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Magdalena saudita: un territorio agrícola y petrolero

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Los registros oficiales de la Agencia Nacional de Hidrocarburos muestran pozos en operación, bloques asignados, amplias áreas en exploración y zonas reservadas configuran un escenario petrolero de alcance departamental. Empresas nacionales e internacionales ejecutan actividades en distintos municipios, mientras el departamento enfrenta el reto de gestionar inversión, empleo y regalías en un ciclo que avanza por fases técnicas y administrativas.

Por: Víctor Rodríguez Fajardo & José D. Pacheco Martínez

Durante años, el Magdalena fue descrito como un departamento con vocación agrícola y pesquera, ajeno a los grandes flujos de la industria energética. Esa narrativa comenzó a modificarse de manera silenciosa a medida que la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) consolidó su Mapa de Tierras, un instrumento que clasifica y ordena el territorio según su estado frente a la exploración y producción de hidrocarburos. Hoy, ese registro oficial revela un panorama distinto: el Magdalena aparece atravesado por bloques asignados, áreas en producción, frentes de exploración activos y amplias zonas reservadas con potencial geológico reconocido por el Estado.

Las cifras permiten dimensionar el escenario. De acuerdo con la ANH, el departamento cuenta con más de 87.000 hectáreas en exploración, cerca de 13.700 hectáreas en producción, alrededor de 2.400 hectáreas en evaluación y más de 128.000 hectáreas en condición de reserva, sin incluir áreas ambientales sujetas a restricciones específicas. Este mosaico confirma que el Magdalena no se encuentra en una única fase del ciclo petrolero, sino que transita simultáneamente por varias etapas, con implicaciones diferenciadas para cada municipio.

Pozos en operación y campos maduros

La presencia petrolera más visible se localiza en municipios donde existen campos maduros y pozos en operación, algunos con décadas de historia. En Pivijay, Zona Bananera y Sitionuevo, la ANH registra contratos asociados a campos como Perdices y La Mona, donde se desarrollan actividades de producción intermitente, mantenimiento y recuperación secundaria. Estos frentes, operados principalmente por Hocol, filial del Grupo Ecopetrol, no representan grandes volúmenes diarios, pero sí una actividad sostenida que mantiene empleo técnico y servicios asociados.

En estos municipios, la operación se concentra en pozos ya perforados, optimización de infraestructura existente y trabajos de mantenimiento. Es un tipo de explotación que no genera grandes expansiones territoriales, pero que mantiene una relación prolongada entre empresa, Estado y comunidades locales. La experiencia de estos campos explica por qué el Magdalena registra hectáreas en producción y por qué la industria petrolera no es completamente ajena a la vida cotidiana de varias localidades.

El escenario cambia en el corredor Plato–Tenerife–Zapayán, donde se concentra la actividad más reciente y de mayor proyección. Allí aparece el bloque VIM-1 (La Belleza) en condición de asignado, con contrato vigente y obligaciones exploratorias cumplidas. Este bloque es operado por Parex Resources, en asociación con Frontera Energy.

En VIM-1 se ejecutaron pozos exploratorios y de evaluación que permitieron confirmar la presencia de petróleo liviano, cercano a los 43 grados API, acompañado de gas natural asociado. Las pruebas de producción y los estudios de delimitación condujeron a la declaración del campo La Belleza como un yacimiento con potencial comercial. A partir de estos resultados, el bloque se encuentra en una fase donde pueden proyectarse pozos de desarrollo adicionales, orientados a sostener o ampliar la producción, siempre sujetos a licenciamiento ambiental y decisiones técnicas posteriores.

Este tipo de operación marca una diferencia frente a los campos maduros. No se trata solo de mantener producción existente, sino de definir el ritmo de un campo nuevo, con implicaciones en infraestructura, logística y contratación. La actividad en VIM-1 explica buena parte del interés que hoy despierta el centro del Magdalena dentro del mapa energético nacional.

Municipios en evaluación y expectativa de perforación

Más allá de los pozos en operación y de los bloques con exploración confirmada, el Magdalena presenta un conjunto amplio de municipios vinculados a áreas en evaluación y exploración temprana. En Ariguaní, Nueva Granada, Chivolo, San Sebastián de Buenavista, San Zenón, Santa Ana y El Banco, los registros de la ANH identifican contratos y áreas donde se han realizado estudios geológicos, sísmica y análisis preliminares, sin que ello implique aún producción comercial.

En estos municipios, la figura dominante es la de pozos proyectados, es decir, perforaciones posibles que dependen de resultados técnicos adicionales, licenciamiento ambiental y condiciones económicas. Operadores independientes como Lewis Energy Colombia y Azabache Energy han desarrollado actividades de exploración y evaluación en campos de menor escala, con una presencia menos visible, pero sostenida en el tiempo.

A este grupo se suman empresas como New Horizon Exploration y CNE Oil & Gas, vinculadas a contratos en fases iniciales, donde la perforación de nuevos pozos permanece condicionada a decisiones técnicas y ambientales. En estos casos, la actividad no siempre se traduce en equipos en campo, pero sí en estudios y planificación que mantienen al territorio dentro del radar energético.

Uno de los elementos menos visibles, pero más determinantes del mapa petrolero del Magdalena, son las áreas reservadas. La ANH registra más de 128.000 hectáreas bajo esta figura en el departamento, entre ellas los bloques VIM-38 y VIM-39, cada uno con extensiones cercanas a las 96.000 hectáreas, que involucran municipios como Plato, Tenerife y Zapayán.

La condición de “reservado” no implica ausencia de interés, sino expectativa estatal. Son áreas donde la ANH reconoce potencial geológico, pero mantiene la asignación en pausa por razones estratégicas, ambientales o de planificación. En la práctica, estas zonas representan el siguiente escalón del ciclo petrolero, donde podrían desarrollarse campañas sísmicas y perforaciones exploratorias si las condiciones se alinean.

Para el territorio, estas áreas reservadas suelen ser fuente de expectativas y tensiones. No hay pozos activos, pero sí la posibilidad de que los haya. Las decisiones sobre su asignación suelen tomarse cuando el debate local aún no está maduro, lo que explica por qué en muchos municipios la discusión llega tarde.

Inversión, empleo y regalías

La coexistencia de pozos en operación, pozos proyectados y áreas reservadas tiene efectos acumulativos sobre la economía departamental. En proyectos de escala media, como los que se desarrollan en la cuenca VIM, la inversión total entre exploración, perforación, construcción de facilidades, operación y mantenimiento puede ubicarse entre 200 y 500 millones de dólares a lo largo de la vida útil de los campos.

Esta inversión se materializa en contratos asociados a la operación de los pozos: obras civiles, transporte especializado, mantenimiento mecánico, seguridad industrial, alimentación, logística y servicios ambientales. La proporción de estos recursos que permanece en el Magdalena depende de la existencia de proveedores locales formales y de mano de obra calificada.

En materia laboral, los campos medianos suelen sostener entre 50 y 150 empleos directos en operación y mantenimiento, además de varios cientos de empleos indirectos en actividades complementarias. No son cifras masivas, pero sí estratégicas para municipios con economías pequeñas, donde unos pocos contratos pueden alterar de manera significativa los ingresos locales.

Las regalías completan el escenario. Aunque la ANH no publica cifras cerradas por pozo, los flujos acumulados que podrían recibir municipios y departamento se contarían en decenas de millones de dólares a lo largo del ciclo productivo. Su impacto real dependerá menos del volumen extraído que de la capacidad institucional para planificar, ejecutar y vigilar el uso de esos recursos.

El subsuelo del Magdalena ya está delimitado. Existen pozos en operación, pozos que se evalúan, pozos que se proyectan y zonas donde el Estado mantiene expectativa de desarrollo. Empresas nacionales e internacionales ejecutan actividades en distintos municipios, con ritmos y escalas diferentes. La realidad petrolera del departamento dejó de ser una hipótesis para convertirse en un hecho administrativo y técnico.

Lo que aún está abierto es el resultado final de ese ciclo. La manera como el Magdalena gestione esta realidad —desde la planificación territorial hasta el uso de las regalías— definirá si la actividad petrolera se traduce en desarrollo efectivo o en una nueva oportunidad que pasa sin transformar las condiciones de fondo.

Posdata:  En una próxima entrega, se profundizará en las tensiones que plantea la proyección de una industria extractiva de mayor escala frente a la vocación históricamente rural del Magdalena. El análisis abordará los impactos sobre el uso del suelo, la agricultura, la ganadería y las economías campesinas, así como los desafíos ambientales, sociales e institucionales que emergen cuando ambos modelos comienzan a superponerse en un mismo territorio y obligan a repensar la planificación y la gobernanza regional.