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Educar en serio

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Rubén Darío Ceballos Mendoza

En educación lo más importante es mirar el futuro con ambición, pertenencia, espíritu de superación, visión compartida en áreas fundamentales para desarrollarnos y crecer como Distrito, Municipios y departamento, sobre todo cuando no tenemos nada significativo en ciencia, innovación y creación de empresas. Nos falta un cambio total en la educación, estamos en la llamada ‘Cuarta Revolución Industrial’, que, aunque ya entrada en años, es una revolución amplia, más allá de la industria, que se focaliza en un mundo distinto de inteligencia artificial, de ingeniería genética, que produce y producirá ‘subrevoluciones’ (digital, tecnológica y robótica), como afirman estudiosos de la materia. Sobre lo cual no se puede alejar Santa Marta como Capital y el Departamento del Magdalena en general.

Hoy, el crecimiento depende más que antes de la creación y distribución de conocimiento válido (que no inútil) y de aprendizaje significativo, ya que el  conocimiento no es lujo ni entretenimiento sino un bien de cambio que genera crecimiento (economía del conocimiento), necesidad frente a la cual la denominada ‘sociedad del conocimiento’ produce sus respuestas respecto de cómo crear y distribuir el conocimiento necesario para su sustentabilidad,  más cuando la manera de pensar la educación frente a esta ‘crisis’ que vive no es creativa, sino más bien desfavorable.

En educación hay que mirar para adelante, la que tenemos ya no es válida como respuesta dado que la sociedad que la generó no existe y por haber signos de agotamiento (deserción, ausencia de docentes, obsolescencia, presupuestos insuficientes, escasa competencia docente). Requerimos un nuevo modo de distribuir conocimiento/aprendizaje, produciéndolo bajo criterios de perfilamiento, prueba, error, recomenzar, éxitos relativos y modificaciones en contexto de mejoramiento permanente y continuo, proceso en el que aparecen conflictos de interés, esfuerzos por mejorar lo viejo, líneas alternativas que coexisten con todo lo anterior y acaban ganando e imponiéndose.

El cambio como respuesta debe surgir tanto del Estado como de lo privado. Debemos y tenemos que preocuparnos por la mala distribución del conocimiento (educación), hacer surgir una imagen-objetivo de futuro de donde sea dable derivar un nuevo sentido, una nueva mística, como bien lo exige la sociedad del conocimiento actual que demanda aprender a aprender, lo que determina que no se necesite como la panacea de soluciones la oferta de vacantes en un sistema escolar. Lo que vale es la oferta de oportunidades de aprendizaje significativo para todos, pero reguladas cabal y seriamente por el Estado.

Interesa reconocer, discutir y difundir las nuevas tendencias ya presentes, tarea que ayudará a crear nuevas rutas para apurar los cambios necesarios. Converger acuerdos para avanzar y superar lo históricamente dado. No entender este proceso nos dejará a la vera del camino y por fuera de lo ya establecido en el mundo, lo cual debemos aprovechar para mejorar nuestra educación en todo sentido y a todos los niveles. Urge reorientarnos bien y mejor en este necesario proceso, más cuando el saber es un bien de cambio en la sociedad del conocimiento y la información.

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