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Geopolítica Parroquial

La paradoja de Plato: a los 400 años, el río votó, la hamaca se movió y el 2027 ya huele a suero político

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Por Víctor Rodríguez Fajardo – El Man del Sombrero

 

Plato, Magdalena, no es cualquier mancha en el mapa. Es tierra del Hombre Caimán, de ganado mirando de reojo las torres de hidrocarburos y de un aeropuerto Las Mercedes que volvió a meter a la vieja provincia en la conversación aérea. Municipio bisagra entre Cartagena, Valledupar y Santa Marta, con la Transversal de los Contenedores prometiendo convertirlo en puerta caliente del Caribe. Cuatrocientos años de historia encima y todavía esperando que alguien lo mande en serio.

Y ahí está el chiste amargo: en plena celebración de sus cuatro siglos, Plato le metió una paradoja a Colombia entera. El 21 de junio de 2026, Abelardo de la Espriella ganó el país. Pero en la tierra del Hombre Caimán ganó Iván Cepeda, con 14.214 votos contra 9.934. Diferencia de 4.280 sufragios, con 24.503 personas votando, el 55,60 % del potencial electoral. Traducido al plateño de toda la vida: mientras el país metió el canalete para un lado, Plato lo metió para el otro. Sin pedir permiso.

 

Las maquinarias prendieron el fogón, pero la gente avivó la candela

La ley vieja de la política parroquial dice que las estructuras prenden el fogón, pero que el sancocho se puede dañar si el pueblo no aparece. En Plato, esta vez, el pueblo apareció. El bloque que convergió alrededor de Cepeda venía cargado: el liberalismo de Kelyn González, el Partido Demócrata Colombiano de Elizabeth Molina y el Pacto Histórico de Felipe Hernández sumaban teóricamente cerca de 14.633 votos. Cepeda cerró con 14.214. No fue magia. Fue disciplina, caminata de barrio y compromisos que no se volvieron agua entre los dedos, que en Plato es un milagro que merece misa cantada.

Del otro lado, De la Espriella llegó a 9.934, muy por encima de la base conservadora y uribista que arrancó con él. Eso quiere decir que pescó fuera del corral: opinión, ganaderos, comercio, gente que votó por convicción y no por convocatoria. Cuando eso pasa, ningún cacique puede cantar victoria total ni derrota total. Y la democracia local salió fortalecida porque en primera vuelta votaron 19.713 personas, el 44,73 %, y en segunda vuelta llegaron casi cinco mil más. Cuando la gente deja la hamaca sin que nadie la empuje, el tablero cambia de color.

 

Campuzano, el gabinete y las señales que no gritan pero sí hablan

En ese tablero aparece el alcalde Armando Campuzano, que según la lectura local no se limitó a poner la silla y ver llover. La coordinación entre la administración municipal, liderazgos en la Asamblea y equipos que caminaron barrios y veredas con mapa en la cabeza dejó huella en el resultado. La diputada Linda Cabarcas, la exdiputada Marta López y otros operadores que conocen el terreno desde antes que asfaltaran la principal completaron la jugada.

Ahora bien, aquí el Man del Sombrero no se pone corbata para mentir ni se quita el sombrero para callar. Es verificable que Diana Carolina Pezzano Camargo, oriunda de Plato, fue nombrada secretaria de Desarrollo Económico del Magdalena en ajustes recientes del gabinete departamental. ¿Es pago de factura política? Eso requiere documento, y el documento no aparece. Lo que sí aparece, clarito y sin lupa, es que en la política de provincia los nombramientos silenciosos son los que más ruido hacen en las tertulias. Campuzano llega al partidor del 2027 con aire, con conversación abierta y con la percepción de que Plato volvió a aparecer en el radar departamental. En política parroquial, la percepción no es todo, pero casi.

 

El sonajero del 2027: mercado de domingo con sombrero prestado

Apenas se enfrió la urna, Plato cambió de canal. WhatsApp, Facebook, tertulias con suero espeso y algo de ron: el tambor del 2027 ya está sonando. Nadie está inscrito formalmente, porque todavía falta camino legal y político, pero en política parroquial primero se es candidato en el chisme, después en la foto y, si la gasolina alcanza, en la Registraduría.

Los nombres que ruedan en boca de la gente: Silvio Aragón Molina «Cheo», Félix Eduardo Reyes Gutiérrez, José Natalicio Ospino Mendoza, José Alfaro Molina, Urbano Molina Guerra, Libardo De La Cruz Chiquillo, Andrés Leonardo Bustamante Tirado, Jaime Alonso Peña Peñaranda, Carlos Andrés Peñaranda Ibarra, Alfonso Alfaro Tejeda y Alberto Becerra Saumeth.

La lista parece mercado de domingo en plena canícula: hay continuismo, revancha, juventud, nostalgia, maquinaria, apellido y ganas de figurar en cuotas iguales. En redes algunos defienden a sus pollos con entusiasmo de gallera, otros sacan memes y lanzan pullas que no tienen prueba judicial pero sí tienen termómetro. Porque lo que el ciudadano plateño está confesando en esos comentarios no es un delito; es cansancio. Cansancio de campañas que cuestan lo que no existe, de promesas que duran hasta el primer aguacero y de poder que se hereda como mueble viejo sin que nadie lo sacuda.

 

La pregunta que Plato no puede seguir esquivando

Plato no está escogiendo quién firma contratos y corta cintas. Está decidiendo si todavía tiene casta para producir poder de verdad. Los mayores cuentan que hubo un tiempo en que Plato pesaba en Santa Marta y se escuchaba en Bogotá. Pero las nuevas generaciones no quieren vivir del «antes aquí se mandaba» como quien carga un retrato amarillento en la billetera. Quieren saber si la preparación, la empresa, el liderazgo o la militancia todavía abren puertas, o si el poder local se convirtió en club privado con lista de espera hereditaria.

Mi lectura, sin sombrero ajeno: Campuzano quedó con aire, no con corona eterna. El próximo alcalde de Plato no puede salir solo del dedo, la chequera o la foto bien editada. Plato mira hidrocarburos, aeropuerto, ganadería y conectividad regional. Si la Transversal de los Contenedores cuaja, Plato estará eligiendo al administrador de una puerta estratégica del Magdalena hacia el Caribe profundo. Eso no es alcaldía de pueblo chico. Eso es responsabilidad de ciudad que se está despertando.

La pregunta real sigue en pie: ¿quién tiene proyecto para un municipio de 400 años que quiere volver a mandar, pero que todavía carga deudas en agua, vías, salud, seguridad, empleo y transparencia?

En Plato ya prendieron el fogón. Falta ver quién trae sazón de gobierno y quién llega nomás con sombrero prestado para posar en la foto.

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