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Poema al vigilante Rafael Viloria Franco (QEPD)

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¡Como nos duele en la ciudad!
Cuan doloroso es registrar
la muerte de un buen samario,
con palos, ladrillos y piedras
y un vil cuchillo culinario.
Banda de malhechores indolentes
en malos pasos andando,
con crueldad y con sevicia,
consumaron la desdicha
a un humilde vigilante.
Punzado y tasajeado,
cual se taja un bocachico
y de remate lapidado
y su cráneo abovedado.

Jamás clemencia pidió,
ante ataque tan salvaje
de esa cuerda de villanos,
que en vicio, robos y atracos
parecen estar cebados.

Como en un romano circo,
grupo de espectadores,
impávidos observaron
su desgracia y su martirio;
sin apoyo, compasión y sin auxilio,
desoyeron sus quejidos lastimeros
e indolentes, registraron
el video de la matanza
y en las redes publicaron
sabe Dios con que intenciones.

Su sangre tiño la arena.
¡Grave afrenta ciudadana!
Y aunque es tarde, hoy reclama
justicia, reparación y castigo
por la sangre derramada.
Que el crimen no quede impune,
que paguen tan cruel delito
esos malditos truhanes,
sin Dios, sin alma y sin perdón;
sin una pizca de amor
y humana consideración.

Por mucho que hoy se lamente,
su sangre marcará por siempre,
¡a este pueblo indolente!,
¡a esta ciudad remolona!
¡Que siempre tarde reacciona!

ABEL RIVERA GARCÍA

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