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La Firma

CUANDO SUENE EL “BALÍN”

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Por Raúl A. Perdomo Salinas.

La suerte está echada. El domingo 31 de mayo será la meta final. Muchos caerán antes de llegar, asfixiados por la vanidad y el orgullo, otros porque no creen que en política eso de sumar sea necesario, otros en cambio, llegarán tarde a la meta, mientras que algunos ni siquiera llegaron a la línea de partida, bien porque cedieron su turno, o bien porque la vida nos les dio una nueva oportunidad. Al final, el ganador solo será uno. El que el pueblo elija.

Al inicio de la campaña a la presidencia de la República de Colombia 2026, se tuvo conocimiento de al menos 36 aspirantes que estuvieron moviendo sus hilos para ganarse un puesto entre los preferidos del pueblo y de los diferentes partidos políticos y luego de procesos internos partidistas de selección de candidatos, este número quedó reducido a 14. Pero al final del día parece haberse decantado en solo tres de ellos: Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella por la derecha e Iván Cepeda por la izquierda. Los demás si hay segunda vuelta, tendrán que encaramarse en el bus que mas le satisfaga a sus intereses y que crea que llevará al país a buen puerto en el próximo cuatrienio.

En este proceso la democracia ha salido fortalecida, por varios aspectos, entre los cuales resalto los procesos de selección de candidatos internos partidistas e interpartidistas, lo que generó una reducción necesaria del número de aspirantes, evitando así costos adicionales al sistema.

Por otro lado, el número final de 14 aspirantes a la presidencia, demuestra que hoy muchos colombianos tenemos la opción de postularnos independientemente que nos acoja un partido o recojamos firmas. (las firmas las venden).

Son ellos: Clara Eugenia López Obregón, Óscar  Mauricio Lizcano Arango,  Raúl Santiago Botero Jaramillo, Miguel Uribe Londoño, Sondra Macollins Garvin Pinto, Iván Cepeda Castro, Abelardo Gabriel de la Espriella, Claudia Nayibe López Hernández, Paloma Susana Valencia Laserna, Sergio Fajardo Valderrama, Roy Leonardo Barreras Montealegre, Gustavo Matamoros Camacho, Luis Gilberto Murillo Urrutia, y Carlos Eduardo Caicedo Omar, quienes representan hoy la diversidad y  la pluralidad social, regional e ideológica colombiana.

Hay de todo, desde quien ofrece “balín” como si viviera en el Oeste, hasta quien ofrece quitarles el SOAT (seguro contra accidentes) a las motos. Quien se dice seguidor de las políticas sociales del presidente Petro y quien se dice seguidor de las políticas de seguridad del ex presidente Uribe.  Quienes utilizan la condición sexual para hacer política y quienes utilizan el color de la piel para lo mismo. Hay toda una fauna disputándose el paraíso, animales dóciles como las palomas (mensajeras) o feroces como las hienas disfrazadas de tigre. Hay ballenas esperando por quien las vaya a ver. Hay quienes no pudieron con un cambio y hoy ofrecen revolución.

Mucho se especuló al principio de la contienda de la primacía que tendría el denominado “centro”, sobre los partidos de izquierda y de derecha, pero poco a poco se fue desdibujando esa fotografía hasta el punto de perder color. El verde fue el primero en abrirse y de ahí la desbandada del amarillo polo y los restos rojos y azules terminaron en el Pacto. Que por cierto se les anticipó a los demás partidos en una consulta exitosa, a la que no le auguraban participación y resultó con casi 3 millones de votos, dejando a la izquierda unida y compacta enfrentada contra una dividida derecha que se disputa los votos entre si.

Las campañas de derecha se han concentrado en atacarse con improperios mutuos. A mi entender, como estrategia política creada por el hombre de las “Crocs”, que busca posicionar a uno de los dos, a esperas de la segunda vuelta. Pero mientras ellos se vitoreaban el uno al otro, el candidato de la izquierda, que se negó a participar en debates porque presumía que iba a ser masacrado por sus contrincantes siendo el que punteaba las encuestas, llenaba las plazas públicas, con sus propuestas.

Una de las razones por las cuales puntea Cepeda en las encuestas es que en el discurso de la derecha se evidencia una desconexión  con lo que se llamó en la Revolución Francesa “el pueblo llano”, ese que vive en las regiones,  en medio de selvas carcomidas por la violencia y el olvido. Ese que vive allá arriba en la Sierra, o quienes habitan el Pacífico, rico en pobreza extrema.

No se ustedes, pero no he escuchado a los candidatos de derecha referirse a temas sociales que el pueblo lleva reclamando por siglos, tales como, la educación pública gratuita y de calidad, el derecho integral a la salud sin que sea un negocio para los privados, a la vivienda digna y a las posibilidades de generar microempresas familiares o empleo estable para poblaciones cuyo futuro hoy depende de una moto, que dicho sea de paso, son las mayores generadores de accidentes y una de las principales causas de muertes en Colombia. ¿Y de luchar contra la corrupción? Menos.  Seguridad , si, pero la guerra ya la probamos y tampoco fue la solución.

Si he escuchado de parte de sus candidatos que van a beneficiar a la grandes empresas quitándoles o reduciéndoles impuestos. Recuerden que el presidente Milei en Argentina quitó impuestos a la inversión extranjera y en el 2025, según la OCDE, quedó de último lugar en latinoamerica en “inversión extranjera”.

De todas formas, como dije al inicio, la suerte está echada, la plata está gastada, los corredores están en la línea hasta que suene el “balín” de la partida.