Editorial & Columnas
«Nuestra politica parroquial: Una mirada de Gabo!»
La obra de García Márquez, no es una creación que se adscriba a un credo político determinado, a pesar de que el escritor era proclive a ideas de izquierda. En ello quizás resida la fuerza y el vigor de su pluma, al ser un autor que era leído con deleite estético por sectores conservadores y progresistas.
Ahora para el caso que nos ocupa en estas reflexiones, me interesa el Gabo que evidenciaba nuestra política parroquial y las grietas de sus miserias donde se expresa una situación que persiste y resiste su desaparición como un problema atávico que prolonga prácticas y costumbres ,donde los herederos se niegan abandonarlas ,intuyendo que salir de esta “zona de confort “es la condena al olvido, la perdida de los privilegios y estatus que arbitrariamente se autoaprobaron con visos de eternidad.
En esa línea no será el Otoño del Patriarca, obra de aquilatado peso literario, que traspasa con creces nuestras fronteras colombianas, al ser su protagonista cualquier dictador latinoamericano, ni el General en su Laberinto, una semblanza de Bolívar, el infortunado, el hombre de las dificultades, que padece una de las mas grandes desdichas de los hombres: La ingratitud humana, la perversidad de sus contemporáneos en la víspera de su partida. Ni menos Cien años de Soledad donde se pasean por nuestros ojos las guerras civiles del siglo xix, la violencia política bipartidistas tan en boga todo el siglo xx, agudizada con la muerte de Gaitán y el nacimiento de las guerrillas campesinas y luego doctrinales con el proceso e influjo de la Unión soviética principalmente.
Son dos cuentos que se registran literariamente entre 1962, y 1970 incorporados con el nombre Un día de estos y Muerte Constante más allá del amor donde se perfila con maestría incomparable la fisonomía de nuestra dirigencia caribe, (también puede extenderse al plano nacional) tal como pasamos a observar. Allí en ese universo creativo de Gabo se muestran de manera descarnada, varios síntomas de lo que se vivía y se vive a tiempo presente (2026). Veamos.
La política como espectáculo y ficción. El Senador Onésimo Sánchez, quien oficia de candidato y está en vísperas de su muerte, recorre los pueblos calurosos del caribe (El Rosal del Virrey) con una puesta en escena artificial, ficticia, construida sobre la manipulación de sus históricos votantes, haciéndoles creer que el futuro les pertenece, que los “olvidados” de todas las horas al fin tendrán justicia. Demagogia, y populismo, que sabe edificar sobre ese edificio de su eterna politiquería. En un pasaje admite que esa práctica le produce cansancio, de lo reiterada y repetitiva, pero le ha funcionado a lo largo de su carrera. Al parecer sus destinatarios se habituaron a ello con una resignación existencial, propia de un destino fatídico.
El clientelismo sexual. Senador mencionado, ni en las vísperas de su partida fue abandonado por la libido, de forma que desea con la poca ardentía que aún le queda a la hija de Nelson Farina, habitante del Rosal del Virrey, que precisa un documento público, y sabe que una especie de trueque con el influyente político de marras le puede conducir a obtener el anhelado certificado. valido de aquella condición se hace enviar la bella Laura Farina a su habitación. Es una verdad de a puños que muchos politiqueros, desde su posición jerárquica y de influencias, han tomado esta perversa práctica, donde el contrato, el nombramiento o cualquier medio de acceder a la burocracia estatal la condicionan a la entrega carnal de la mujer que pretenda una mejora en su vida laboral. Hoy que se finge sorpresa ante el acoso y abuso de algunos poderosos y el uso de la burocracia para obtener sexo, cuando ha sido una práctica inveterada en nuestra parroquia, lo que tampoco debe entenderse como un llamado a la tolerancia de la misma, sino a mostrar como una antiquísima costumbre pervive y se agudiza en pleno siglo 21.
Los “lideres populares” y mochileros al servicio de causas innobles. Gabo plantea una reunión (El Rosal del Virrey) del senador con los “principales”, que no son más que los conocedores reales de toda esta pantomima del avezado político: municipios imaginados en progreso, sus repetidos discursos, las falsas promesas, que jamás deben cumplirse, pues según honorable, solo la permanencia de las miserias y la mierda en que viven los pobladores, es lo que permite la vigencia de él y de ellos primordialmente. Como si fuera ayer, hoy los mismos deambulan con planilla en manos comprando votos y mintiéndole a los lugareños más humildes, de suerte que senadores de factura mediocre y trabajo nulo en este cuatrienio sacan cantidades exorbitantes de votos en poblaciones como Aracata, Plato, el Banco, Chibolo, etc. El eterno retorno.
La indistinción entre lo público y lo personal. En el cuento un día de estos el señor alcalde mortificado por un terrible dolor de muelas, acude al odontólogo de la población (empírico, sin título, por cierto), quien por la insistencia del burgomaestre accede a extraerle una pieza dental causante de un sufrimiento de varias noches. Luego de practicarle el necesitado procedimiento, previo a despedirse la dice al tratante” me pasa la cuenta” a lo que Aurelio Escovar riposta “¡a usted o al municipio?” a lo que alcalde responde” es la misma vaina” practica insana, donde quien administra asume que el sistema general de participaciones, esta concebido para su acrecentamiento pecuniario, dejando las necesidades generales y el interés publico como ultima necesidad. Tan cimentada esta esta práctica a , que en no pocas ocasiones , cuando en la parroquia, se llega a un cargo de elección popular como alcalde , se tiene por hecho confesado, que toda la prole del mandatario tiene una parcela de propiedad sobre el erario público ¡es la oportunidad de oro!
Tan pervertido sistema ha sembrado en el imaginario popular la creencia de que cuando un alcalde pavimenta una calle (con recursos públicos) es un hombre que debe enaltecerse, y no pocas veces se le eleva a la categoría de semidios. O la muy reprochable conducta de contratar publirreportajes y medios de comunicación para vender la imagen de hombre probo y grandes miran en el servicio público, cuando es bien sabido que solo lo hace abonado el terreno para futuras incursiones políticas, o con el propósito de alimentar el ego.
Cuando con ingratitud se refieren algunos compatriotas a gabo, se olvidan que de todos los culpables de nuestras desgracias colectivas, este monumental escritor, es quizás quien menos tenga una pizca de responsabilidad! Hizo lo que mejor sabía hacer: Describir incomparablemente nuestras realidades, algunas sublimes, ¡y otras miserables como las expuestas en estas líneas! Pero, no importa Gabo resiste cualquier crítica, su destino es la perennidad universal.
