Connect with us

Metrópolis

La Perla de América: auténtica ruta de fe

Published

on

La historia fundacional de Santa Marta, la memoria de sus templos y las iniciativas culturales e institucionales que hoy promueven el turismo religioso configuran una ruta de fe y patrimonio que vuelve a poner en valor a la ciudad como uno de los principales referentes históricos y espirituales del Caribe colombiano.

Por: Rosiris Castillo Ruiz.

Santa Marta ocupa un lugar singular en la historia del país. Fue punto de entrada de la civilización europea y, al mismo tiempo, de la fe cristiana en el territorio que hoy es Colombia. Ese doble carácter histórico y espiritual permanece inscrito en su Centro Histórico y en sus templos, guardianes de una memoria que se remonta a más de cinco siglos y que hoy vuelve a ser leída como parte esencial de su identidad cultural y turística.

La denominación de “Perla de América” no es reciente ni fortuita. En el siglo XVIII, el sacerdote jesuita Antonio Julián utilizó esa expresión para describir la ciudad, resaltando su belleza natural, su ubicación estratégica entre la Sierra Nevada y el mar Caribe, y las riquezas que la rodeaban. Con el tiempo, ese nombre se consolidó como un referente identitario y turístico que hoy cobra nuevo sentido en el marco de los 500 años de Santa Marta.

Esa denominación ha sido retomada y resignificada por voces del ámbito cultural que han contribuido a mantener viva la memoria de la ciudad. Entre ellas, Carlos Vives, hijo de Santa Marta, ha recuperado desde la música y el relato los orígenes, la identidad y el imaginario samario, reviviendo la idea de la Perla de América como un territorio donde historia, fe y cultura se entrelazan y dialogan con el presente.

Los relatos históricos respaldan esa condición fundacional. El historiador Arturo Bermúdez Bermúdez, en su obra Materiales para la historia de Santa Marta, documenta cómo en 1525 Rodrigo de Bastidas, acompañado del presbítero Juan Rodríguez y sus aliados, desembarcó en estas costas. A partir de ese momento se desató una intensa disputa por el dominio del territorio. Tras imponerse, se levantaron las primeras casas en la orilla y, poco después, hacia el interior, se construyó la iglesia primitiva, hecha de madera y paja, ubicada entre las actuales calles 13 y 15, desde la playa hasta las carreras 2ª o 3ª.

Los primeros años de esta ciudad quedaron marcados en sus templos. Saqueos, asedios e incendios provocados por piratas y corsarios forman parte de una historia que aún resguardan las iglesias de Santa Marta. La preservación de ese legado, atravesado por la adversidad y el renacer constante, ha sido posible gracias a la custodia sostenida de la comunidad eclesiástica, que mantuvo viva la memoria espiritual y arquitectónica de la ciudad.

Para el obispo de la Diócesis de Santa Marta, Monseñor José Mario Bacci Trespalacios, la Catedral Basílica de Santa Marta considerada la iglesia madre de Colombia junto con los templos de Mamatoco, Gaira, Bonda, San Juan de Dios y Taganga, conforman hoy una auténtica ruta de fe. La primera piedra de la Catedral fue colocada el 8 de diciembre de 1766 y, desde entonces, se ha consolidado como uno de los principales símbolos del cristianismo en el país.

“Desde la Iglesia, el objetivo ha sido rescatar la memoria de los samarios, fortalecer el sentido de pertenencia y mantener visible la fe cristiana. Con este propósito, el turismo religioso surge como una alternativa para quienes llegan atraídos por la naturaleza, invitándolos a descubrir también la riqueza espiritual de Santa Marta”, señala Monseñor Bacci.

Recuerda además Monseñor Bacci que, la Catedral conserva hitos como la presencia temporal de los restos de Simón Bolívar y la continuidad histórica de la diócesis desde la fundación de la ciudad. Estas iniciativas se articulan con la visión pastoral hacia los 500 años de la diócesis en 2033, fecha que coincide con los 2.000 años de la redención de Cristo. En ese contexto, la visita en dos ocasiones del nuncio apostólico Paolo Rudelli y el mensaje del Papa León XIV han respaldado este proceso conmemorativo.

La memoria espiritual de Santa Marta también se construye desde el ámbito académico y cultural. Durante la Semana Santa, la Universidad del Magdalena se suma a este ejercicio colectivo con una exposición dedicada a los flagelantes de Santo Tomás de Atlántico, una manifestación que permite comprender la profundidad y permanencia de las tradiciones de fe en la región Caribe.

A este trabajo se integra la Biblioteca Cajamag, que junto con la Iglesia inauguró en el Centro Histórico la sala de exposiciones “Legado”, en el marco de la conmemoración de los 500 años de la ciudad. La muestra reúne esculturas, pinturas, dibujos, custodias y otros objetos litúrgicos provenientes de templos históricos de la diócesis y del antiguo Museo Hugo Puccini, piezas que volvieron a la luz pública como testimonio del patrimonio espiritual y cultural de Santa Marta.

En paralelo, el Instituto Distrital de Turismo (Indetur), liderado por José Domingo Dávila, avanza en proyectos orientados a fortalecer el turismo religioso, con el objetivo de consolidar a Santa Marta no solo como destino de sol y mar, sino también como una ciudad que reconoce y proyecta su condición histórica de “Perla de América” y puerta de fe.

En el cierre de este año, Santa Marta se presenta así como una ciudad de memoria viva. Una ruta de fe y patrimonio que invita a recorrer sus templos, a comprender su historia fundacional y a reconocer que la espiritualidad, al igual que el paisaje, forma parte esencial de su identidad y de su proyección cultural hacia el futuro.