La Firma
El Bosque antes que el árbol, carta abierta para quienes no la pidieron
Por: Luis Miguel Moises
He dedicado mi vida a observar los ecosistemas, desde la majestuosa Ciénaga Grande hasta la Sierra Nevada. En ellos he aprendido una lección fundamental, la salud de un sistema depende de la integridad de sus partes y la honestidad de sus interconexiones. Nuestra sociedad magdalenense no es distinta; es un organismo vivo que anhela su propio equilibrio.
Bajo esta convicción, y ante la encrucijada histórica que vive nuestro departamento tras el fallo judicial que representó un «grito de la democracia pidiendo renovación, transparencia y esperanza», sentí un llamado que no podía ignorar. Comuniqué a mi partido, la Alianza Verde, mi intención de explorar una candidatura a la Gobernación. No era una ambición personal, sino la consecuencia de quince años de militancia y ejercicio político ciudadano, de caminar cada rincón del Magdalena defendiendo nuestros ecosistemas y denunciando la corrupción. El anhelo era construir una alternativa real, de tercera vía, nacida no de «escritorios capitalinos, sino del conocimiento profundo de nuestras realidades».
Sin embargo, antes de pretender sanar el cuerpo social, tenía la obligación moral de examinarme a mí mismo. Quería dar un ejemplo a mis hijos, pero la lucha frontal contra la corrupción —ese cáncer sistémico que nos ancla en el subdesarrollo — exige más que una buena visión técnica. Exige una fortaleza espiritual a toda prueba.
Con la transparencia que la ciudadanía merece, la reflexión me llevó a una conclusión profunda. Para enfrentar un sistema diseñado para corromper, un verdadero leviatán, no basta la intención; se requiere una fortaleza interior inquebrantable. Me hice la pregunta honesta, no sobre mis capacidades, sino sobre mi blindaje espiritual ante un peso tan inmenso. Y es precisamente el reconocimiento de la magnitud de este desafío lo que me obliga a ser responsable. Para liderar una lucha real, es indispensable sentir una coherencia total, sabiendo que la legitimidad para transformar el bosque se construye con calma, experiencia y la certeza de tener «las manos limpias y el alma entera».
Por ello, con una profunda coherencia, he decidido no presentar mi nombre a la contienda. Esta reflexión me ha llevado a una verdad incómoda, los políticos que vemos florecer son el «bioindicador perfecto de nuestro ecosistema social». Son el reflejo de una sociedad que ha normalizado la corrupción, como quien vive junto a un río contaminado y con el tiempo deja de percibir el olor. Cada político corrupto se sostiene sobre «millones de pequeñas fisuras éticas que nosotros creamos y toleramos cada día».
La transformación no empezará el día que elijamos a un mesías. Empezará cuando entendamos que la salud del bosque depende de cada árbol. Mi camino seguirá desde la ciencia y el ejercicio riguroso de la vigilancia ciudadana. Agradezco infinitamente a quienes acogieron con esperanza este proyecto y lo enriquecieron. La semilla de un Magdalena diferente está sembrada, y la cuidaremos desde donde es más fuerte: desde la raíz.
