La Firma
El ocaso de los semidioses
Por Víctor Rodríguez Fajardo
La Política Parroquial es un teatro donde los protagonismos lucen como semidioses en un escenario de egos inflados. Cada grupúsculo se adorna con un puñado de seguidores tan ansiosos de validación que se suman a este pseudogana-gana: «Yo te elijo, tú te crees superior, y yo me convierto en tu leal clientela esperando que me caiga alguna bendición del ordenador». Sin embargo, esta farsa se desmorona tan pronto como los endiosados olvidan que sus adoradores, en un abrir y cerrar de ojos, pueden tomar sus cosas e irse a buscar otro olimpo donde les prometan el milagro que anhelan.
Es así como el péndulo de las tendencias electorales se mueve sin descanso, congestionando la atmósfera política hasta que encuentra un beneficio tangible que supere los discursos vacíos que solapan las campañas. Porque, seamos honestos, la verdadera pregunta que flota por el aire es: “¿Qué hay para mí?”. Las promesas grandilocuentes son solo un envase en el que «Pedro Pueblo» se pregunta qué podré sacar de esto.
Observemos, por ejemplo, a Casas poderosas como los Díaz Granados o los Lozano, que por años han disfrutado de su estatus como inquilinos permanentes del Congreso aplicando su juego de cartas. Pero, en una especie de cruel giro del destino, hoy se ven forzados a pelear por la quinta casilla, con un nerviosismo que haría que uno pensara que se les acaba la bendición. Se han autoencerrado en un bucle de arrogancia que, en lugar de blindarlos, ha fortificado a la izquierda, que ahora se presenta a la contienda electoral con tres propuestas frescas. Las listas de Caicedo y Petro no solo suenan como competencia ruidosa, sino que cierran la posibilidad de que esos apellidos con abolengo sigan controlando el juego, dejando atrás una influencia que pensaron inquebrantable.
A veces, en este teatro de sombras y ambiciones, los verdaderos semidioses son aquellos que consiguen conectar con la gente y no solo complacerse con su propio reflejo en el espejo del poder. A lo mejor, la próxima vez que veamos a esos mandatarios mirar desde lo alto, podrían recordar que, a fin de cuentas, todos son apenas actores en un drama al que los ciudadanos son los verdaderos críticos.
¿Lección aprendida Cambio Radical? Se paseaban triunfantes por el Magdalena, llevando en su haber la Gobernación, el Senado y un arsenal de cargos que harían palidecer a cualquier partido: dos cámaras, cinco diputados, cuatro concejales, ¡hasta la Vicepresidencia! Hoy, sin embargo, no logran ni armar una lista a la Cámara. Se han dejado absorber, cual hoja seca en un huracán, por el Centro Democrático, que en un acto de magia política logra salvar sus aspiraciones a último minuto en el cierre del período de modificaciones. ¡»Se volteó la arepa»!
Alcanzar la codiciada credencial de senador en el partido de Vargas ahora requiere de una proeza de 120,000 votos. Sí, leyeron bien. Se ha vuelto casi una misión imposible. Así que piensen en lo que les espera el 8 de marzo de 2026 a Guido, Franklin y Farelo; perder esa credencial no es simplemente un tropiezo, sino un verdadero cataclismo. La amenaza de ver desvanecer sus espacios, conquistados a fuerza de décadas, está más que palpable. Sin embargo, esa ilustre clase política tiene su mantra: «más importante que ganar, es no perder». Y si les diera por perder en marzo, ¡bienvenidos sean de nuevo a sus alcaldías! Pero a Guido, ya sabemos que estarás en el club de pensionados, disfrutando de una charla amena en el Juan Valdez más cercano, donde también se hablará de tus grandes «logros».
P.D. No se desanimen por este trino. Están a tiempo de hacer magia con sus campañas y, quien sabe, tal vez consigan no solo ser elegidos, sino arrasar con la votación. Pero, ojo, aquí la política se juega con BILLETE, porque hay muchos curramberos en el debate que no se arrugan a la hora de invertir, ni piden fiado hasta el 15 de enero.
