Editorial & Columnas
Santa Marta: ¿El ocaso del puerto histórico frente al despertar de Ciénaga?
Por: Víctor Rodríguez Fajardo
Históricamente, la Bahía de Santa Marta ha sido el orgullo logístico del Magdalena. Su calado natural y su ubicación estratégica la convirtieron en la joya de la corona del comercio exterior. Sin embargo, el reciente anuncio del Gobierno Nacional sobre la concesión del puerto Río Córdoba en Ciénaga no es solo una noticia económica más; es el aviso de un cambio de guardia que podría dejar a Santa Marta en un irreversible segundo plano.
El análisis frío de los datos revela una «tormenta perfecta» que amenaza con asfixiar la operatividad del puerto samario. Mientras Santa Marta lucha contra un aislamiento geográfico y social crónico —atrapada entre los constantes bloqueos de Tasajera y la Zona Bananera—, Ciénaga emerge con una ventaja competitiva estructural que parece imbatible.
El golpe al corazón bananero y carbonífero
Para un exportador, la logística es una guerra de centavos y minutos. Que el nuevo puerto de Ciénaga ahorre 35 kilómetros de flete terrestre y reciba la línea férrea antes que Santa Marta no es un detalle menor: es una sentencia. El banano, carga insignia de la región, y el carbón del centro del país encontrarán en Ciénaga un camino más corto, más barato y menos propenso a las interrupciones que hoy castigan la confianza en Santa Marta.
La asfixia urbana vs. el lienzo en blanco
El gran drama de Santa Marta es su propia geografía humana. Los planes de expansión portuaria han fracasado sistemáticamente al chocar con la realidad de barrios como San Martín y Pescaíto. Intentar que el puerto crezca «devorando» la ciudad es una batalla social perdida. En contraste, Ciénaga ofrece un territorio virgen. Allí, la industria no tiene que pedir permiso a la trama urbana; hay espacio de sobra para zonas francas, puertos secos y clústeres logísticos que Santa Marta, simplemente, ya no tiene dónde meter.
Un cerco por todos los flancos
A esto se suma una realidad tarifaria inexplicable: mover carga por Santa Marta es hoy más costoso que por Barranquilla o Cartagena. Y si miramos hacia el occidente, la consolidación de Palermo y el nuevo muelle turístico de Barranquilla amenazan incluso el nicho de «puerto boutique» que Santa Marta podría reclamar. Por si fuera poco, el gigante Puerto Antioquia en Urabá se prepara para arrebatarle el flujo de carga del interior del país, acortando distancias que la tecnología no puede ignorar.
¿Hacia una jubilación industrial?
Santa Marta se encuentra en una encrucijada histórica. Seguir apostando por una carga masiva que la ciudad ya no puede digerir, o aceptar que su futuro podría estar lejos de los contenedores y más cerca de los cruceros y el turismo de alto nivel.
El desafío para la dirigencia del Magdalena es monumental. Si no se resuelven de fondo los problemas de conectividad vial (como los viaductos en Tasajera) y la competitividad tarifaria, el Puerto de Santa Marta corre el riesgo de convertirse en un hermoso museo frente al mar, mientras el verdadero motor del progreso se muda 35 kilómetros al sur, donde el espacio y la eficiencia parecen no tener límites.
