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Petro sin la izquierda

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Por: Edgar Jafet Hernández

Gustavo Petro, el primer presidente de izquierda en Colombia, ha tenido una relación paradójica con la izquierda misma. Fue guerrillero del M-19, militó en partidos de izquierda toda su vida, pero él mismo ha admitido que nunca se sintió plenamente identificado con las doctrinas que dominaban esos movimientos: socialismo, comunismo, marxismo. Su historia política está marcada por una constante tensión con los sectores más ideologizados de la izquierda, los que él llama “sectores puristas”, que lo vieron con recelo y lo señalaron de ser demasiado cercano a la derecha.

Sin embargo, Petro entendió algo que sus críticos dentro de la izquierda no lograron ver: con la izquierda sola no se gana la presidencia en Colombia. Su llegada al poder no fue producto de un movimiento exclusivamente izquierdista, sino de una estrategia de alianzas que sumó a sectores liberales, progresistas e incluso conservadores descontentos con el establecimiento. En el ya famoso y tragicómicamente viral consejo de ministros, Petro se lo dejó claro a Alexander López, quien fue senador del Polo Democrático y hoy es director de Planeación Nacional: “La izquierda sola no pone presidente, no podemos ser puristas”.

A pesar de esta advertencia, durante dos años y medio de gobierno, los distintos sectores de izquierda se han apropiado del triunfo de Petro como si fuera exclusivamente suyo. Han defendido el proyecto como el primer gobierno de izquierda en la historia de Colombia, un gobierno que, en teoría, por fin materializaría los ideales que la izquierda ha defendido por décadas. Sin embargo, la realidad de hoy es que el presidente Petro ha decidido gobernar sin la izquierda.

El rompimiento ha sido progresivo, pero el consejo de ministros detonó lo que se veía venir. Con el portazo de Petro a la «pureza ideológica», su gobierno se encamina hacia una reconfiguración en la que sectores que lo apoyaron desde el inicio, como el Progresismo, el Partido Comunista, la Unión Patriótica y una parte del Polo Democrático, están saliendo o terminarán por salir del gobierno.

El distanciamiento de Petro con su base de izquierda es notorio: ha apartado a figuras tradicionales de su círculo más cercano y ha preferido rodearse de su familia y de un grupo de asesores que no provienen de los partidos que lo llevaron al poder. La fractura del Pacto Histórico ha debilitado la coalición que alguna vez fue su principal fortaleza, y cada vez son más los sectores que se sienten relegados y sin incidencia en el rumbo del gobierno.

Hoy, el presidente avanza con su propia agenda, más personalista que colectiva, más orientada a su «legado» que a la fidelidad con su electorado inicial. ¿Cómo se siente la izquierda al ver que el hombre que llevó al poder no gobierna con ellos? ¿Se sienten traicionados? Es probable. Pero lo cierto es que Petro nunca fue un líder tradicional de la izquierda y, al final, está gobernando como siempre lo hizo: a su manera, sin ataduras ideológicas absolutas y, si es necesario, sin la izquierda.