Territorio & Poder
La falta de cultura ciudadana que cobra vidas en Santa Marta
Por: Alexandra Martínez
La siniestralidad vial en Santa Marta dejó de ser una estadística fría para convertirse en una alerta permanente. En los últimos meses, la ciudad ha registrado un aumento preocupante de accidentes de tránsito, muchos de ellos con consecuencias fatales, especialmente para peatones y motociclistas. La pregunta es inevitable: ¿el problema es la infraestructura o la falta de cultura ciudadana?
Un recorrido realizado por Opinión Caribe por varios puntos críticos de la ciudad permite identificar una realidad que se repite con alarmante frecuencia. Puentes peatonales construidos para proteger la vida —como los del barrio La Paz, Gaira, Curinca y la Terminal de Transporte— permanecen subutilizados, mientras decenas de personas prefieren cruzar las vías por debajo, exponiéndose de manera directa al riesgo de ser atropelladas.
Niños, adultos mayores y jóvenes desafían a diario el tráfico vehicular, aun cuando cuentan con una infraestructura diseñada para salvaguardar su integridad. No se trata de desconocimiento: los puentes están ahí, visibles y funcionales. Se trata, más bien, de una peligrosa normalización del riesgo, donde la prisa o la comodidad pesan más que la propia vida.
Las cifras de accidentalidad y las noticias recientes confirman que esta conducta no es inofensiva. Peatones han perdido la vida en corredores viales altamente transitados, tragedias que no responden únicamente a fallas del sistema, sino también a decisiones individuales que ignoran las normas básicas de autoprotección.
Pero el problema no termina ahí. Los motociclistas se han convertido en otro grupo altamente vulnerable —y, en muchos casos, corresponsable— dentro de esta crisis vial. En distintos puntos de la ciudad, Opinión Caribe evidenció una práctica tan peligrosa como ilegal: motocicletas transitando por puentes peatonales, poniendo en riesgo no solo su propia vida, sino la de quienes caminan por estos espacios.
Las imágenes captadas por este medio muestran a mototaxistas utilizando los puentes como atajos, mientras peatones intentan cruzar en medio de la invasión de vehículos. Esta conducta refleja una doble infracción: irrespeto por la norma y desprecio por la seguridad ajena.
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Santa Marta sigue figurando entre las ciudades con mayor aumento de accidentalidad en los últimos años. Y aunque las autoridades han implementado campañas de sensibilización y operativos de control vial, el problema persiste. La razón es clara: ninguna estrategia institucional será suficiente si no existe un compromiso real de la ciudadanía con el respeto por la vida.
La seguridad vial no es solo responsabilidad del Estado. Es una construcción colectiva que comienza con decisiones individuales. Cruzar por el puente, respetar las normas, entender que la vía no es una pista de competencia ni un atajo improvisado puede marcar la diferencia entre llegar a casa o convertirse en una nueva cifra.
Desde Opinión Caribe reiteramos nuestro compromiso con la defensa de la vida y la seguridad ciudadana, especialmente en esta temporada de alta movilidad. El llamado es directo y urgente: samario, la vida no se arriesga por afán. La cultura ciudadana no es un discurso, es una acción diaria. Y hoy, en Santa Marta, sigue siendo una deuda pendiente.
