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Poder & Gobierno

MARGARITA ENCONTRÓ SU HOGAR

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La gobernadora compartió una imagen caminando con su pareja por el Centro Histórico de Santa Marta. Su mensaje habló de noches eternas, días grises, dos ángeles en el cielo y un hogar donde sus hijos crecen entre cosquillas, risas y películas.

Por: Víctor Rodríguez Fajardo

Margarita Guerra caminó con su pareja por una de las calles del Centro Histórico de Santa Marta y permitió que los magdalenenses conocieran una faceta que había mantenido lejos de la exposición pública.

La imagen era sencilla: dos personas compartiendo la ciudad y la vida. Fueron sus palabras las que revelaron todo cuanto había detrás de ese momento:

“Muchas veces las noches son eternas y los silencios largos, decidiste acompañarme aunque en esos días grises la luz del sol se ve lejos”.

No habló la gobernadora desde un atril. Habló la mujer que atravesó momentos difíciles y encontró a alguien dispuesto a caminar a su lado, incluso cuando la tristeza parecía prolongarse más de la cuenta.

“Gracias por ser mi compañero de aventuras, por ese amor por la naturaleza y gracias por ser mi hogar”, escribió.

En esa última palabra cabe buena parte de la historia. Hogar no como una casa ni como una dirección, sino como el lugar humano donde se puede descansar del ruido, compartir los silencios y recuperar la tranquilidad.

Margarita también recordó a dos seres queridos ausentes, sin revelar sus nombres y sin necesidad de hacerlo:

“En el cielo hay dos ángeles que se alegran de mi paz, mi tranquilidad y mi felicidad”.

Desde allí llevó el mensaje hacia sus hijos y hacia esas pequeñas escenas que construyen una familia: pijamadas, cosquillas, risas y noches de película. Gestos cotidianos que parecen simples, pero que adquieren otro valor cuando han sido precedidos por días grises.

La publicación terminó con un “I love you!” breve, directo y libre de cualquier formalidad.

Los magdalenenses están acostumbrados a verla en reuniones, consejos de seguridad, recorridos municipales y actos institucionales. Esta vez apareció sin la distancia del cargo: enamorada, tranquila y acompañada.

No corresponde convertir ese gesto en chisme ni buscar explicaciones que ella no ofreció. Margarita compartió lo suficiente para transmitir algo profundamente humano: detrás de toda responsabilidad pública existe una vida que también necesita afecto, refugio y paz.

La fotografía dejó una imagen distinta de la gobernadora. No la del poder, sino la de una pareja caminando por Santa Marta. No la de los grandes discursos, sino la de una familia que celebra las noches de película. No la de una dirigente invulnerable, sino la de una mujer que conoció días oscuros y volvió a encontrar la luz.

Esta vez Margarita no le habló al Magdalena de gobierno ni de política.

Le habló de amor.