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Metrópolis

Santa Marta se proyecta como puerto clave en la transición energética del comercio marítimo

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Visita de delegación belga y autoridades de transporte expone avances en sostenibilidad, descarbonización y articulación portuaria en el Caribe colombiano.

El Puerto de Santa Marta volvió a ponerse en el radar internacional tras la visita de la Embajada del Reino de Bélgica y el Ministerio de Transporte de Colombia, en un encuentro que dejó sobre la mesa el papel estratégico del sistema portuario en la transición hacia un comercio más sostenible.

Durante la jornada, se expusieron avances y buenas prácticas en sostenibilidad ambiental, transición energética y uso eficiente de recursos, en un contexto donde la presión global por reducir la huella de carbono del transporte marítimo es cada vez más determinante. La agenda incluyó además la discusión sobre la conservación del entorno marino, un aspecto clave en territorios costeros con alta biodiversidad como el Caribe colombiano.

El diálogo también puso en evidencia una deuda estructural: la necesidad de articular los sistemas portuarios con los territorios. La conectividad y la planificación a largo plazo fueron señaladas como pilares para la construcción de un plan maestro portuario que responda a las realidades tanto del Caribe como del Pacífico, regiones con dinámicas logísticas y sociales profundamente distintas.

Uno de los puntos centrales fue la cooperación internacional en materia de energías alternativas y procesos de descarbonización, en un escenario donde los puertos no solo compiten por eficiencia, sino también por sostenibilidad. En ese marco, se destacó el valor de fortalecer alianzas que permitan enfrentar los retos del sector con estándares globales.

La visita incluyó un recorrido por el terminal y el zarpe del Green Pioneer, considerado un hito dentro de los esfuerzos por avanzar hacia un transporte marítimo más limpio.

Desde la terminal samaria se insiste en que el desafío no es menor: lograr que los productos del agro colombiano lleguen a los mercados internacionales con el menor impacto ambiental posible, en medio de una transformación que redefine las reglas del comercio global y pone a prueba la capacidad real del país para adaptarse a un modelo sostenible.