Edición impresa
El Yin Yang del arte
A Luís Eduardo Rincón se le puede definir de una manera: un artista en todo el sentido de la palabra, quien ha recorrido el mundo, nutriendo su obra y exponiéndola en sitios que lo convierten en un ‘trotamundos’.
Yeinnis Hincapié Turizo
Era un día común en la samaria, el viento se estrellaba contra las ventanas, provocaba sentirla más allá de solo tener su sonido en la mente. Así que decidí salir un rato y caminar sin rumbo, vivir cada paso disfrutando aquella sensación que causaba el clima de aquel día. El camino me llevó a El Rodadero, lugar donde la brisa se combinaba perfectamente con las palmeras, el sol y el mar. Mientras recorría la playa me llamó la atención un hombre pintando aquel paisaje azuloso, y en su expresión, tenía plasmado el sentimiento de ese momento. Tuve mucha curiosidad y espere a que terminara de pintar, me acerque a él y conversamos un rato, estaba un poco apresurado porque debía ir a casa, intercambiamos números y quedamos en vernos al día siguiente.
Su manera de pintar me había dejado asombrada, así que al día siguiente por la mañana le escribí, quedamos en vernos ese día por la tarde en su casa para seguir aquella conversación. Para mi fortuna, vivía cerca de mi casa, en Gaira. Lo visité, me recibió amablemente junto a su hija, una niña de dos años que expresaba inocencia y pureza en su rostro. A diferencia del día anterior, no había mucha brisa, y su voz en aquel momento me preguntaba si me gustaba el té, fue como música para mis oídos. Le expresé que sí, sacó una jarra con agua, unos sobres de té y empezó a prepararlo en la estufa. En mi mente, reía porque en realidad pensé que era té helado. Seguimos al segundo piso, era un cuarto fantástico, había pinturas y dibujos por todos lados, desde desnudos y retratos en blanco y negro, hasta paisajes de Santa Marta muy coloridos.
Empezó a contarme los que significaba el arte para Luís Eduardo Rincón: “para mí es esfuerzo, convicción, vocación, estudio, sacrificio, satisfacción, trabajo, lágrimas, risas, es la vida y es la muerte. Cuando lo relaciono con mi vida es como las alas del alma, esa parte humana que te hace sensible, dentro de una sociedad que está llena de leyes y reglas, que te cohíben. Y es que el arte es eso, un elemento esencial que te da libertad, y se vuelve un espacio necesario, al ser un gen que está en cada uno”.
Iba a seguir hablando, pero se acordó del té que estaba en la estufa y bajó a servirlo. Mientras él lo hacía, apreciaba sus pinturas y me transportaba de cierta manera a una historia. Pero, ¿qué había detrás de aquel hombre que pintaba esos lienzos mágicos?, subió y me entregó una taza de té y le comenté que estaba intrigada por saber quién era. Sonrió un poco ingenuo, expresando: “nací en Aguachica el 5 de noviembre de 1981, recuerdo que mi época dorada fue entre los 6 y 8 años donde la inocencia estaba presente, esa luz en la que vivía se apagó el día que la violencia toco las puertas de mi familia. Solo tenía 8 años cuando sufrí la pérdida de mi padre. A raíz de esto, me radiqué en Bucaramanga, el cambio fue un poco duro, porque pasaba de vivir en un pueblo a una ciudad grande, en las que había nuevas personas, la mayoría de las que conocí muy buenas y humanistas”, comenta Luís Rincón mientras cargaba a su hija, se transportó a su infancia, recordándolo que había sido él. “Pinto desde niño como mi hija, pintando las paredes de la casa; de manera seria desde que tuve las primeras clases a los 13 y 14 años, con Omar Bordillo en Bogotá, dibujo; con Franklin Ramos, pintura. Con él realicé mi primera pintura en tela, un bodegón”.
“Empecé a investigar sin saber qué buscaba. Me pregunté, ¿para qué quiero esto? ¿Qué voy a hacer? Este último interrogante aún no lo he resuelto, pero sigue la idea de pintar, porque puedo vivir del arte, pero no ha sido fácil, es un proceso difícil y sabroso porque pasa de todo, a veces se confía y se pierde; hay personas que actúan de buena fe y otras que roban obras, pero eso no es impedimento, el pulso del artista también es la formación, la necesidad de aprender más, de adquirir conocimiento, de no cerrarse, pensar que esa es la verdad, porque el absoluto en el arte no existe, es relativo, el absolutismo es para la parte espiritual y religiosa, lo relativo al arte, al oficio y una buena gestión para poder vivir”, continuó contando con una mirada fija.
“He vivido en varias ciudades de Colombia, pero no demoro más de cinco años en un lugar, es una regla que cumplo por inercia, lo hago para cambiar el horizonte y el diccionario visual de mi mente. Estuve un tiempo corto en Barranquilla, de esa ciudad me llevé el sentimiento de la forma de celebrar el fin del año y la sensación de la brisa rozando mi rostro en Bocas de Ceniza. También viví en el Eje Cafetero, en Armenia y en Bogotá. En esta última atravesé un momento difícil, porque estaba viviendo solo y la situación económica por esos años era bastante cruda, además, me robaron muchas obras, tanto que me dejaron sin una producción, pero el karma existe y la persona que me robó, años después me pagó con un tercero que se enteró del caso”, terminó diciendo con una sonrisa un tanto ingenua.
“En Caracas viví una época de exposiciones, pero también momentos duros. En unos de mi viaje me detuvieron en la frontera, porque no tenía como comprobar la propiedad de mis obras, los guardas querían una pintura, pero me negué. En un paisaje gris que indicaba que me llevarían a otro lugar, me tocó acceder a su petición bastante incómodo”, contó entre risas Luís Rincón.
UN DÉJA VU
“Tres años después, experimenté un momento que ha marcado mi vida. Me encontraba en una playa del Estado Aragua, mientras disfrutaba de un baño, experimenté como el agua se apoderaba de mi vida, en el momento que me sumergí por última vez, vi la silueta de una mujer que me extendía su mano e intentaba aferrarme a ella, pero mi esfuerzo no era suficiente. Me causó mucho impacto porque nunca había tenido una experiencia cercana con la muerte. Dibujé la figura de esta dama en muchas partes. Y para mi sorpresa la conocí dos días después, por lo que fue muy especial, desde que llegó a mi vida le ha dado un rumbo diferente, una proyección, me dio la mano en el sentido de darme aliento, ese aliento de vida que faltaba, al decirme “no te rindas, cree en lo que tú haces”. En su expresión reflejaba agradecimiento, el brillo de la nostalgia se apoderaba de él en aquel momento.
“Ella es rusa, fue un amor de flechazos, creo que el lenguaje del arte también ayudó, no nos comunicábamos mucho por el idioma, pero nos entendíamos. Afortunadamente, hoy la mujer detrás de la silueta es mi esposa, le propuse matrimonio hace ocho años después, un momento difícil, que al final me anunciaba algo satisfactorio”, contó esta vez, con una sonrisa un tanto pícara.
“Ese año, 2015, quedó embarazada de nuestra hija Eugenia. En octubre viajamos hacia Santa Marta, nuestro lugar de residencia actualmente. Hemos viajado a Japón, España, Islandia, Finlandia, San Petersburgo y Rusia, este último, siempre a final de año, a visitar a la familia, aprovechamos las gangas para viajar”, continuó relatando Luís Rincón.
“He asistido a festivales como el de Bodypaint en Caracas, también en San Petersburgo y Armenia. En 2006 me otorgaron un premio único del Ecomuseo de Caroní de Guayana, Estado Bolívar”, dijo, mientras miraba a su hija jugar con algunos colores.
Luís Rincón se levantó, agarró el pincel y expresó, “creo que hay una vocación y una convicción , no puedo explicar muy bien cómo es que existe la vocación, habría que hacer un estudio más profundo de la mente y la convicción es el uso de esa herramienta que tengo; tengo la convicción de que tengo esta vocación, a veces me he perdido, he decaído un poco, pero vuelvo a levantarme, es algo que nace por necesidad y también por satisfacción, el interés más grande es que me hace feliz pintar, me ayuda a expresarme, no soy comunicativo, normalmente con la gente no soy carismático, y me gusta expresar mis ideas a través del arte”.
Tomó su bitácora y dijo, “mira cuando tengo tiempo libre o estoy esperando algo, siempre la llevo, ya sea al banco o al médico, siempre la tengo disponible para pintar y dibujar, es una forma de meditación que me saca de esa inestabilidad de no hacer nada”.
En las paredes había muchos paisajes que representaban lugares del Magdalena, me dejó impactada y curiosa, en ese momento pensé que quizás pintaba ciudades, y para salir de esa duda le pregunté si pintaba sobre esta temática, me quedó mirando fijamente con sus ojos llenos de seguridad, volteó un poco hacia la ventana y dijo: “pienso diferente, pues quizás no me he puesto en la tarea de hacer una especie de estudio de las temáticas que he pintado anteriormente, pero eso no está condicionado del contexto. En Santa Marta he explorado en el paisaje, con las pinturas me relajo, porque estoy abordando eso, en algunos otros lugares quizá no hacía lo mismo porque el paisaje no me transmitía nada, en las ciudades no me llama la atención el concreto, y lo interesante de este lugar, es que conserva esa parte natural, humana, eso me gusta, es como ese contraste que se puede ver, la luz me influye mucho, es fuerte y variada, dependiendo la hora del día, y en ella está el color”, asegura Rincón.
Se detuvo un momento y buscó un cuaderno en los que tenía muchos dibujos de Santa Marta a lápiz grafito, carboncillo y color, sonrió y continuó: “tiene una parte muy bonita como la Bahía con algunas edificaciones modernas, pero también te encuentras unas calles que reflejan un poco de pobreza y una estética conservadora, porque uno casi que se puede trasladar en el tiempo observando esas casitas de más de 50 años. También hay una parte histórica que uno puede conocer y analizar, su época colonial; creo que eso es lo que ha hecho que me enfoque en ese contexto, me atrae eso y pues no me gusta pintar la miseria, rescato lo bueno y trato de abordar el tema, mostrando que hay pobreza, pero que dentro de ella también hay riqueza”.
El día se despedía, y la luna le daba la bienvenida a la noche, era hora de ir a casa, así que me despedí, le agradecí por el tiempo brindado y me fui con una nueva historia en mi cuaderno, la del el Yin Yang del arte.







You must be logged in to post a comment Login