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Editorial & Columnas

¿Izquierda con resultados… o resultados del poder?

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“Izquierda con resultados” no es un eslogan ingenuo. Es una pieza de estrategia política cuidadosamente diseñada por los que asesoran a Carlos Caicedo y Fuerza Ciudadana para proyectarse en el escenario nacional mientras intentan conservar su hegemonía en el Magdalena. La frase tiene doble intención: marcar distancia dentro del campo progresista y enviar un mensaje directo, aunque no explícito, al gobierno del presidente Gustavo Petro.

Porque cuando se habla de “izquierda con resultados” en un país gobernado por la izquierda, la insinuación es evidente: hay otra izquierda que no los tiene. Es una crítica indirecta, elegante, pero calculada. No confronta de frente, pero siembra la duda. Marketing político sofisticado.

El problema es que el eslogan no resiste un análisis riguroso. Es decir, es pura carreta.

Empecemos por la palabra izquierda.

La izquierda no es solo retórica contra “los de antes”. No es únicamente discurso anti-élite ni narrativa de cambio. La izquierda, en sentido ideológico, implica reformas estructurales profundas, redistribución real del poder, fortalecimiento institucional y ruptura con prácticas tradicionales de control territorial.

¿Eso fue lo que ocurrió en Santa Marta y el Magdalena?

Pero para nada, Lo que se consolidó fue un liderazgo fuerte, centralizado, altamente disciplinado, rayando en lo mesiánico y con control político significativo sobre el territorio. Un modelo personalista, con narrativa alternativa, pero con prácticas clásicas de acumulación de poder. La lógica no fue desmontar el esquema tradicional de hegemonía política; fue sustituir a quienes lo controlaban.

Más que izquierda doctrinal, lo que se vio fue pragmatismo estratégico. Un dirigente que ha sabido acomodarse al clima político dominante. Cuando el país giró hacia una sensibilidad progresista, el discurso se radicalizó. Cuando fue necesario pactar, se pactó. Cuando fue conveniente confrontar, se confrontó. No es una transformación ideológica profunda. Es lectura táctica del momento.

Eso no es ilegal. Tampoco es necesariamente ilegítimo. Pero llamarlo izquierda en sentido estructural es forzar el concepto, por decir lo menos.

Pasemos a la palabra “resultados”.

Durante más de una década, Fuerza Ciudadana gobernó primero Santa Marta y luego el Magdalena. Hubo presupuestos históricos (más de 6 billones de pesos según datos del Concejo Distrital), recursos de regalías, capacidad administrativa y control político suficiente para impulsar transformaciones profundas. Después de diez años, el balance debe medirse en cambios estructurales, no en inauguraciones.

El problema estructural del agua potable sigue siendo una herida abierta. El sistema de alcantarillado no fue resuelto. La informalidad laboral continúa como rasgo dominante. El Sistema Estratégico de Transporte Público quedó rezagado frente a otras ciudades intermedias. La infraestructura vial no experimentó una transformación estructural. La percepción de inseguridad persiste como realidad cotidiana.

Sí, hubo reducción en pobreza multidimensional durante la gobernación. Ese dato debe reconocerse. Pero ningún indicador aislado convierte una gestión en modelo de éxito. Gobernar es resolver problemas estructurales, no administrar estadísticas favorables.

Además, varias de las obras emblemáticas terminaron convertidas en símbolo de sobrecostos y retrasos y profundo tufo a corrupción. La megabiblioteca multiplicó su presupuesto inicial y su entrega se postergó varios años. El estadio Sierra Nevada superó ampliamente los costos proyectados y se terminó apenas hace poco. Centros de desarrollo infantil y parques enfrentaron cuestionamientos contractuales y terminaron como elefantes blancos. Diferentes órganos de control han revisado procesos administrativos de esas gestiones. Sin prejuzgar responsabilidades, la narrativa de eficiencia y eficacia no coincide con la realidad administrativa.

Entonces la pregunta incómoda es inevitable: ¿cuáles son exactamente los resultados que se reivindican?

Si el resultado es haber construido una maquinaria electoral sólida y mantener control territorial durante más de una década, es indiscutible que fue exitoso. Si el resultado es haber sustituido una élite política por otro bajo nuevo discurso, también puede considerarse logrado.

Pero si el resultado debía ser transformar estructuralmente la ciudad y el departamento, el balance es mucho menos contundente.

El riesgo del eslogan es que intenta apropiarse de dos conceptos con alta carga simbólica: izquierda y resultados. Pero repetirlos no los convierte en realidad. La coherencia ideológica no se prueba con retórica. Los resultados no se logran con marketing y comunicaciones.

La discusión no es personal. Es política y conceptual. Cuando un proyecto necesita enfatizar permanentemente que tiene resultados, cabe preguntarse si el resultado más consistente no ha sido la construcción de una narrativa eficaz.

Y en política, la narrativa puede ganar elecciones. Pero no reemplaza la transformación estructural. Y en eso fuerza ciudadana y Caicedo deben mucho.