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De San Luis Beltrán al Junior: la historia detrás de los 152 goles de Josimar Mosquera

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Su padre, Diego Mosquera, y su abuela, Vetza Villamizar, descubrieron sus condiciones y durante años buscaron oportunidades para proyectarlo. Tras pasar por Juventud Sanluisana, Unión Tenerife, Persiguiendo Sueños FC y Cardenales Guajiros, el joven delantero emprende ahora una nueva etapa en las categorías formativas del equipo insignia de Barranquilla.

Por: José D. Pacheco Martínez

“Lo más duro de este proceso fue dejarlo ir tan pequeño para La Guajira, porque era un niño de pueblo que nunca había salido de aquí”, me dijo Diego Mosquera. El 16 de marzo de 2024, Josimar Mosquera Barrios salió de San Luis Beltrán con una maleta. Atrás quedaban las calles, las canchas y el entorno donde comenzó a jugar fútbol. Adelante aparecía San Juan del Cesar, La Guajira, y con él una oportunidad distinta: incorporarse a Cardenales Guajiros y competir en escenarios organizados por la División Aficionada del Fútbol Colombiano, (Difutbol). Para entonces, su nombre ya estaba acompañado por los rumores de su talento.

San Luis es un corregimiento de Tenerife, a orillas del río Magdalena, cerca de la ciénaga de Zura y conectado comercialmente con Plato. En ese territorio comenzó a crecer Josimar. Su padre, Diego, conocía las dificultades de acercarse al fútbol competitivo: durante su juventud estuvo a prueba en el Unión Magdalena. Su abuela, Vetza Villamizar, también identificó las condiciones del muchacho. Ambos decidieron acompañarlo y buscar espacios donde pudiera mostrar lo que hacía con el balón.

La búsqueda familiar tuvo una particularidad: no se quedó en los entrenamientos. Durante años enviaron cartas, solicitudes de prueba y recomendaciones a diferentes equipos. Algunas gestiones no prosperaron y otras no obtuvieron respuesta. La insistencia, sin embargo, continuó. Mientras ellos tocaban puertas, Josimar encontraba en las categorías infantiles el espacio para desarrollar sus condiciones y comenzar a construir una relación cada vez más cercana con el gol.

En Juventud Sanluisana aparecieron los primeros registros importantes. En Sub-11, durante competencias realizadas en Zambrano, Bolívar, marcó 15 goles y terminó como goleador. En Sub-12 agregó otros 11 tantos. En 2023, con la Escuela de Formación Deportiva Unión Tenerife, consiguió 33 goles en U-12, cuando llegó a Sub-13, sumó 26 anotaciones.

La estadística empezaba a crecer al mismo tiempo que aumentaban los escenarios en los que competía. Entre 2021 y 2023 también participó en la Copa Navideña y en el Festival de Escuelas “Plato se Transforma Contigo”. Su equipo fue subcampeón en dos ediciones de la Copa Navideña y Josimar fue goleador de la categoría en dos versiones. Según comenta su papá, “aquellas competencias le permitieron enfrentarse a diferentes rivales y acumular experiencias que fueron ampliando su repertorio”.

La historia, sin embargo, no puede contarse únicamente desde los goles. Detrás de cada registro hubo una estructura familiar que hizo posible los desplazamientos, los entrenamientos y la búsqueda de oportunidades. Diego y Vetza entendieron que el talento necesitaba también escenarios para ser observado y en 2024, esa combinación entre condiciones individuales y acompañamiento terminó llevando al jugador fuera de San Luis.

Cardenales y el delantero de los dos perfiles

En Cardenales Guajiros apareció uno de los capítulos más productivos de su trayectoria. En la categoría Sub-15 registró 67 goles, la cifra más alta dentro del acumulado de 152. Allí se enfrentó a un contexto competitivo diferente, con rivales de otras regiones y partidos en los que las decisiones debían ejecutarse con mayor rapidez. El joven delantero comenzó a ser exigido “no solo por su capacidad para definir, sino también por lo que podía aportar antes y después de recibir la pelota, como exige el fútbol moderno”, comenta su padre, quien sigue de cerca el proceso y aporta en casa desde su experiencia.

“Josimar ocupa principalmente la posición de delantero centro, aunque también puede actuar como extremo de ruptura. Su condición de ambidextro amplía las posibilidades frente al defensor: puede conducir, encarar y rematar con cualquiera de las dos piernas. En el uno contra uno tiene alternativas para salir por fuera o recortar hacia dentro”, precisó Franklin Meriño, uno de sus primeros entrenadores. Esa variedad, señala, “le permite modificar la dirección de sus movimientos sin quedar condicionado por un único perfil”.

El desmarque constituye otro de sus recursos, eso dicen las planillas de los ojeadores, donde también advierten los especialistas que “puede atacar la espalda de los centrales, retroceder para ofrecer una línea de pase. En las transiciones rápidas busca aprovechar su velocidad y profundidad, mientras que cerca del área intenta resolver con pocos toques”.

La presencia del entrenador resulta fundamental para ordenar esas capacidades. La relación entre técnico y deportista permite trabajar movimientos, toma de decisiones, aspectos tácticos y ejecución técnica. En el fútbol formativo de alto nivel como el que se practica en Cardenales Guajiros y las categorías menores del Junior, el entrenador observa detalles que pueden pasar inadvertidos para el jugador y propone correcciones que luego deben trasladarse al partido.

Esa intervención, dicen los manuales de técnica formativa en deporte, no reemplaza la autonomía del futbolista; por el contrario, busca prepararlo para que pueda interpretar y resolver de manera adecuada las situaciones que encuentre dentro de la cancha. En una competencia, Josimar debe decidir por sí mismo cuándo atacar un espacio, cuándo ofrecerse para recibir o cómo resolver frente al arquero, así, la tarea previa del entrenador consiste en generar las herramientas para esas respuestas.

Por eso, la relación entre ambos adquiere un valor especial: el técnico orienta, pero el jugador ejecuta. En las categorías formativas, esa combinación resulta especialmente relevante para transformar condiciones naturales en recursos que puedan sostenerse frente a distintos niveles de competencia. Cardenales fue el escenario donde esas características coincidieron con una mayor producción goleadora.

Los 67 tantos de Sub-15 explican buena parte de los 184 que aparecen en su registro total, pero también muestran el momento en que el Josimar como atacante alcanzó una mayor capacidad para responder ante rivales y contextos distintos. El dato tiene valor precisamente porque corresponde a una etapa en la que la competencia exigía algo más que intuición frente al arco.

Los 152 goles y el nuevo capítulo en Junior

La cifra de 152 goles comprende el acumulado registrado desde la categoría Sub-11 hasta la Sub-15. No es una marca de una sola temporada ni de un campeonato específico. Es el resultado de varios años de partidos y torneos, con registros distribuidos entre diferentes equipos y categorías. Su importancia está en que permite dimensionar la capacidad goleadora de Josimar durante una etapa concreta de su formación, sin convertir el número en una predicción sobre lo que ocurrirá después.

Ahora el escenario es el Junior de Barranquilla. La llegada a sus categorías formativas abre una etapa diferente, porque tendrá nuevos compañeros, entrenadores, metodologías y exigencias competitivas. También encontrará un entorno donde deberá seguir desarrollando los recursos que lo llevaron hasta allí y le permitirán según quienes lo siguen de cerca, llegar al fútbol profesional en poco tiempo.

Para quienes lo acompañaron desde el comienzo, el paso tiene además un significado familiar. Diego aportó la experiencia de haber conocido de cerca una prueba en el fútbol profesional. Vetza mantuvo la mirada atenta sobre las condiciones de su nieto. Entre ambos buscaron oportunidades cuando todavía no existían garantías de que las puertas se abrieran. La abuela, mira atrás recuerda como una anécdota la primera vez que intentó dejarlo en San Juan del Cesar y no pudo.

“Me lo traje de vuelta, porque no pude soportar la tristeza de dejar a mi nieto tan pequeño e indefenso en una casa con personas que no conocía. A la semana siguiente lo volví a llevar y hasta hoy no he recibido de los entrenadores una sola queja ni de él llamadas solicitando volver al pueblo. Se ha comportado a la altura el muchacho y también todas las personas que han hecho parte de su proceso formativo”, comentó Vetza Villamizar.

Hoy, en retrospectiva, los 152 goles quedan como una fotografía de lo ocurrido hasta aquí y forman parte de una estadística que ahora queda atrás, porque en Junior comenzará otra medición, con nuevas condiciones y nuevos desafíos. La historia de Josimar puede resultar significativa para otros niños de la región, aunque sin convertir su recorrido en una fórmula.

El talento no garantiza por sí mismo llegar al fútbol profesional, lo que sí muestra su experiencia es la importancia de contar con oportunidades para competir, entrenadores que acompañen el desarrollo, familias que sostengan los procesos y escenarios donde los jugadores puedan ser observados. Josimar continuará en Barranquilla una historia que todavía no tiene desenlace y los 152 goles que acompañaron su primera etapa formativa, cuentan hasta dónde puede llegar.

Lo que ocurra después tendrá que escribirlo él partido a partido.