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Mercados de predicción: ¿prohibir o regular una nueva oportunidad para Colombia?

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La industria de los juegos de suerte y azar está cambiando mucho más rápido que las normas que intentan regularla. Durante años la discusión estuvo concentrada en casinos, loterías, apuestas deportivas y, posteriormente, juegos operados por internet. Hoy aparece una nueva frontera: los mercados de predicción.

Plataformas como Polymarket o Kalshi permiten que las personas compren posiciones sobre la ocurrencia de acontecimientos futuros. ¿Bajará determinada tasa de interés? ¿La inflación terminará por debajo de cierto porcentaje? ¿Una empresa alcanzará determinado resultado? ¿Ocurrirá determinado acontecimiento internacional?

Aunque su funcionamiento tiene semejanzas evidentes con una apuesta, estos mercados incorporan una característica particular: el precio de cada contrato termina reflejando la probabilidad que los participantes colectivamente asignan a que ocurra un evento. Por eso la discusión internacional ya no gira únicamente alrededor del juego. También se debate si estamos frente a instrumentos financieros, mecanismos de cobertura o incluso herramientas capaces de agregar información dispersa en el mercado.

Colombia ha reaccionado hasta ahora principalmente desde la lógica tradicional del monopolio de juegos de suerte y azar: si existe una apuesta sobre un acontecimiento incierto, una expectativa de ganancia y dinero comprometido, la actividad requiere autorización estatal. Desde esa perspectiva, resulta jurídicamente comprensible impedir que plataformas extranjeras operen libremente sin licencia y sin realizar ningún aporte al sistema colombiano.

Pero prohibir no necesariamente debe ser el punto final de la discusión.

La pregunta realmente importante es otra: ¿puede Colombia transformar esta nueva modalidad en una actividad regulada que genere recursos para el Estado?

Nuestro país ya tiene experiencia haciendo algo similar. Colombia fue uno de los primeros países latinoamericanos en construir un mercado formal de apuestas por internet. Los operadores autorizados cumplen requisitos tecnológicos, reportan información, identifican jugadores, implementan mecanismos de juego responsable y pagan derechos de explotación que finalmente financian el sistema de salud.

La aparición de los mercados de predicción debería llevarnos a considerar nuevamente esa capacidad regulatoria.

En lugar de limitar la discusión a bloquear plataformas, Colombia podría estudiar la creación de una categoría específica de mercados regulados de predicción sobre eventos.

Eso no significa abrir indiscriminadamente cualquier tipo de apuesta. Una regulación responsable debería establecer límites muy claros. Podrían admitirse inicialmente mercados relacionados con variables económicas, indicadores internacionales, ciencia, tecnología, entretenimiento, clima o determinados acontecimientos deportivos, mientras se mantienen restricciones especiales para asuntos mucho más sensibles.

Las apuestas sobre elecciones colombianas, por ejemplo, merecen un debate separado por sus posibles efectos sobre la integridad electoral. Lo mismo podría ocurrir con mercados relacionados con delitos, terrorismo, conflictos armados o acontecimientos cuya ocurrencia pueda generar incentivos perversos para quienes participan.

Regular significa precisamente establecer esas fronteras.

También implicaría exigir licencias, identificación plena de los usuarios, controles contra el lavado de activos, sistemas de prevención de manipulación de mercados, límites de exposición, mecanismos de protección al consumidor, infraestructura tecnológica supervisada y reportes permanentes al regulador.

Y, naturalmente, significaría pagar por operar en Colombia.

Aquí aparece uno de los principales argumentos para estudiar esta alternativa: el potencial fiscal.

Los mercados de predicción han crecido aceleradamente a escala internacional y movilizan miles de millones de dólares. Colombia difícilmente capturará una porción importante de ese mercado mientras las operaciones ocurran desde plataformas extranjeras no autorizadas.

Un mercado regulado permitiría convertir una actividad que hoy puede desarrollarse por fuera del sistema en una nueva fuente de derechos de explotación e impuestos.

No sería responsable prometer desde ahora cifras extraordinarias de recaudo. Primero sería necesario estudiar el tamaño potencial del mercado colombiano, determinar su estructura económica y definir si la tributación debe calcularse sobre ingresos brutos de juego, comisiones, volumen transado o una combinación de estos elementos.

Pero incluso bajo escenarios conservadores, una industria de esta naturaleza podría representar eventualmente decenas o incluso cientos de miles de millones de pesos adicionales para las rentas públicas, dependiendo de su nivel de adopción y del modelo tributario escogido.

Existe además otro beneficio menos evidente.

Los mercados de predicción producen información.

La probabilidad que miles de participantes asignan a fenómenos como inflación, tasas de interés, resultados empresariales o acontecimientos internacionales puede convertirse en una herramienta adicional para comprender las expectativas de ciudadanos e inversionistas.

En ese sentido, el futuro del juego digital empieza a mezclarse con las finanzas, los datos y la inteligencia colectiva.

Ese fenómeno exige que el Estado abandone categorías regulatorias demasiado rígidas. Probablemente el modelo adecuado ni siquiera consista en entregar toda la competencia a una sola entidad. Algunos productos podrán seguir claramente bajo la órbita de los juegos de suerte y azar; otros podrían requerir coordinación con las autoridades financieras.

Colombia tiene la oportunidad de anticiparse.

La pregunta no debería ser simplemente si Polymarket o cualquier otra plataforma puede operar hoy bajo nuestras normas. La pregunta debería ser qué regulación necesita el país para una industria que seguramente seguirá creciendo con o sin nosotros.

Hace algunos años ocurrió algo parecido con las apuestas deportivas por internet. Entonces Colombia decidió regular.

Frente a los mercados de predicción podemos volver a escoger entre perseguir la innovación desde atrás o construir reglas  que permitan aprovecharla.

En regulación económica, muchas veces la mejor respuesta frente a una actividad emergente no es prohibirla.

Es entenderla antes que los demás.