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Sylvia Bloom, la secretaria millonaria que donó su fortuna

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La donación fue hecha por una mujer de Brooklyn que trabajó como secretaria en ese despacho legal durante 67 años, al momento de jubilarse tenía 96 años, poco después murió en el año 2016.

Y no los donó un benefactor multimillonario, sino una mujer de Brooklyn que trabajó como secretaria en el mismo despacho legal durante 67 años. Se jubiló a los 96 años y murió poco después, en 2016.

Sylvia Bloom era su nombre y nadie sabía que la mujer contaba con tan considerable suma de dinero, ni sus amigos más cercanos ni sus familiares tenían idea de que hubiese reunido una fortuna a lo largo de las décadas. Lo hizo de una manera particularmente habilidosa, al observar las inversiones que hacían los abogados para los que trabajaba.

“Era una secretaria en una era en la que ellas se hacían cargo de la vida de sus jefes, incluyendo sus inversiones personales”, recordó su nieta Jane Lockshin. “Así que cuando el jefe compraba acciones, ella las compraba por él, y luego hacía lo mismo a nombre propio, pero invirtiendo una menor cantidad, dado su sueldo de secretaria”.

La mujer guardó silencio sobre su gran fortuna, ni siquiera con sus más allegados habló acerca del tema. La fortuna a su nombre registraba un monto de 9 millones de dólares al momento de fallecer, esta fortuna estaba repartida en tres casas de bolsa y once bancos. El hecho solo salió a la luz una vez que murió, “es algo que te deja perpleja”, dijo Lockshin, albacea de bienes de Bloom.

El testamento de esta exsecretario disponía que una parte del dinero fuera destinado a sus familiares y amigos, pero la mayoría iría a financiar becas de elección de Lockshin para niños y jóvenes necesitados.

Lockshin, tesorera desde hacía mucho tiempo del Consejo de Administración de Henry Street Settlement. Aunque la riqueza de su tía fue una sorpresa, el plan de Bloom para ayudar a los estudiantes no lo era, agregó.

Los padres de Bloom, quien nunca tuvo hijos, eran inmigrantes de Europa del Este y creció en Brooklyn durante la Gran Depresión. Asistió a escuelas públicas y cursó la universidad en horario nocturno mientras trabajaba durante el día para que le alcanzara el dinero.

En 1947, comenzó a trabajar en un incipiente bufete de abogados de Wall Street, fue una de las primeras empleadas. A lo largo de 67 años, esa empresa, Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, creció hasta alcanzar su tamaño actual, con más de 1200 abogados y una nómina de centenas de personas. Bloom fue la que más tiempo trabajó ahí, comentó Paul Hyams, ejecutivo de Recursos Humanos de la firma que fue amigo de la mujer durante los 35 años que él estuvo ahí.

Bloom se casó con Raymond Margolies, quien murió en 2002, un bombero de la ciudad de Nueva York que, tras jubilarse, se convirtió en maestro de escuela y trabajaba también en una farmacia, según cuentan sus familiares.

Lockshin comentó que casi todo el dinero estaba a nombre de Bloom y añadió que era “muy posible” que ni Margolies estuviera enterado del tamaño de la fortuna de su esposa.

La pareja vivía modestamente en un apartamento de renta controlada, aunque “ella podría haber vivido en una calle elegante, como Park Avenue, si hubiera querido”, afirmó Hyams, su amigo de la firma legal.

Bloom siempre tomaba el metro para ir a trabajar. Justo antes de que ella se jubilara, Hyams recuerda que vio a Bloom, entonces de 96 años, salir del metro y dirigirse al trabajo pese a que había una feroz tormenta de nieve.
Hyams dijo que quedó “absolutamente atónito” cuando supo de la fortuna de Bloom tras su muerte. “Nunca hablaba de dinero y nunca se dio la gran vida”, dijo. “No era pretenciosa y no quería llamar la atención”.
Lockshin mencionó que 2 millones de dólares adicionales de la herencia de Bloom se repartirían entre Hunter College, el alma mater de Bloom, y otros fondos de becas escolares.

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