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500 AÑOS

La mujer del año

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Detrás de la figura política hay una mujer que aprendió a habitar simultáneamente varios territorios: el de la maternidad y el estudio, el del servicio público y la política, el de la cercanía humana y la toma de decisiones. Su ascenso no ocurrió en un vacío ni al margen de las tensiones propias del poder, sino en diálogo constante con comunidades que reclamaban presencia institucional, respuestas y coherencia. Su historia no está hecha de privilegios blindados, sino de esfuerzo sostenido, formación rigurosa, errores asumidos y una convicción que hoy enfrenta su mayor prueba: gobernar.

 

Por: Arnol Sarmiento

La historia reciente del Magdalena registra la consolidación de un liderazgo que, en pocos años, pasó del trabajo administrativo local a ocupar el cargo más exigente del departamento. María Margarita Guerra Zúñiga, nacida en Fundación el 6 de diciembre de 1986, es hoy una de las mujeres con mayor responsabilidad política en la región: diputada en 2023 y gobernadora en 2025, madre de cuatro hijos, abogada y funcionaria con experiencia territorial. Su llegada al poder coincide con una gran expectativa colectiva que pone a prueba la promesa de una política distinta.

Su origen explica parte de su manera de entender lo público. Creció en una familia trabajadora donde el esfuerzo cotidiano no era un discurso, sino una condición de vida. Allí aprendió que la disciplina y el respeto no garantizan el éxito, pero sí construyen carácter. De sus padres heredó una idea exigente de la responsabilidad pública: la política no como escenario de privilegios, sino como ejercicio de cuidado colectivo. Esa formación temprana no la eximió de las contradicciones del poder, pero sí le dio un marco ético desde el cual asumirlas.

La academia fue un punto de apoyo decisivo. Como abogada, especialista y magíster en Derecho Público por la Universidad del Norte, encontró en el derecho no solo una herramienta técnica, sino una forma de leer las desigualdades estructurales del territorio. Su paso por la universidad reforzó una convicción que luego marcaría su trayectoria: sin instituciones sólidas y sin conocimiento aplicado, la voluntad política se queda en retórica.

Antes de llegar a la política electoral, su tránsito por la administración municipal le permitió conocer el Estado desde abajo. Fue secretaria general y de Gobierno en Concordia y Algarrobo, escenarios donde la gestión no se mide en discursos, sino en respuestas concretas. Allí entendió que cada decisión administrativa impacta directamente la vida de personas reales y que la ausencia del Estado también comunica. Esa experiencia la enfrentó a los límites de la burocracia y a la necesidad de transformar la institucionalidad sin perder su función pública.

Uno de los momentos más determinantes de su trayectoria fue la coordinación regional de la Unidad para las Víctimas en el Magdalena. El contacto permanente con comunidades golpeadas por el conflicto armado y el abandono institucional le dejó una marca profunda. Escuchar historias de pérdida, resistencia y dignidad le confirmó que la política pública no puede diseñarse desde la distancia. Esa etapa consolidó una sensibilidad que hoy enfrenta un desafío mayor: convertir la empatía en políticas eficaces, sostenibles y verificables.

La gobernadora María Margarita Guerra junto a su familia, uno de los pilares de su vida personal y pública.

Con ese acumulado de experiencias, dio el paso hacia la política electoral. Su llegada a Fuerza Ciudadana respondió a una afinidad programática y territorial, pero también a la convicción de que los proyectos políticos deben medirse por su capacidad real de transformar la vida de la gente. Se integró a un movimiento que reivindica el enfoque territorial y la justicia social, asumiendo también las tensiones propias de gobernar desde una propuesta que ha sido tanto respaldada como cuestionada en el escenario regional.

Su primera aspiración electoral, en 2023, fue a la Asamblea Departamental. Aquella campaña se construyó desde el contacto directo con la ciudadanía, en un Magdalena cansado de liderazgos lejanos. El respaldo obtenido no solo validó su nombre, sino una demanda social clara: mayor coherencia, presencia institucional y liderazgo femenino en espacios históricamente dominados por lógicas tradicionales.

En la Asamblea, su desempeño estuvo marcado por el rigor técnico y la defensa de iniciativas orientadas al bienestar colectivo. Participó activamente en la construcción del plan de desarrollo, entendiendo que gobernar también implica planificar y asumir decisiones impopulares cuando son necesarias. Esa etapa fue, al mismo tiempo, un aprendizaje y una antesala de responsabilidades mayores.

María Margarita Guerra en su dimensión familiar, que convive con su ejercicio del liderazgo político.

En 2025, tras 18 meses como diputada, renunció para aspirar a la Gobernación del Magdalena. El triunfo, con más de 180 mil votos, la convirtió en una de las gobernadoras más jóvenes del país. Su posesión en noviembre marcó un nuevo ciclo político en el departamento, cargado de expectativas y desafíos estructurales. Su estilo de gobierno se ha definido por la cercanía territorial, la escucha activa y el énfasis técnico, en un contexto donde la confianza ciudadana exige resultados concretos.

Su visión apunta a un modelo de gobierno que combine planificación, equidad e inclusión, con especial atención a las zonas históricamente relegadas. El reto no es menor: transformar la esperanza en política pública sostenible, administrar recursos limitados y responder a un territorio complejo que no admite soluciones simplistas.

La trayectoria de María Margarita Guerra Zúñiga refleja un liderazgo en construcción, atravesado por convicciones, aprendizajes y tensiones propias del ejercicio del poder. Su historia no es solo la de una mujer que llegó a la Gobernación, sino la de un momento político que interpela al Magdalena sobre el tipo de liderazgo que exige y el futuro que está dispuesto a construir. Gobernar, ahora, será la medida definitiva de esa promesa.