lleva su nombre (carrera cuarta), conecta hoy zonas clave de movilidad y turismo. Pero más allá del nombre, esa vía refleja su filosofía de gobierno: unir territorios para generar desarrollo. En tiempos en que el urbanismo samario era incipiente, él proyectó a la ciudad como metrópoli regional.
Hoy, la expansión turística y portuaria hacia el sur de Santa Marta sigue caminando sobre la infraestructura y visión que dejó Hernández Pardo. Sus decisiones siguen marcando el crecimiento urbano, aunque su figura permanece poco reconocida fuera de círculos especializados.
Manuel Carrerá Machado

Arquitecto cubano radicado en Colombia, Carrerá Machado dejó en Santa Marta una de sus obras más simbólicas: el Teatro Santa Marta, construido entre 1942 y 1949 frente a la Catedral. Esta edificación no solo aportó al embellecimiento del Centro Histórico, sino que permitió la institucionalización del arte escénico local.
El teatro fue, durante décadas, el principal escenario de óperas, funciones de cine, recitales y encuentros sociales. Más que un edificio, se convirtió en el corazón cultural de la ciudad.
Carrerá pensaba el arte como derecho colectivo, su obra puede leerse también como una forma de democratizar el acceso a la cultura. La edificación fue recientemente objeto de intervención por parte de varias entidades del orden nacional y distrital restaurándola en su totalidad, siendo hoy epicentro de grandes eventos, culturales políticos y sociales.
René de Jesús Atencio Martínez

René Atencio representa la fuerza del liderazgo comunitario desde los márgenes. Nacido en el barrio Pescaíto, ha trabajado durante más de 30 años en iniciativas sociales que buscan dignificar la vida en territorios históricamente excluidos. Su activismo parte del afecto por su comunidad y se manifiesta en acciones concretas, muchas veces sin recursos ni reflectores.
Entre sus iniciativas destaca “Ni un niño a la droga, ni un joven a la cárcel”, un programa que combina deporte, arte y espiritualidad para ofrecer alternativas a jóvenes en riesgo. Desde esa plataforma, ha formado líderes barriales, ha impulsado redes de apoyo entre madres y ha canalizado ayudas humanitarias.
Atencio también ha sido defensor del medio ambiente urbano. Ha liderado campañas de limpieza comunitaria, reforestación y educación ambiental, articulando esfuerzos con instituciones locales. Para él, el territorio no es solo un espacio de resistencia, sino un campo fértil para sembrar dignidad y esperanza.
Su trabajo es una muestra del civismo que no nace desde el poder, sino desde la necesidad. En una ciudad que busca integrar su periferia, el legado de Atencio ofrece una hoja de ruta clara: la transformación comienza en la esquina, en el callejón, en el rostro del otro. Santa Marta de hoy le debe parte de su tejido social a líderes como él.
Rolando Sánchez

Con más de cinco décadas en la música, Rolando Sánchez ha sido una de las voces más persistentes en la construcción simbólica de Santa Marta. Sus canciones no solo narran el paisaje, sino también la emoción de ser samario. Temas como “Canto a mi Sierra” o “Sierra fresca” son verdaderos retratos sonoros de la ciudad que no suele salir en postales.
Desde su formación en arquitectura hasta su dedicación plena al arte, Rolando ha demostrado que el desarrollo cultural también se construye desde la constancia y la voz propia. Su repertorio honra a personajes locales, vendedoras de pescado, barrios enteros, haciendo memoria desde la música popular.
Además de cantar, Rolando ha formado generaciones enteras de músicos, compositores y gestores culturales. Su legado es doble: está en la obra grabada y en las semillas que dejó en jóvenes artistas que hoy animan las fiestas, los parques y los auditorios de Santa Marta.
En un momento en que la identidad local compite con narrativas externas, su música actúa como ancla emocional. Ayuda a los samarios a reconocerse, a narrarse, a entender que el desarrollo también necesita banda sonora. Rolando ha cantado a una Santa Marta que no olvida ni se avergüenza de su raíz.
Micael Cotes (Micca)

Micca, nombre artístico de Micael Cotes, representa a una nueva generación de artistas que busca contar la ciudad desde una mirada joven, orgullosa y comprometida. Su canción “Mi Santa Marta del Alma”, compuesta para los 500 años, no es solo un homenaje musical, sino una declaración de principios.
Su trabajo artístico combina letras cargadas de sentido con estética contemporánea. No canta por cantar: cada tema suyo es una apuesta por visibilizar lo que otros ignoran, desde la belleza de los barrios hasta la urgencia de proteger los ecosistemas locales. En ese sentido, Micca no solo canta la ciudad: la interpreta y la defiende.
Pese a las limitaciones del entorno, ha decidido no emigrar ni renunciar. Ha apostado por grabar, producir y presentarse desde Santa Marta, generando circuitos locales culturales que fortalecen el tejido creativo de la ciudad.
Micca encarna la Santa Marta que no se conforma con la nostalgia. Su música, fresca y firme, proyecta una ciudad joven que quiere ser escuchada. En tiempos de celebración, su voz recuerda que la historia no se hereda: se canta, se reinventa y se comparte.
