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OCHO NIÑAS CADA DÍA: UNA INFANCIA QUE COLOMBIA NO ESTÁ PROTEGIENDO
Por: Ives Danilo Diaz Mena
Opinión | Hay cifras que deberían quitarnos la tranquilidad. No porque sean difíciles de entender, sino porque detrás de ellas hay vidas que merecían estar viviendo una historia completamente distinta.
En Colombia, durante 2025, nacieron 2.967 bebés de niñas entre los 10 y los 14 años. En promedio, ocho nacimientos cada día. No estamos hablando simplemente de estadísticas demográficas. Estamos hablando de niñas que, a una edad en la que deberían estar jugando, estudiando, descubriendo el mundo y construyendo sus sueños, están enfrentando una maternidad para la que ninguna infancia debería estar preparada.
Pero hay algo que no podemos pasar por alto: en Colombia, las relaciones sexuales con menores de 14 años tienen una clara relevancia penal.
El artículo 208 del Código Penal tipifica el acceso carnal abusivo con menor de catorce años y establece penas de prisión de 12 a 20 años. El artículo 209 también sanciona los actos sexuales con menores de esa edad. La protección jurídica existe y no es un asunto menor.
Por eso, cuando conocemos que casi tres mil niñas de entre 10 y 14 años dieron a luz en un solo año, la pregunta no puede limitarse a cuántos nacimientos hubo.
También debemos preguntarnos qué pasó antes de cada uno de ellos, quiénes debían protegerlas, dónde estaban sus familias, qué hicieron las instituciones y si hubo una respuesta efectiva de la justicia.
Por supuesto, cada caso debe investigarse con rigor y sus circunstancias deben establecerse individualmente. Pero ninguna de esas precisiones puede servir de excusa para mirar hacia otro lado.
El problema tampoco se resuelve señalando únicamente a las familias o exigiendo más castigos. Necesitamos educación sexual responsable, acompañamiento familiar, instituciones educativas capaces de identificar señales de violencia, servicios de salud que actúen oportunamente y autoridades que investiguen sin revictimizar a las niñas.
También debemos hablar de la desigualdad, la pobreza, el abuso de poder y los entornos donde muchas menores crecen sin suficientes herramientas para reconocer y denunciar situaciones que vulneran sus derechos.
Una sociedad no puede medir su progreso solamente por las obras que construye, los indicadores que mejora o las cifras que presenta. También debe preguntarse cómo protege a quienes no tienen todavía la edad ni las condiciones para defenderse por sí mismos.
No se trata de juzgar a las niñas que se convirtieron en madres. Se trata de protegerlas, garantizarles sus derechos y exigir responsabilidades cuando hayan sido vulnerados.
Ocho niñas cada día. Ocho historias que nos obligan a mirar más allá de una estadística.
A esa edad, ninguna niña debería tener que aprender a ser madre. Debería tener la oportunidad de ser niña.