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Cultura

Potentados bananeros de la United Fruit Company

Opinión Caribe

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Incentivos al sector privado mediante concesiones de baldíos y el ferrocarril dadas desde el gobierno del presidente Rafael Núñez y por las políticas proteccionistas y clientelistas de Rafael Reyes después, favorecieron la economía de pocas familias y militares en la Zona Bananera. Con la llegada de la United Fruit Company, las elites locales vivieron de las millonarias rentas que les pagaba la compañía bostoniana.

[Leer introducción del especial: “Magdalena, enclave bananero”]

El conservador Rafael Reyes, presidente de la República (1904-1909), fue clave para el enriquecimiento de pocas familias en el Magdalena. Reyes, quien hizo frente a la Guerra de los Mil Días y a la separación de Panamá, creó en 1907 la Junta Agraria del Magdalena, figura con la cual legalizó las adjudicaciones de baldíos concedidos hasta ese momento por los concejos municipales.

Pero antes de la Guerra de los Mil Días, el fundador de la United Fruit Company, Minor Keith, ya había comprado la Colombia Land Company, empresa que en 1875 ya era propietaria de tierras en Río Frío, Zona Bananera.

Minor Cooper Keith, fue un hombre de negocios estadounidense, magnate de los ferrocarriles, plantaciones de banano y el transporte.

Minor Cooper Keith nació en 1848 en Brooklyn, Nueva York. Hijo de un acomodado comerciante de madera. Su tío lo invitó a trabajar en el ferrocarril de Costa Rica y allí heredó su negocio. Contrajo matrimonio con la hija del presidente de este país, Cristina Castro Fernández y amasó tanta fortuna, que logró financiar la deuda externa de Costa Rica y El Salvador negociando con banqueros ingleses. Keith construyó redes ferroviarias en Centroamérica.

HEREDEROS DE LA ZONA BANANERA

Entre 1890 y 1931 les son adjudicados baldíos adicionales a militares y comerciantes que apoyaron la causa de la Independencia. Esta política de Estado también fue empleada para atraer al sector agrícola a inversionistas extranjeros. Por Ley, estos baldíos debían beneficiar a aquellos que trabajaran la tierra, pero, ante la ‘debilidad’ del Estado central para hacer cumplir la legislación en el ámbito local, una parte considerable de los terrenos titulados terminaron en manos de familias tradicionales. Lo anterior generó conflictos entre terratenientes y colonos, los cuales se intensificaron con el tiempo: 69 conflictos por tierra entre 1870 y 1900; 137 entre 1901 y 1917; y 241 entre 1918 y 1931 (LeGrand).

Entre los beneficiados de tierras se encuentran el general Tomás Cripriano de Mosquera, H.B. Tyler, Martín Salzedo Ramón, Manuel Dávila García, José Ignacio Díaz Granados, Tomás Abello, César Campo, María Noguera y Alberto Zúñiga.

Con la construcción de la vía férrea también se adjudicaron baldíos a las zonas aledañas a la vía. ‘Las élites samaria y cienaguera se aferraban a sus títulos coloniales, mientras los empresarios agrícolas solicitaban concesiones de tierra de baldíos nacionales. Entre 1892 y 1931 fueron adjudicados 29 baldíos en Ciénaga, Puebloviejo y Aracataca. En total, 29 mil hectáreas fueron adjudicadas.”

Sede de la UFC en Ciénaga, la edificación aún está en pie y se le da uso comercial.

29 personas, entre ellas Alberto Zúñiga, Francisco Dávila, el general Florentino Manjarrés, Manuel de Vengoechea, Luís C. Díaz Granados, José Páez de Castro, María Concepción de Durán, Charles Gautier y demás, se beneficiaron de esta política nacional.

“No cabe duda de que en las primeras décadas del siglo XX el grupo más respetable de Aracataca lo constituía los veteranos militares de la Guerra de los Mil Días, quienes se habían establecido en su territorio. Se deben destacar los nombres de algunos militares y empresarios que incursionaron en el negocio bananero, como el general Benjamín Herrera en la finca Colombia; y el general conservador Francisco Troconis y su hijo Manuel Francisco en la finca La Andalucía”, cuenta Joaquín Viloria.

[Leer nota: “Panorama del Siglo XIX“]

UFC COMPRA TERRENOS

Una serie de enfrentamientos entre colonos, agricultores locales, campesinos y hasta con las autoridades sostuvo la United Fruit Company debido a su intensa política de compra de tierras y denuncia de terrenos baldíos en la zona bananera del Magdalena. Claramente su objetivo era ampliar sus terrenos.

[Leer nota:«United Fruit Company, un gigante industrial»]

La United Fruit Company compró unos terrenos de la Colombia Land Co. esta sería su primera propiedad en la zona bananera. En su afán de adquirir nuevos terrenos negoció directamente con empresarios locales. El samario Manuel Dávila Pumarejo, propietario de la sociedad Santa Marta Fruit Company, firmó dos acuerdos con la UFC.

[Leer nota: “Economía y sociedad en Santa Marta en el siglo XIX“]

“El contrato establecía que la empresa estadounidense se comprometía a prestar la suma de 20 mil pesos oro a Dávila Pumarejo, al 6% de interés anual. Con estos recursos Dávila compraba terrenos que luego vendía a la Santa Marta Fruit Co., como ocurrió en 1910 con el traspaso de los terrenos de La concepción y La Santísima Trinidad de Aracataca. Estos terrenos habían sido denunciados a finales de silgo XVIII por Basilio García, abuelo de Manuel Dávila García y bisabuelo de Manuel Dávila Pumarejo.

Las viviendas reflejan la manera en la que vivían los ejecutivos de la época en los campamentos bananeros.

Dávila Pumarejo logró concertar gran parte de la propiedad original de La Santísima Trinidad de Aracataca (cerca de un 70%), con compras hechas a varios de los herederos de su bisabuelo, así como a otros propietarios como los Martín Salzedo Ramón, Juan Campo y descendientes de Pedro Díaz Granados.

Otros propietarios que vendieron a la Santa Marta Fruit fueron sus hermanos Francisco Rosa, José, Rómulo y Josefina Dávila, así como Urbano Pumarejo, tío de Manuel. En 1917 la Santa Marta Fruit Company vendió a la UFC estos terrenos, cuya extensión sumaba 8.115 hectáreas, divididos en cultivos de banano (1.455 hectáreas); pastos (198); y área sin cultivar (6.462).

[Leer nota:«Los ‘cortes’ del banano»]

De nuevo, en 1922 Dávila le vendió a la UFC 800 hectáreas de La Santísima Trinidad de Aracataca, por un valor de 90 mil dólares. Lo anterior deja en evidencia que la UFC favorecía a pocas familias locales como una forma de ganarse su apoyo en momentos en que tuvieran que negociar ante el gobierno local o nacional, tal como ocurrió durante la Administración de Reyes.

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