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La prioridad es Colombia

Opinión Caribe

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Por: Carlos Holmes Trujillo

¿Puede creer alguien que sobre las arenas movedizas de hoy será posible edificar un país desarrollado y con altos niveles de cohesión social?

¿Y puede pensarse que las fracturas actuales servirán de cimiento a una nación en la que los conflictos se tramiten en forma tranquila?

Ni lo uno ni lo otro.

Si las cosas siguen como van, un número de miembros de las FARC, no todos, dejarán de hacer terrorismo, pero los males seguirán afectando la salud de la república.

Es lamentable, por esa razón, el espectáculo vergonzoso que se vio la semana que termina.

Todo lo que pasó me hizo recordar una larga conversación que alguna vez sostuve con un alto funcionario de un país nórdico.

En aquellos días tuvo lugar un debate intenso sobre la monarquía, en el cual se hicieron todo tipo de intervenciones.

La verdad es que hubo para los gustos más variados.

Desde manifestaciones caracterizadas por la elegancia intelectual hasta descalificaciones vulgares al rey.

En el curso de la controversia, me llamó siempre la atención el discreto silencio de la casa real, al igual que las expresiones moderadas del Gobierno en defensa de la institución.

Como algunas de las opiniones habían tenido un tono demasiado alto, aproveché el ambiente amigable y confidencial de la reunión para preguntarle a mi interlocutor acerca del porqué de la actitud tranquila, casi displicente pensaba yo, de los voceros del Estado en semejante tormenta política.

Es que nosotros estamos llamados a cumplir con nuestros deberes, en tanto que los ciudadanos tienen la facultad de ejercer libremente su derecho a la crítica, y mucho más si son miembros de la oposición.

Cómo hacen ustedes, entonces, para responder semejante andanada de descalificaciones políticas, le pregunté.

Lo hacemos en el escenario que corresponde, me dijo, no olvides que somos una monarquía parlamentaria, y es en el salón de sesiones del congreso en donde damos las explicaciones que se nos pidan, así como las respuestas a las preguntas que nos sean formuladas.

Y qué pasa con la opinión que se informa a través de los medios de comunicación? fue la pregunta siguiente.

Pues que las deliberaciones en el parlamento son públicas, así que los comunicadores pueden escuchar todo lo que se dice y transmitírselo a la gente de la manera como lo consideren apropiado.

Pero, es que les han dicho de todo y ustedes han enfrentado el aguacero de descalificaciones con gran mesura, insistí.

Claro, es que no puede ser de otra manera, afirmó en un tono casi académico.

Tienes que tener presente que el único límite que existe en nuestro sistema para la crítica democrática es la ley.

Todo lo que se haga dentro de ella, tiene que ser respondido por nosotros allá donde se encuentran los voceros elegidos por el pueblo.

Eso sí, cuando se desbordan los límites legales, las cosas quedan en manos de jueces absolutamente independientes, que están rodeados de gran credibilidad.

No sobra decir que la razón de ser de la estabilidad que disfrutan esos países es la confianza en las instituciones, y en la pulcritud en el manejo de lo público.

Ojalá algún día podamos llegar a ese nivel de organización.

Todavía estamos lejos, como quedó otra vez en evidencia con la ferocidad verbal desde el poder contra la oposición, pero no es imposible.

Quizás el primer paso que debe darse es estar de acuerdo en que la prioridad es Colombia.

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