Metrópolis
Santa Marta inicia ampliación del Aeropuerto Simón Bolívar en medio de alertas por congestión aérea
Con un presupuesto de $75.000 millones y una ejecución prevista de dos años, inició la obra de ampliación del Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Santa Marta. Pero más allá de los anuncios, el proyecto arranca con una preocupante falta de transparencia sobre las condiciones actuales de operación.
Uno de los puntos más alarmantes es la calle de rodaje Bravo, cerrada desde hace más de dos años por fallas estructurales pese a haber sido intervenida bajo contrato de la Aeronáutica Civil. Recientemente, la Asociación de Empresarios del Magdalena (AEM) denunció que esta vía clave para la movilidad de aeronaves sigue inoperativa, justo cuando Santa Marta se prepara para recibir la Cumbre CELAC–UE y afrontar la temporada alta de fin de año. ¿Por qué se decide reparar ahora, tras años de inacción? ¿Quién responde por las obras defectuosas entregadas en 2023? ¿Se trata de una solución definitiva o de un parche apresurado para evitar el colapso operativo?
El aeropuerto ha experimentado un crecimiento sostenido tras la pandemia, con más de 30 vuelos diarios y proyecciones que superan los 50. Sin embargo, carece de un sistema de aproximación y aterrizaje de precisión como el ILS (Instrument Landing System), dependiendo únicamente de luces PAPI para aproximaciones visuales. Esta carencia técnica no solo pone en riesgo la seguridad operacional, sino que contradice el discurso oficial de internacionalización. ¿Cómo se explica que en pleno 500 aniversario de la ciudad y con una cumbre internacional en puerta, Santa Marta opere con estándares de navegación aérea obsoletos?
La pista actual de 1750 x 40 metros impide la operación de aeronaves de cabina ensanchada, restringiendo la conectividad internacional y el desarrollo turístico. La AEM ha insistido en la necesidad de una pista de al menos 2220 x 45 metros, acorde con las proyecciones de crecimiento. Pero no hay claridad sobre el estado de los trámites ambientales requeridos para dicha ampliación, ni sobre si los recursos están contemplados en el presupuesto nacional que se discute actualmente en el Congreso.
Las obras anunciadas por la ANI incluyen la ampliación de las salas de abordaje, la zona de recibo de equipaje, la optimización del sistema de ventilación y la construcción de un nuevo nivel de mezzanine con locales comerciales y una zona VIP, pero omite aspectos críticos como la ampliación de la pista.
Santa Marta merece un aeropuerto moderno, seguro y funcional. La inversión anunciada es un paso, pero no una solución. Las autoridades deben responder con claridad sobre los vacíos técnicos y los compromisos presupuestales. La modernización no puede ser solo estética, de lo contrario, el “trancón aéreo” será más que una metáfora.
