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GOBERNAR PARA LA REALIDAD Y NO PARA LAS PERCEPCIONES
Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez
Nos remite realidad al conjunto de todo lo que existe de forma verdadera, efectiva y material, en contraposición a lo imaginario, fantástico o ilusorio. Abarca tanto el mundo físico objetivo (independiente del observador) como las experiencias subjetivas. Incluye hechos concretos y la esencia misma de las cosas. Encarna sentidos positivo y negativo, realidad objetiva contrapuesta a la subjetiva, así como una naturaleza compleja. Es verdad, existencia, materialidad, objetividad, sustantividad y hechos. Igual entraña contextualidad como realidades física, social/cotidiana, aumentada y subjetiva. Puede ser construida socialmente, donde las creencias compartidas se convierten en «hechos» reales, como referida se encuentra en el Teorema de Thomas (principio sociológico formulado por William I. Thomas y Dorothy S. Thomas en 1928 que establece: «Si los hombres definen las situaciones como reales, son reales en sus consecuencias», y significa que la interpretación subjetiva de una situación determina la acción y sus resultados, independientemente de si la creencia es objetivamente verdadera).
Por su parte, las percepciones son procesos cognitivos mediante los cuales los seres humanos organizan, interpretan y dan sentido a las sensaciones recibidas a través de los sentidos, creando una representación consciente o inconsciente del entorno. Implica seleccionar, organizar e interpretar datos sensoriales (visuales, auditivos, táctiles). Se soporta en un proceso psicológico en el que entran en juego selección, organización, interpretación; acción y efecto, construcción Individual, impresión, sensación / interpretación, apreciación, captación y conocimiento.
Razones definitorias por lo que interesará siempre gobernar bien y mejor con base en las realidades, necesidades, prioridades y demandas poblacionales. Es adentrarse las autoridades administrativas públicas en los cánones que señala el buen gobierno, empoderarse y no presumir datos cuando conviene; y, peor aún, evadir la presentación de cifras reales sobre temas urgentes, como ocurre actualmente con las crisis que acusamos en distintos temas y problemáticas, que innumerables son.
El olvido no es casualidad, razón por la que no podemos aplaudir que se gobierne para la percepción, soportados en la preferencia de debatir dichas percepciones antes que datos en hábiles y acomodaticias narrativas dentro del ejercicio de comunicación pública, lo que a la postre funge como anécdota si no desplazaran informes y discusiones respecto de lo que realmente importa.
No puede ningún gobierno, como vemos que pasa y en esta administración departamental empieza a corregirse, minimizar la crisis generalizada que padecemos, Tampoco que no se anuncien acciones concretas respecto de cómo se está avanzando, ya que lo requerido son políticas integrales para atender todo el cúmulo de problemáticas que se padecen. Y que conste que esto no es una discusión nueva, viene de vieja data y es práctica sistemática como históricamente lo demuestran registros periodísticos que lo han documentado, lo que apunta a la necesidad de enderezar rumbos y mostrar verdades para que no queden dudas respecto del discurso oficial.
Siempre será más fácil presumir índices de gestión que enfrentar la realidad. La obligación de un gobierno no es cambiar percepciones, sino transformar realidades, aunque las administraciones que dan resultados invariablemente las mejoran. Lo que necesitamos es discutir las cifras incómodas, humanizarlas y comenzar a actuar para resolver nuestros muy graves problemas en los más diversos órdenes, ya que solo así transitaremos de un gobierno de percepción a un país de resultados. *Abogado. Especializado en Gestión Pública. Derecho Administrativo y Contractual. Candidato a Magister en Derecho Público. Analista. Conferenciante. Columnista
