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Creciendo sin control

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Sobre los cerros y la ronda hídrica del río se levantan hoteles y restaurantes, la mayoría de ellas sin licencias de construcción y de propiedad de extranjeros, que emplean a sus coterráneos a cambio de comida, estadía y en algunos casos por droga.

Paola Ramírez
Daniela Pírela
Luís Gutiérrez
Alexandra Beltrán

Todos se preguntan, ¿qué tiene Minca que embruja? La mayoría de los extranjeros que arriba a este antiguo asentamiento de los Tayrona se queda a vivir en este lugar, desde donde se aprecia el fabuloso marco de la Sierra Nevada bañado por un río de agua fría y cristalina, que arrastra los secretos de las culturas aborígenes de este corregimiento de Santa Marta, que crece urbanísticamente a la velocidad de la luna y sin control, como le pasó a Taganga.

Taganga como Minca, son corregimientos bendecidos por la Madre Tierra, cada uno tiene un potencial turístico diferente: un destino que ofrece sol, playa, que contrasta con lo urbano y lo rural; y el otro, una experiencia con la naturaleza exuberante, llena de misticismo. Tan diferentes, pero con tanto en común, porque su población visitante es extranjera, es la que ha hecho inversiones a rodo en construcciones como hostales, cabañas y hoteles, los cuales han traído desarrollo económico, pero a la vez, han desencadenado una serie de problemas ambientales y sociales.

Las construcciones en Minca cada vez son más recurrentes, propietarios de hostales y hasta nativos, empiezan a hacerlas sin permisos obligatorios como el de la Curaduría y Secretaria de Planeación. “Minca crece de manera desorganizada y lo que es peor, sin respetar las leyes que prohíben la construcción sobre el río o sus laderas. En este caso, las zonas de ronda, porque a partir del artículo 83, literal del Decreto 2811 de 1974, el cual crea una franja de 30 metros, que, con la Constitución Política de 1991, denominada también Constitución Ecológica, se eleva a rango constitucional del derecho colectivo de gozar de un ambiente sano y garantizar la conservación de áreas de especial interés ecológico, pero, también se advierte que esta responsabilidad de conservación no es solo del Estado sino de las personas”, expone el Observatorio de Seguridad en una investigación adelantada en el corregimiento.

Por lo anterior, el edil de la Localidad III de Santa Marta, Víctor Riatiga, denunció que “A Minca se la están vendiendo a los extranjeros. Se están construyendo hoteles alrededor del río, no hay un control ni normas claras para las construcciones. Como moradores nos preguntamos, ¿qué hace Corpamag para regular esto? Todas las fuentes hídricas las están comprando, hoy nuestros campesinos se ven afectados, porque les están cerrando las vías de acceso. Es importante que estos extranjeros, que vienen a comprar terrenos, hagan algún tipo de trato con el campesino residente, puesto que lo están desplazando; sobre la mesa le ponen gran cantidad de dinero, y como es lógico, proceden a vender”.

Según la investigación del Observatorio de Seguridad de Santa Marta, “la situación más grave con los extranjeros es que se apoderaron -de manera legal- bajo compra, de los cerros y de los lugares que tienen mayor posibilidad de expansión turística. Elevaron los precios, de tal modo, que no son competitivos con los locales. Un terreno puede costar unos $100. 000. 000”.

En Minca se pueden apreciar construcciones sobre la ronda hídrica del río ocasionando un impacto negativo en el medioambiente.

El párroco del corregimiento, Ismael Torres Delgado, expone que, “Minca es un lugar que ha venido de menos a más. De un tiempo para acá, los ojos del mundo entero están puestos en este territorio, es un lugar de mucho progreso, tenemos residentes de todos los países del mundo, lo que nos ha enriquecido culturalmente, pero me preocupa el daño ambiental, porque al llegar el progreso impactamos al medioambiente de una manera considerable. Eso sí, habría que revisarlo y controlarlo para que este pedacito de mundo que Dios nos dio, lo conservemos”.

Además, el párroco agrega, que “las construcciones vierten aguas negras al río, hay que mirar cómo salir de esta situación. Pienso que Planeación debería analizar con más detenimiento lo que pasa en Minca. Las normas urbanísticas puede que estén, pero hoy, es tan fácil pasar un billete y así saltárselas. Minca está creciendo de manera desorganizada. Aquí nadie ha sido sacado a la fuerza, ni nativos, colonos y campesinos. Al que quiso vender en su momento su parcela, nadie lo obligó. De pronto, el ruido y el impacto ambiental es lo que está haciendo que se desplacen los indígenas, porque ellos sí veneran la naturaleza, por lo que van refugiándose en la parte más alta, donde todavía hay silencio y más conservación de la naturaleza”.

Al caminar por Minca se evidencia como han sido levantadas edificaciones sobre las faldas de los cerros y alrededor de la ronda hídrica del río. “Hay que ocuparse urgentemente de Minca, quiero aclarar que el Curador Urbano expide licencias con base en las normas existentes, pero no vigila y no controla; el control urbano, lo hace el Inspector de Policía, puedo asegurar que la mayoría de las construcciones en este corregimiento es ilegal; son muy pocos los que solicitan licencia de construcción y nos hemos dado cuenta a través de las noticias. La Curaduría Urbana II, por ejemplo, expide las licencias, pero tener una valla no significa que las haya entregado, ello solo indica que se radicó una solicitud”, resaltó, Mónica Villalobos, curadora Urbana II de Santa Marta.

Por su parte, el secretario de Planeación, Francisco García Rentería, explica, “en Minca son contadas las edificaciones que tramitán licencia. Lo primero que se debe hacer es convencer a las personas para que pidan su licencia, y esto se hace con control urbano; lamentablemente para nuestra suerte como Secretaría de Planeación, el Código Nacional de Policía desde 2016 le dio la competencia del control urbano a los inspectores, porque es catalogado como un tema de orden público y policivo”.

Lo segundo, para contrarrestar las construcciones ilegales en Minca es necesaria la actualización urgente del Plan de Ordenamiento Territorial de Santa Marta, donde se estipule el uso del suelo. “No hay normas precisas para el desarrollo del ecoturismo, según el POT, está permitido en todo el suelo rural, pero este no es claro al respecto, se requiere con urgencia actualizarlo para que haya un control estricto, sin esas dos cosas puede pasar en Minca lo que pasó en Taganga”, enfatizó, la Curadora Urbana II de Santa Marta.

Por su parte el Secretario de Planeación explica que “el POT en ciertos sectores tiene ambigüedad, hemos encontrado que un predio tiene diferentes interpretaciones de norma, pero lo que toca es tratar de controlar la licencia acorde a la vocación turística de Minca”.

Actualmente, el control urbano recae sobre el Inspector de Policía y los alcaldes menores de las localidades. “Las licencias que se expiden en la zona rural tienen que pasar por Corpamag para solicitar los permisos para aprovechamiento forestal, vertimientos y concesión de agua, tanto Corpamag como la Alcaldía a través de los alcaldes menores deben hacer ese control, nosotros respondemos por la licencia que expidamos sobre si cumple o no con la norma”, precisó la curadora, Mónica Villalobos.

La presidenta de la Asamblea del Magdalena, Claudia Patricia Aarón, bautizó a la Corporación Autónoma Regional del Magdalena, Corpamag, como ‘Corpana’. “Cada día crecen las denuncias de la comunidad y no hay control por parte de Corpamag, pero sí recibe grandes sumas de dinero, tiene cantidad de contratos, pero no hace nada. Parece que el Director sufre de pánico escénico”.

Según la Curaduría Urbana II, en 2018, el 35 % de las licencias de construcción solicitadas en la Curaduría Urbana II de Santa Marta fue desistido, porque los procesos no se completaron, pero el crecimiento fue significativo en Minca con la construcción de nuevos hostales y hoteles.

El gerente de Proyectos del Magdalena, Fabio Manjarrés, considera que es bueno hacer la reflexión en cuanto al crecimiento y capacidad de carga del corregimiento de Minca. “Las obras de infraestructura vial avanzan, pero no de forma paralela a la organización del territorio y eso es nefasto para los modelos de desarrollo. La capacidad de carga de Minca hay que medirla y esta va constituida por la capacidad de la oferta de servicios públicos, calles y de todas las infraestructuras que tiene hoy para mostrar. El debate debe darse pronto, Minca no puede sostener una capacidad de carga inadecuada, porque se cometería el error de Taganga, no sirve invertir, sino se optimiza y organiza del territorio. Debe establecerse un plan de manejo de visitantes y de capacidad de carga o no a mediano plazo, ya que en dos años vamos a tener problemas mayúsculos de tránsito, ambientales y de servicios públicos”.

El diputado Luís Vives coincide con el Gerente de Proyectos del Magdalena en que se debe hacer un estudio de capacidad de carga de Minca, además de proteger el entorno ambiental. “Con el paso del tiempo nos damos cuenta de la importancia que tienen los ríos y hay que protegerlos. En las rondas hídricas del río comienzan las pequeñas invasiones y al cabo de un tiempo, se construyen casas de gran tamaño, a pesar de insistirles en que tengan mucho cuidado con eso”.

Según el edil de la Localidad III de Santa Marta, a Minca se la están vendiendo a los extranjeros.

La subdivisión de los predios en unidades pequeñas agudiza el problema urbano en Minca, porque se fragmenta el hábitat causando problemas ambientales. “La norma indica que la subdivisión mínima de un predio es de 73 hectáreas, pero tienen lotes de 100 hectáreas y lo dividen en 25 y hasta de media hectárea de mil metros cuadrados, el problema es de la Oficina de Instrumentos Públicos que si permite la subdivisión de estos predios en áreas menores a las de 15 hectáreas.

Mientras que el inconveniente en el caserío principal es que están vendiendo predios de hasta 60 metros cuadrados cuando el mínimo según la norma está en el sector entre 120 y 200 metros cuadrados”, señala el secretario de Planeación, Rentería.

Los propietarios de restaurantes llenan el río de mesas para que las personas consuman alimentos y bebidas. “El río se convierte en un vertedero de desperdicios de comida, botellas y toda clase de desechos. Es preciso aclarar, que esta agua la consume parte de los ciudadanos de Santa Marta”, expone en un aparte el informe de análisis del Observatorio de Seguridad de Santa Marta.

Además, el Observatorio de Seguridad de Santa Marta, señala, que “existen diferentes fundaciones que, con el apoyo de dinero extranjero, pasan proyectos que no se implementan, es decir, la comunidad luego de que pasa el fin de semana organiza una delegación para ir a los ríos a limpiar, a recoger la basura, y las fundaciones van, toman fotos como evidencia, y se llevan el crédito por estas acciones hechas por la comunidad. Eso ha sido un problema constante, se han enfrentado varias veces, debido a que no les aportan nada al pueblo”.

Agrega el Observatorio de Seguridad y Convivencia, que “Minca sigue creciendo, cada vez hay más hostales, restaurantes, bares, y los dueños son extranjeros, algunos de ellos solo llegan para vivir sin ningún negocio; otros, montan su imperio, con diferentes negocios asociados al turismo. En Minca, en cada esquina hay una construcción, ya sea casa, hotel, hostal, bar, restaurante, pero ninguno tiene los permisos obligatorios para dichas construcciones”.

El Secretario de Planeación del Distrito, considera que de no generarse los controles a tiempo se convertiría en otra Taganga, donde hay un problema de ambigüedad de la norma, pero también de falta de control y cultura ciudadana.
“Las autoridades tenemos que ver con el tema de las normas en este caso lo estamos haciendo con el POT para que quienes tengan competencia en el control urbano, las puedan ejercer, pero el gran problema se resuelve si empezamos a tener cultura ciudadana y a respetar las rondas hídricas por un tema de riesgo y ambiental”.

De no tomarse medidas sobre el crecimiento desorganizado en Minca, este corregimiento se convertirá en la otra Taganga de Santa Marta.


NOTA DE REDACCIÓN

*Algunos nombres fueron cambiados por seguridad de los entrevistados.

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