Connect with us

Análisis

Etnomusicología del vallenato

Opinión Caribe

Published

on

El vallenato es un género musical autóctono de Colombia, específicamente del Caribe. El vallenato es una mezcla de razas, un mestizaje de blancos, negros e indios, o más bien, una trilogía de instrumentos que un día se unieron para determinar la identidad cultural de una provincia, de una región, de un país.

Hablar del Vallenato es hablar de la música, de poesía, del ideario, de los discursos ligados a este panorama cultural desde la antropología y sociología, además de las personas que constituyen, rodean y protagonizan la historia de esta tradición.

Egberto Bermúdez en su publicación “¿Qué es el vallenato?: Una aproximación musicológica” en Ensayos afirma: “el vallenato no sólo era de Valledupar por antonomasia, sino de Santa Marta, Sincelejo… Riohacha. Sin embargo, la música de acordeón o de parranda quedaba bautizaba implícitamente como Valledupar”.

“Algunos teóricos van más allá de proponer que existe un “país de Upar”, o el “hombre vallenato” además de acuñar el término de “cultura vallenata” como extensión de adjetivo usado hasta entonces solo con referencia a la música.

ORÍGENES

En el libro Vallenatología: Orígenes y fundamentos de la música vallenata cuando se lee: “Se crea ideario de patria. Se sirve y ama a la patria por múltiples caminos. También se rinde culto a la nacionalidad aproximándose con amor a sus valores eternos”.

Según Molina, hay un proyecto patriótico en la creación del género, se podría hacer un paralelo conceptual con la creación de los cantares de gestas y sus diferentes versiones europeas para consolidar un héroe del Medioevo y con ello una identidad de patria que era equivalente a la tierra, por lo que se debía luchar e incluso morir.

El vallenato nace a partir de una amalgama de momentos históricos que afronta el país, en especial, la costa Norte colombiana, se enraíza como un legado cultural, se enmarca dentro de lo que denominamos folclor: “El folclor es, ante todo, un lenguaje, una forma de expresión… son los rasgos distintivos que hacen inconfundible un grupo étnico”.

Molina, al hablar del folclor colombiano señala que es como agrupar cumbias, paseos, sones y merengues, es hacer el camino que recorrió el acordeón europeo por La Guajira y su no aceptación por esta cultura, es decir, viajar hasta Riohacha a finales del siglo XIX, en la mezcla que sufren las culturas, las clases sociales, los instrumentos tales como la guacharaca indígena, bongo, tambor, es interesante ver la visión de aceptación de este ritmo de manera casi dual con el pre-establecido concepto Macondiano de tranquilidad, de trato al forastero, de vida pacífica en la que si bien se van dando cambios, estos son paulatinos y están contemplados tanto en la literatura como en las letras vallenatas.

Asegura Molina, que hay tres divisiones en el Vallenato:

Vallenato –vallenato: originado en Valledupar, la capital del departamento del Cesar, Colombia, tiene estrofas de cuatro versos de rima asonante, veamos un ejemplo:

“Yo soy el amor – amor

el amor que me divierte,

cuando estoy en la parranda

no me acuerdo de la muerte.

Por arriba corre el agua,

por debajo piedrecitas,

el hombre cuando es celoso

no busca mujer bonita”.

Y este a su vez contempla la siguiente división:

El Vallenato primitivo, el cual era interpretado por el pueblo casi analfabeto, con toda la picardía o la ternura características de la región.

El Vallenato costumbrista: Intérpretes como Rafael Escalona, Gustavo Gutiérrez, cantan en la época denominada de los estudiantes que salen de la Costa para ir a Bogotá o a otros pueblos y vuelven con sus pregrados para quedarse de nuevo en la región. Se baila suelto estilo baile antillano en el que se mueven las caderas. Compositores como Leandro Díaz hacen canciones de corte costumbrista y primitivo.

El Vallenato sentimental o romántico, que tiene como tema el amor y el amor frustrado, otras tendencias son las del vallenato moderno. El Vallenato sabanero, de tipo romántico, de lamento.

Remontándose un poco a la historia etnográfica del continente, Molina apunta que al ver los españoles debilitada la fuerza laboral por las infecciones y la gran carga de trabajo que les imponía a los indígenas y al necesitar mano de obra para conquistar y colonizar el continente, la suplieron al traer negros africanos que pudieran hacer las labores que habían sido encomendadas a los indígenas, se origina así una mezcla de razas, la autora presenta las siguientes clasificaciones:

negro + criollo = mulato

negro + indio =zambo

zambo + mulato = afroamericano

Es claro que esta situación empieza a tener implicaciones de tipo social y las letras del vallenato comienzan a ser el indicativo de la existencia de una población subyugada por una clase dirigente y a la vez los cantares manifiestan un desahogo social y sentimental; se dedican las letras como forma de enamorar y de crear y establecer lazos entre cierto grupo social que de una u otra manera era mirado con desdén.

Molina afirma, que cada momento histórico hace que se sume a esta conformación del vallenato un ingrediente clave para la misma. En la colonización, Fray Bartolomé de las Casas hace traer negros para la minería, actividad que provocó el casi exterminio de los nativos, ellos traen los ritmos de Mapalé, Currulao, y demás sones que bailan sueltos y concadencias sexuales.

Más adelante, el vallenato se va hasta la Zona Bananera, pero como la población que está en esta empresa es flotante, y con el tiempo se va extinguiendo, queda posicionado, pero con diferentes percepciones, el vallenato sabanero y bajero (de tonadas tristes). Esta zona (Región de la alta Guajira, Valledupar, Cesar) comienza a tomar palabras del español traído de España para formar sus propias expresiones.

A este respecto, Carlos Maldonado (investigador del folclor y procesos sociales) citado por María Ruth Mosquera en su artículo: Ese mestizaje llamado vallenato, explica que se trata de un proceso sincrético. “Los pueblos se formaron por medio de la hacienda, en las grandes plantaciones se encontraban gentes de todas partes, cuando apareció el acordeón lo tocaban solo y luego se fue fusionando con instrumentos nativos que ya estaban”.

Al carrizo o flauta indígena de la Sierra Nevada le ponían la caja y la guacharaca o una maraca y sonaba, pero al entrar el acordeón al territorio, se fusionó con la caja y la guacharaca y el producto de esa unión se denominó música de acordeón.

“Es lo que nosotros llamamos la organología musical del Valle del Cacique Upar o de la Provincia de Padilla”, precisa Maldonado, quien, además, instruye acerca del origen de la palabra vallenato (muy distinta a la que se encuentra también en algunos textos, asociándola al vitiligo o carate sufrido por algunas personas de esta región y el colorido del hijo de la ballena).

“La música de acordeón se desarrolló mucho en esta región hasta Aracataca, porque ese era el boom por la bonanza bananera; de acá iba mucha gente a trabajar allá y les preguntaban ¿de dónde es usted? Soy del Valle, ¿pero nato del Valle? Sí, nativo del Valle, así nació la palabra vallenato”.

Por lo que afirma, no se puede hablar entonces de un representante dentro de cada etnia dentro del vallenato, sino de los expositores de cada instrumento, pues todos ellos son mestizos, al darse las uniones entre españoles con indios y negros, lo que deshizo la autenticidad de las razas.

ANÁLISIS

María Emilia Aponte Mantilla en las conclusiones de sus tesis La Historia Del Vallenato: Discursos Hegemónicos y Disidentes, utilizada para redactar este artículo, afirma que el vallenato como lo conocemos actualmente es un producto cultural del Caribe que se presenta en sus inicios como la muestra musical y poética de las vivencias de pequeños pueblos que con el tiempo llegan a convertirse en himnos que identifican a toda la zona; de tal suerte, que no es fortuito el hecho de que a partir del vallenato se haya construido un ideario de identidad de una nación.

Sin desconocer lo que este ritmo aporta a la riqueza cultural de Colombia y sin negar la historia que lo conformó y siendo uno de los productos culturales más notorios de Colombia, no se puede ignorar el interés de la clase dirigente económica y política de la región y del centro de consolidar una zona de veraneo con altos potenciales para la diversión cultural y no solo el de la cruzada por el ‘folclor nacional’.

Este trabajo busca reconocer el valor y esfuerzo de todos aquellos que crearon este género musical; desde los esclavos con sus instrumentos primarios, pasando por los intérpretes que viajaban de pueblo en pueblo, hasta los artistas pop de la actualidad, porque a pesar de la comercialización y las letras por encargo y el festival-negocio que se erige en su nombre, el vallenato sigue vivo.

La manipulación de una cultura por medio de lo que se escribe, y se conoce de ella, hace que la historia sea contada para las futuras generaciones de determinada manera. Se puede decir que la cultura caribeña es abierta, descomplicada, espontánea, que la hace atractiva para adoptarla como la cultura nacional, desconociendo a todo un país tanto étnica como históricamente.

La historia se tergiversa al entrar en escena los intereses políticos y económicos de poderes nacionales y extranjeros, que crean un festival con el vallenato, no solo con fines recreativos, sino con el propósito de uniformar pensamientos y emociones de la población y así disipar cualquier ideología que subvierta los órdenes del gobierno de un país y sus patrocinadores económicos.

La diversidad lingüística oral del pueblo caribeño se ha podido estudiar en este trabajo, la facilidad para intercambiar términos, crear historias, enriquecer las de los ancestros, comentar de manera abierta los sentimientos de pareja, los hechos de una sociedad, lo noticioso y el diario trascurrir de un pueblo.

La gran riqueza en el manejo de la lengua en todas las canciones vallenatas manifiesta el contacto entre tradiciones orales diversas que van desde los indígenas con los españoles en la conquista, la colonia y los procesos posteriores que surgen en las poblaciones que tienen relación con el comercio, la convivencia con extranjeros en busca de nuevos comienzos en países tercermundistas y que da como resultado las muestras literarias orales que constituyen las canciones vallenatas.

EL ACORDEÓN EN EL MAGDALENA

Por su parte, Manuel Zapata Olivella en su publicación ‘Los pasos del Folclor colombiano’ explica la presencia del acordeón en el Magdalena, y sostiene que constituye uno de los episodios más interesantes en nuestro folclor. No es el único instrumento europeo que haya tenido tal difusión en nuestros medios rurales. En el Chocó, el clarinete tiene tanto o más cultivo que el acordeón en el Magdalena.

En ciertas provincias del Valle, Cauca y Nariño, el violín de confección casera es muy popular y no son pocos los virtuosos de su arte que no saben leer ni escribir, y mucho menos, el significado de signo musical.

La importancia del acordeón en el folclor magdalenense, y a través de él en el resto del país, toma creciente difusión, conformando notoriamente una nueva modalidad en nuestra música. Antes que todo, para comprender la incorporación del acordeón a nuestros aires musicales, hay que partir del hecho común en la evolución histórica de nuestro folclor, por el cual los instrumentos europeos, melódicamente más ricos que los primitivos de indios y africanos, han desplazado a estos, a la par que se han sumado a otros instrumentos autóctonos de acompañamiento.

En el Chocó, el clarinete ocupó el lugar de las flautas indígenas, lo que se repite en el litoral Atlántico con las gaitas caribes. El mismo fenómeno acontece con el violín de rústica confección en el Cauca y Nariño. Pero estos instrumentos no llegan a desplazar del todo a los criollos en las zonas anotadas y al lado de conjuntos con clarinete, es posible encontrar otros que todavía se componen de flautas indígenas. Igual cosa sucede en Córdoba, Bolívar y Atlántico, donde el clarinete que imita el ritmo cadencioso de las gaitas, no ha logrado extirpar el uso de estos instrumentos.

En el Magdalena, sin embargo, la historia del acordeón es otra. Ya fuese por el gran sentido musical del magdalenense que siente expresarse más plenamente con el acordeón que con la chirimía primitiva, o porque la cercanía de Aruba y Curazao, les permitiera obtener más fácilmente el acordeón, cosa difícil en regiones aisladas como en el Chocó o El Altiplano, lo cierto es que allí el instrumento europeo desplazó del todo a las flautas indígenas.

¿Cuándo y cómo se inició esta invasión del acordeón en el Magdalena? No se han hecho investigaciones serias, pero todo hace presumir que penetró por La Guajira con los contrabandistas de Aruba y Curazao. Conocida es la raigambre popular del acordeón en Holanda y Países Bajos y nada de extraño tiene que esta hipótesis sea la más verosímil.

Hay, sin embargo, quienes atribuyen la traída del acordeón a los inmigrantes de origen francés que se establecieron en las provincias del Magdalena. Sea lo uno o lo otro, puede afirmarse que su presencia no se remonta a mucho tiempo atrás, ya que ancianos valduparenses afirman tener memoria de los primeros acordeones llegados allí, traídos por inmigrantes europeos que entraron por Riohacha y La Guajira.

Cuentan los mismos ancianos que en un comienzo, con el acordeón solo se tocaban valses, polkas, mazurcas, pasillos, y que mucho tiempo después, los acordeones criollos, comenzaron a ejecutar con este instrumento los ritmos que se ejecutaban en las flautas indígenas.

Es claro, que el acordeón se sincretizó a los instrumentos regionales como lo hizo el clarinete o el violín en otras regiones.

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *