Departamento
¿Por qué tanto silencio?: La violencia normalizada en el Magdalena
La antropóloga Augusta Moreno advierte que el silencio impuesto por el miedo y la falta de garantías se ha convertido en una forma de resistencia en el Magdalena, mientras que el silencio institucional agrava la crisis de seguridad y perpetúa la impunidad.
Por: Arnol Sarmiento
En una entrevista con OPINIÓN CARIBE, la antropóloga Augusta Moreno Quant expuso un crudo panorama sobre la persistencia de la violencia en el departamento del Magdalena, marcada por el control territorial de grupos armados ilegales, el reciclaje del conflicto armado y el silencio institucional que, según ella, perpetúa la impunidad y la victimización.
Durante el espacio “Pasando al tablero”, conducido por el director de OPINIÓN CARIBE, Víctor Rodríguez Fajardo, Moreno planteó una reflexión sobre el fenómeno del silencio como forma de resistencia y supervivencia en territorios donde las comunidades conviven a diario con la amenaza armada. “La voz es un mecanismo de resistencia cuando el objetivo es denunciar la verdad. Pero el silencio también es una forma de resistir cuando lo que se busca es sobrevivir”, señaló.
De acuerdo con Moreno Quant, el Magdalena ha sido históricamente uno de los departamentos más golpeados por el paramilitarismo, con más de 120 masacres desde la época del Bloque Norte de las AUC. Esta violencia dejó una huella indeleble no solo en términos de víctimas, sino también en la estructura institucional, afectada por fenómenos como la parapolítica, que contribuyó a debilitar la confianza ciudadana en el Estado.
Moreno también hizo énfasis en que muchas autoridades, en lugar de alzar la voz en defensa de las comunidades, optan por el silencio institucional, lo que contribuye a la normalización de la violencia. “Entiendo el silencio de la gente porque tiene miedo, porque no hay garantías. Pero no es justificable el silencio de quienes deben proteger. Ese silencio institucional es aún más grave”, afirmó.
En su análisis, también señaló que la memoria del conflicto sigue viva en el Magdalena, especialmente en las zonas rurales donde la extorsión, los panfletos amenazantes y los asesinatos selectivos son parte de la cotidianidad. A pesar de los supuestos ceses al fuego por parte de organizaciones criminales, las comunidades siguen siendo sometidas a dinámicas de control social que han instaurado una “cultura del miedo”.
Por su parte, el director de OPINIÓN CARIBE, Víctor Rodríguez, aportó una reflexión sobre cómo incluso en las salas de redacción se ha empezado a ver como “normal” un número de homicidios que debería escandalizar. “Un fin de semana con seis muertos nos da alivio porque antes hubo 14. A ese nivel hemos llegado”, lamentó.
Finalmente, la antropóloga hizo un llamado urgente a romper con esa cultura del silencio y a exigir a las instituciones una respuesta efectiva. “La gente reconstruye su vida en silencio. Retorna a sus tierras, intenta rehacer el tejido social, pero sin garantías y con temor de que todo se repita. No se puede resistir eternamente en silencio”, concluyó.
