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#Opinión: Aguardiente que da guayabo

Opinión Caribe

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Por Víctor Rodríguez F.

“La juma de ayer, ya se me pasó.

Esta es otra juma,

que hoy traigo yo”

No se puede entregar la ciudad a una empresa sin responsabilidad social so pretexto del patrocinio de unas fiestas, que, entre otros temas, beneficia principalmente a esa misma empresa.

Los desmanes provocados bajo la influencia del consumo de licor en la recién celebrada Fiesta del Mar 2016 aún no terminan de ser cuantificados por las autoridades. Son muchos los casos de conductores que, bajo el efecto del alcohol, llegaron a ocupar los servicios de urgencia, agotando los recursos del Soat, e incluso, hubo pérdida de vidas en accidentes de tránsito.

También es de anotar, el incremento de casos de violencia intrafamiliar y entre particulares por intolerancia, que aflora cuando no se tiene control de los sentidos por causa del licor.

En esta Fiesta del Mar 2016 hemos sido testigos de la ‘toma’ de las festividades y del espacio público por una marca de licores. La campaña publicitaria agresiva seguro debe darles alto rédito a los empresarios fabricantes y distribuidores.

Pero, ¿existe alguna responsabilidad social sobre la ingesta de licor al ritmo del frenesí fiestero? ¿Accidentes y muertes por mezclar licor con las fiestas? ¿Acompañó la mentada gente que viene de otros lares una campaña de restricción y conciencia del peligro que encierra el licor en la vida de quien lo consume y su entorno?

En esta fiesta, el mensaje más contundente a nivel de publicidad fue el que invitaba a tomar, el mismo que decía de manera subliminal que si quería ser feliz, debía consumir alcohol. Medios de comunicación, vallas, degustación gratis y venta hasta en las esquinas se vieron en esta fiesta sin cumplir con las restricciones para venta y consumo de licor. Insinuantes modelos seducían con la degustación, con lo cual se buscaba que el cliente entusiasmado procediera a comprar y consumir.

No había tarima, escenario ni evento donde no estuviera presente la invitación a consumir licor. Algunos cuestionan que las fiestas, cualesquiera que sean, se haya alejado de su esencia, pues no solo es eso, sino que se han acercado al consumo desenfrenado en beneficio de la empresa particular.

Es hora de revisar el comportamiento depredador de esta empresa y que se le comprometa con su responsabilidad social, para que invierta en la prevención de actos inherentes al que produce la ebriedad en los ciudadanos. El simple pago de impuesto por botella vendida o contribución al sistema de salud, no alcanza a cubrir el alcance de este nefasto desenfreno en la pasada Fiesta del Mar. Los agentes subordinados de la Coronela Vallejos deben lidiar con situaciones complejas al igual que paramédicos, bomberos, Cruz Roja y Defensa Civil, sin que sean compensados por los efectos, producto de una actividad comercial sin responsabilidad social. Ni hablar de las familias que hoy guardan luto, porque sus seres amados fallecieron en accidente de tránsito bajo los efectos del alcohol.

Ahí es donde esperamos el control del Estado. Esperemos que les pase el guayabo para que contesten.

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