Connect with us

Entrevistas

“La meta del posconflicto es derrotar a Santos, Vargas y a la mermelada”: Claudia López

Opinión Caribe

Published

on

En el foro ‘El verdadero cambio en La Guajira’ liderado por Fuerza Ciudadana y Alianza Verde, la senadora de este partido, Claudia López, le contó a OPINIÓN CARIBE sobre su correría por el ‘Sí a la Paz’, sus argumentos para respaldar el proceso, los planteamientos de cómo se debe combatir la corrupción y reducir las minorías.

OPINIÓN CARIBE: ¿Por qué votar Sí a la paz?

CLAUDIA LÓPEZ: Que la gente lea y se informe, que entienda la dimensión de la decisión que estamos tomando, hacer la paz con la guerrilla más vieja de mayor trayectoria criminal y armada en Colombia no es fácil, si hubiera sido fácil lo habríamos hecho en cualquier momento en los últimos 50 años, y no pudimos. Este es un buen acuerdo para Colombia, por eso invito a los connacionales para que lo conozcan y si tienen las mismas consideraciones, voten por el sí, es una bendición para Colombia que desaparezcan las Farc y eso es lo que vamos a lograr.

Las Farc desaparecen por la vía de entregar las armas, erradicar la coca que ellos mismos sembraron, con la condición de respetarles la vida y les permitamos hacer política, esa es la esencia. Hay un punto fundamental de desarrollo rural, porque si ellos erradican la coca, mil familias campesinas cocaleras quedan a la deriva, es decir, casi 400 mil colombianos tienen a las Farc como empleadores, lo cual no va más. Por tanto, el Jefe de Estado, el Ministerio de Trabajo deben hacerse cargo de titularles tierras, brindarles oportunidades y asistencia técnica, porque de lo contrario, esa economía ilegal perdura y se vuelve un riesgo para que haya nuevas violencias.

Las Farc irán a una comisión de la verdad, a un sistema de justicia transicional en el que tendrán que responder por los delitos que cometieron, ayudarnos a reparar a las víctimas en diferentes formas. Si lo hacen, tendrán limitaciones a su libertad, pero no serán encarcelados; si no colaboran, pagarán cárcel hasta por 20 años, es lo que se ha acordado.

No irán a la cárcel, porque no los hubiéramos podido convencer de entregarnos esas tres cosas; una vez pasen el sistema de justicia transicional y salden sus cuentas, podrán participar en política, habrá una transición para esa participación en política que no se ha anunciado, todavía se está negociando cómo va a ser esa transición y la conformación del Tribunal de Justicia. Faltan dos temas importantes, pero de lo que conozco hasta ahora, me parece un acuerdo que respeta la propiedad privada, la Constitución, nos garantiza que no habrá más víctimas, y que reparemos a las causadas por las Farc.

O.C: ¿Respalda las críticas que el Centro Democrático le hace al proceso de paz o considera que están desenfocados?

C.L: Creo que el control político y las críticas del Centro Democrático han sido útiles para el proceso. Colombia ha pasado por experiencias dolorosas en procesos de paz anteriores como el del Caguán, cuando se despejó esa zona y no hubo verificaciones, lo cual fue aprovechado por este grupo para fortalecerse y expandirse.

En buena medida las críticas del Centro Democrático permitieron que por primera vez el Congreso pusiera seis condiciones a las zonas de concentración para el desarme, que sean delimitadas, tenemos 23 veredas de Colombia donde se van a concentrar las fases para entregarle las armas a las Naciones Unidas.

Primera, que no se interrumpa el funcionamiento de las autoridades militares y civiles; segunda, que haya anillos de seguridad; tercera, vamos a tener tres anillos de seguridad, uno dentro de la zona a cargo de las Naciones Unidas; otro, de la Policía; y el de la Fuerza Pública; cuarta, que no haya delimitaciones; quinta, hacer esas zonas de concentración para el desarme, sabiendo que van a durar 6 meses.

Esto lo permite la deliberación democrática, las seis normas se acordaron en el Congreso, unánimemente las votó a favor el Centro Democrático que propuso algunas. Ellos querían 30 condiciones, aceptamos seis. Yo que soy una persona que hace crítica y de oposición, valoro mucho que haya un ejercicio que conduzca a tomar precauciones, a anticiparse a posibles problemas, hasta ahí perfecto. Hay otras cosas en las que entiendo el argumento, pero no lo comparto. Cuando el presidente Uribe dice sí queremos la paz con las Farc, pero que negocien y vayan a la cárcel; le respondo, expresidente Uribe, usted intentó eso durante 8 años y no los convenció, otros 7 presidentes de Colombia le han propuesto a las Farc que se desarmen. No los han logrado convencer, mientras, ellos han asesinado a cientos de miles de colombianos.

La segunda condición me parece aún más incomprensible viniendo del expresidente, que no hagan política, porque le parece ilegítimo. Álvaro Uribe se eligió, gobernó con el 40% de los paramilitares que se tomó el Congreso, todos eran de su coalición política, él les dio el DAS, el Incoder, la Consejería de Seguridad desde donde se traficaba coca, por eso está Mauricio Santoyo condenado en Estados Unidos. Lo único que se está acordando es que sigan haciendo política, pero sin violencia

O.C: ¿Se está blindado este proceso de paz para que no se armen nuevos grupos?

C.L: Sí, estamos tomando las precauciones, cada proceso de paz representa ciertos beneficios, además de sus riesgos. Colombiano es primípara en procesos de paz, el país tiene una larga experiencia, este es el décimo en que negociamos con una organización armada ilegal. Hemos negociado cosas razonables que se pueden cumplir. Se han mitigado riesgos, no hicimos zona de despeje, no retiramos la Fuerza Pública, no tuvimos una agenda como la del Caguán. Tenemos mucho control político encima, los que apoyamos la paz y los que están en contra de la paz estamos encima del proceso, tenemos acompañamiento internacional. Aquí hemos tomado todos los seguros porque las Farc nos han dado muchas vueltas en estos 32 años de negociaciones fracasadas.

Hay mayor seguridad de que los posibles riesgos de que no se desarmen, que no se erradique la coca, que algunos no se desmovilicen, los podamos mitigar. Yo no estoy diciendo que esos riesgos no van a existir, en ningún proceso de paz hemos logrado que se desmovilice el 100 por ciento de la tropa. En el caso de las siete guerrillas desmovilizadas tuvimos una tasa efectiva del 90 %; de ese 90, uno volvió a la criminalidad.

A Colombia nunca le ha pasado lo sucedido en Centroamérica, que después de una desmovilización se incrementara la violencia por cuenta de los reinsertados, que cuando estaban armados.

O.C: ¿Cuáles son los retos que enfrenta el Estado en el posconflicto y qué sectores deben atenderse para que no se vuelva a dar un fenómeno como el que se ha vivido con las Farc?

C.L: Lo primero, cumplir los acuerdos. S ha demostrado que el Estado no cumple los pactos que firma con nadie, por ejemplo, los maestros, los campesinos, y los que se desmovilizan. Es un incumplimiento sistemático que, entre otras, permite que las cosas empeoren y la gente se radicalice.

Lo segundo, disponer de los recursos que se necesitan, que se han dispuesto para organizar a las 65 mil familias campesinas que trabajan para las Farc, para que trabajen para el Estado colombiano erradicando la coca, no sembrándola. Esas familias no pueden vivir de la nada, nosotros debemos contratarlos, arrancar con ellos esa coca, tenemos dos años para hacer entrenamiento laboral, para buscar las tierras que les vamos a titular.

El Estado es relativamente bueno desmovilizando ilegales y muy malo reemplazando por permanencia institucional, por seguridad, justicia pública, oportunidades para las regiones. Toman la foto de la desmovilización y se va y sigue feliz con su corrupción, centralismo, gobernando con clientelismo; el resultado, que las comunidades siguen abandonadas, sin oportunidades.

Por eso la Alianza Verde logró que se aprobara un compromiso, debe haber un plan de inversiones para la paz en los próximos 20 años, deben ser recursos adicionales a los de las transferencias de la descentralización para los municipios más afectados, para invertir en infraestructura, en seguridad, justicia y en oportunidades sociales. Así quedó acordado. Cada gobierno en su plan de desarrollo, en su presupuesto anual, debe incorporar ese plan de inversiones para la paz, las cuales son unas transferencias adicionales para los colombianos más abandonados en las regiones, para ayudarlos a equilibrarse. Por esa vía, creo que realmente vamos a construir una paz duradera.

O.C: Usted se la juega por la paz, ¿A qué le teme de este proceso?

C.L: Le temo a que la corrupción siga rampante, porque eso va a deslegitimar todo. Hay tres puntos que obstaculizan la modernización de Colombia, el desarrollo social, la humanización. Uno, la guerra, sin duda es el peor, el que genera más víctimas. Segundo, la impunidad y la corrupción en la justicia, es imposible decirle a la gente que cumple la ley con semejante nivel de impunidad. Y tercero, la corrupción y el clientelismo en la política.

Tenemos que lidiar con ellos uno por uno. Este año podemos salir de la paz; el año entrante con el ELN, debemos concentrar nuestros esfuerzos para que se acabe la guerra, el gran reto a 2018 es derrotar al clientelismo y la corrupción política, quitarles el gobierno, tenemos que organizarnos para lograr ser mayoría en ciudadanía y mayoría en el gobierno, que se representen nuestras prioridades no la de los políticos, ni la de los contratistas.

Hay que combatir la clase política, en eso estamos ayudando, toca hacerlo departamento por departamento, y a nivel nacional que es donde está el cuello de botella. La guerra somete a la gente, no la deja votar libremente, tiene miedo a denunciar, porque hay impunidad, presión armada. Mientras haya presidentes que compren congresistas no hay manera de parar el mar de corrupción que se vive en Colombia, hay que elegir en la presidencia a quien esté dispuesto a decir, si usted no me pasa un proyecto de ley no pasa, pero vamos a dejar esta manera de gobernar que consiste en que los políticos compren votos y los presidentes compren políticos que compren votos; si no somos capaces de reparar eso podemos escribir cosas divinas en los acuerdos y en la Constitución, pero no cambiar la vida de los colombianos.

O.C: ¿Es plausible en el tiempo que las Farc lleguen al Congreso?

C.L: La verdad, a corto plazo, les va a quedar muy difícil, si a nosotros nos aprecia la mayoría de la gente y a duras penas logramos elegir a cinco senadores, a las Farc que la odia el 98 por ciento de los colombianos, creo, les va a tocar una labor dura, de humildad, perdón y reconciliación para tener algún nivel de representación política. Nos conviene que la tengan porque si no, pierden toda expectativa política y siguen en la guerra. Por un lado, los veo optimistas y me parece bien. Les toca recorrer un camino largo, ojalá que tengan garantías, ex combatientes como Antonio Navarro del M-19 han demostrado que se puede si uno pide perdón y entiende qué es lo que se debe reincorporar a la sociedad.

O.C: ¿Ve cerca las conversaciones con el ELN, teniendo en cuenta las que se han avanzado con las Farc?

C.L: El ELN ha sido una desgracia, tiene un nivel de tozudez difícil de manejar, pero estamos tan concentrados tratando de terminar la negociación con las Farc que lo del ELN está en status quo. En mi ruta de la paz yo hago esta pedagogía y propongo dos cosas: digamos Sí a la paz, adiós a las Farc este año, el año entrante tenemos que concentrar nuestros esfuerzos en desmovilizar y desarmar al ELN, para concretar el acuerdo, como mínimo, tienen que liberar a todos los secuestrados.

O.C: Usted ha cumplido cierto tiempo en el Senado, ha tenido una buena participación, pero se ha escuchado que no quiere repetir otro periodo, ¿por qué?

C.L: A mí me parece que el Congreso es todo menos el epicentro de la transformación de Colombia, ahí están sobrerrepresentadas todas las desgracias de la Nación y subrepresentado lo mejor de los colombianos, sobre todo porque creo que no hemos hecho todo para acabar a la guerrilla, de consolidar un proceso de paz para permitir que nosotros sigamos con el papel de ser la minoría que controla y no la mayoría que gobierna. Por esa vía no vamos a cambiar este país, para que sigan gobernando los mismos con las mismas, en la misma corrupción y clientelismo. Nosotros no podemos ser solo la minoría que controla, sino también la mayoría que gobierna.

Quiero ayudar a armar una plataforma ciudadana pluripartidista, varias organizaciones ciudadanas que consoliden una mayoría ciudadana que derrote las maquinarias de Vargas, Ordóñez, Uribe. Uribe para empezar, porque si no, volvemos a la guerra. A los otros, porque seguimos en su fiesta de corrupción, clientelismo, ni lo uno ni lo otro nos va a permitir construir el país justo, moderno e incluyente que nosotros sí queremos construir.

O.C: ¿Qué opina de la iniciativa del senador Roy Barreras de que los militares participen en elecciones?

C.L: Si algo hemos aprendido en la historia de Colombia del siglo XX sobre muchos conflictos y dolores es, que es mejor tener a la Fuerza Pública independiente de los debates políticos. Creo que ese es uno de los aciertos en la historia, gracias a eso logramos salir de la anterior guerra que vivimos, la bipartidista, que produjo 300 mil muertos en la que un partido político politizaba a un sector y luego lo usaba contra el otro. Por eso decidimos independizar de las disputas y deliberaciones políticas a la Fuerza Pública, creo que es una propuesta inoportuna e impertinente que espero no tenga ningún futuro en el Congreso.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *