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La vía Ciénaga–Barranquilla, secuestrada por la delincuencia organizada
Bloqueos, extorsiones y hurtos convierten el principal corredor entre Magdalena y Atlántico en una trampa para conductores y transportadores.
Por: Arnol Sarmiento
La vía Ciénaga–Barranquilla dejó de ser un eje estratégico de conectividad para convertirse en uno de los corredores viales más peligrosos e inciertos del Caribe colombiano. Lo que debería garantizar el tránsito seguro de carga, pasajeros y vehículos particulares entre los departamentos del Magdalena y el Atlántico hoy es sinónimo de bloqueos constantes, extorsiones y una creciente sensación de inseguridad.
Este corredor no solo encabeza la lista de vías con más bloqueos por protestas en el Magdalena, sino que además representa un riesgo permanente para los conductores que se varan o sufren accidentes, quienes quedan expuestos a asaltos casi inevitables. La inseguridad ya no es un hecho aislado: es una condición estructural del trayecto.
La situación se ha agravado con la aparición de retenes ilegales instalados por personas de comunidades aledañas, que exigen pagos a los conductores para permitirles el paso por determinados tramos. No se trata de protestas sociales ni de simples obstrucciones: es extorsión y debe ser nombrada como tal. Detrás de estas prácticas hay coordinación, control territorial y lucro sistemático, rasgos propios de la delincuencia organizada.
En los últimos días, las denuncias de transportadores y conductores se han multiplicado. Como respuesta, la Policía reportó la captura de un joven en flagrancia por “obstrucción a la vía pública”. Sin embargo, minimizar estos hechos bajo esa figura legal resulta insuficiente y engañoso. No es obstrucción: es extorsión. Y el problema desborda ampliamente la capacidad operativa de las autoridades, superadas en número por poblaciones que actúan de manera articulada frente a un reducido pie de fuerza policial.
Pero en este corredor existe un peaje cuyos recursos, en parte, están destinados a la seguridad vial. Sin embargo, esta seguridad para los usuarios es claramente deficiente. La pregunta es inevitable: ¿dónde está la inversión en seguridad que pagan a diario miles de conductores?
Hoy, quienes transitan por la vía Ciénaga–Barranquilla quedan a merced de estructuras delincuenciales que operan en sectores como Tasajera, Puebloviejo y Palermo. Ya no solo enfrentan la zozobra de bloqueos que paralizan el tránsito por horas, sino el riesgo real de ser víctimas de hurtos y extorsiones en pleno trayecto.
La delincuencia organizada en Tasajera sigue acechando a conductores
La institucionalidad no puede seguir mirando hacia otro lado. Este corredor vial está siendo secuestrado por la delincuencia y la omisión del Estado. La situación es insostenible.
