Connect with us

Análisis

Familias después de la tragedia

Opinión Caribe

Published

on

Días después de la tragedia ocurrida en Fundación comenzaron los inconvenientes en el interior de las familias de las víctimas. Las discusiones frecuentes acabaron más de un hogar; otros se fortalecieron y ahora son ejemplo de perseverancia. Mientras, algunas familias optaron por radicarse en otros lugares con el propósito de ‘pasar la página’ y olvidar un poco el dolor que les dejó aquel triste 18 de mayo de 2014.

Una de las familias afectadas por este hecho fue la de los Terraza Quintero. David y Sandra tuvieron cuatro hijos: Yerinson, Kaleth, Kenner y Shery. Dos de ellos murieron en el accidente del bus y hace dos meses falleció otro de sus hijos que padecía una condición especial.

“Envié a mis hijos a la iglesia por la insistencia de la señora que venía al sector a invitarlos y que también falleció en el accidente. Ella me decía que se los dejara llevar porque allá se iban a divertir. Cuando mis hijos se dieron cuenta de la buseta, les dio una alegría y al verlos así, empecé a cambiarlos y se los entregué, no como dice la gente que los mandamos solos. Con ellos iban ocho adultos”, contó Sandra.

El dolor, el sentimiento de culpa y la impotencia, influyeron tanto que, David y Sandra estuvieron a punto de separarse. “Al principio tuvimos muchos problemas, mi humor no era el mismo, yo le pedí a mi esposo en varias ocasiones que se fuera, que yo no quería estar con nadie, pero todo eso era porque yo me aferraba a lo que había pasado con mis hijos”.

La pérdida de sus pequeños ha hecho de esta estudiante de enfermería, una mujer llena de fortaleza y aunque es inevitable no afligirse por el dolor al recordarlos, hoy tiene la certeza de que sus hijos, sus ángeles -como ella misma los denomina-, están gozando del reino de Dios.

Por su parte, David Terraza, quien se dedica al mototaxismo, contó a OPINIÓN CARIBE que era la primera vez que sus hijos asistían a las reuniones de la iglesia. “Mi hijo me buscó y me dijo que yo no lo dejaba salir a ninguna parte y que le diera permiso para ir al culto, por eso los solté y mire lo que pasó”.

Tres años después siguen extrañando a sus hijos. En su vivienda ya no se escuchan las sonrisas y la algarabía por sus travesuras. En la sala se mantienen vivos los recuerdos a través de fotografías colgadas en las paredes y un caminador que se niegan a guardar.

Sandra, a quien le queda un solo hijo, le recordó al Gobierno Nacional la promesa que le hizo a la mayoría de las mujeres, sobre la cirugía de recanalización de trompas, en especial, porque muchas madres quedaron sin hijos y a pesar de su corta edad, no pueden concebir más.

Con la voz entrecortada y derramando lágrimas por ese dolor que taladra su alma, agregó, “yo solo pediría que me cumplieran esa promesa; a mí me quedó un solo hijo y se siente el vacío en mi casa; ahora que murió otro de mis niños, más. Me desconecté porque tenía cuatro hijos y jamás pensé que me tocaría vivir todo esto. Me hace falta tenerlos a mi lado. La niña era muy apegada a mí, era muy tímida y siempre andaba conmigo; en cambio, el niño era feliz jugando boliche y fútbol aquí en frente de la casa donde permanecían todos los niños”.

LA PÉRDIDA DE DOS PRINCESAS

Michel y Andrea Carolina Quintero Cantillo, de 8 y 6 años, respectivamente, fueron dos de los seis hijos de Rosa Cantillo, que fallecieron en el accidente. Según lo contó la mujer a este medio, sus hijas iban en el bus acompañadas con un hermano, quien logró saltar por la ventana antes de que el bus se incinerara por completo.

El hijo mayor de Rosa se salvó gracias a su astucia. “Al ver que las llamas se extendían, rompió una ventana de vidrio, pero cuando se iba a lanzar con otros niños, el bus explotó. él y su primo saltaron, pero como sus hermanas quedaron adentro decidió regresar, fue cuando se quemó una parte del rostro”.

Señaló, además, que “en medio del desespero, los niños le decían al conductor que les abriera la puerta y no quiso hacerlo, porque así me lo dijo mi hijo que iba con mis dos hijas y tres sobrinos”.

Aunque Ana sigue acompañada de su esposo y cuatro hijos, manifestó que con el paso del tiempo extraña más a sus niñas. “Aunque me quedaron cuatro, me hacen falta a medida que van creciendo”.

LA MUERTE DE SU HIJA LOS ACERCÓ A DIOS

La muerte de su pequeña hija Charit Durley le cambió la vida para siempre a la familia Barrios Rodas. Jorge Barrios, padre de la niña de siete años, aseguró, que la pérdida de su ser querido es irreparable.

Sin embargo, encontraron paz y tranquilidad refugiándose en el Todopoderoso. Jorge aseguró, que, si no hubiesen buscado de Dios, su familia estuviera desintegrada. Su esposa aún pasa por momentos en los que se deprime por la ausencia de su hija, pero sigue adelante tratando de mitigar su dolor.

“Pensé que mi esposa no iba a soportar la muerte de mi hija, porque ha sido una situación muy difícil, sobre todo cuando se aproximan fechas como cumpleaños o el día en que ocurrió la tragedia. incluso, cuando va a servir el desayuno y la cena, todavía distribuye la comida como si la niña estuviera con nosotros y la entiendo, porque eso no se supera así de fácil”, contó.

Después de la tragedia, Jorge, su esposa y sus dos hijos, empezaron a asistir a una iglesia en busca de consuelo. Con cierta resignación, el padre de Charit manifestó, que “nuestros niños partieron a la presencia del Señor y cada día confiamos más en él. Solo el Todopoderoso nos ha ayudado a salir de esto poco a poco; ni un psicólogo puede sacar este dolor. Estamos agradecidos con Dios porque entró a nuestro hogar y fortaleció a nuestra familia. Todo esto ha sido muy duro, pero nosotros estamos tranquilos y ahora le servimos a él”.

VIAJÓ PARA INTENTAR OLVIDAR

Ángel David, uno de los hijos de Astrid Salcedo, fue otro sobreviviente de la tragedia de Fundación. al igual que la mayoría de las víctimas, era la primera vez que asistía a las reuniones de la Iglesia Pentecostal.

“Mi hijo me pidió permiso para asistir al culto y se fue. Cuando estaba esperando la hora de regreso junto con una cuñada, venía una sobrina de ella corriendo con una camisa envuelta en la mano y el cabello quemado y yo empecé a llorar. Le pregunté si Ángel se me había quemado y me dijo que se había tirado por la ventana. Enseguida salí corriendo a buscarlo. Cuando lo encontré lo abracé y le di gracias a Dios porque había sido un milagro que él se salvara”.

A raíz de lo sucedido, Ángel les pidió a sus padres mudarse del municipio, pues ver cómo sus amiguitos murieron calcinados fue un momento que quedó grabado en su memoria para siempre. Actualmente, Astrid vive con sus hijos y su esposo en San Juan, La Guajira, para intentar borrar este triste episodio.

EL PERMISO QUE NO DEBIÓ DAR

Xiomara de la Hoz era madre de Marina Yiret, de cinco años, quien murió en el accidente, aún se arrepiente de darle autorización a su hija para que asistiera a la actividad programada ese domingo. “La gente nos juzga y nos culpa de lo que pasó. Yo siento que, si me equivoqué al soltarla ese día, pero era la primera vez que lo hacía. Si yo hubiese sabido que mi hija iba a morir no la dejo ir”.

“La señora de la iglesia siempre me decía que llevara a mi hija y yo le decía que no, porque el papá no trabajaba aquí y él era muy fregado con sus hijos. Mi esposo llegó de permiso el sábado y el domingo, la señora fue otra vez a molestarnos, y le dije que le prestaba a mi niña por ese día, pero que ya no fuera más porque no quería tener problemas con el papá.

Ella nunca me comentó que viajarían en ese bus. Mi casa quedaba a una cuadra de la iglesia, así que no había necesidad de utilizar el vehículo. Me preguntan por los señores del bus y yo no sé nada porque era la primera vez que mi hija iba”, contó.

Sin poder contener sus lágrimas, Xiomara sostuvo que la pérdida de su hija es irreparable, que lamenta el hecho de que no puede tener más hijos. “Cuando mi pelaito me dice que quiere tener una hermanita y yo no se la puedo dar, para mí es durísimo”.

Aunque algunos padres se muestren un poco más resignados que otros, todavía se puede observar en sus ojos el inmenso dolor que sienten por la partida inesperada de los Ángeles de Fundación, sobre todo por la vulnerabilidad y el efecto que ha tenido en sus vidas.

Han transcurrido tres años después del suceso y sigue vivo el recuerdo de aquella mañana fatídica en que 33 niños partieron al cielo dejando el corazón destrozado a todo un país.

 

 

 

Click to comment

Leave a Reply

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *