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Despegar o despegar Santa Marta

Opinión Caribe

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Despegar, proyectarnos, prospectarnos, definir estrategias, desarrollarnos, producir, competir, crecer, consolidarnos como ciudad ha debido ser siempre nuestra consigna, metas que hoy más que nunca deben ser irrenunciables y estar en el orden del día de todos los samarios, cuando nos acercamos presurosos a los 500 años de fundación por el Adelantado Don Rodrigo de Bastidas. Fuimos un territorio visto afortunadamente con ojos de bondad por el Gran Arquitecto del Universo, pero desafortunadamente su dirigencia no ha sido lo suficientemente capaz de hacer de ella la grande ciudad que debería, no obstante, las infinitas riquezas que nos regaló la diosa naturaleza.

Más no es tiempo de lamentaciones, sino de pensar en esa gran ciudad que debemos y tenemos que ser. Segura, educada, pujante, impactante, ejemplar, ordenada, provista a tope de sus servicios básicos y complementarios. Un referente regional, nacional e internacional atendiendo su natural vocación. Una población que no se contente como vemos que lo han hecho muchos, como lo hiciera Lázaro, con las migajas del rico Epulón. No podemos ser una comunidad que alaba alborozada, obras de poca monta y ninguna significación. Paños de agua tibia que no alivian ni siquiera de lejos ni en manera alguna, los males mayores que padecemos.

Una ciudad que ha desaprovechado citas nacionales e internacionales de importancia para haberse hecho a obras de relevancia y no con la construcción de obras inconclusas y escenarios menores que si bien lucirían en municipios pequeños, no en una ciudad como Santa Marta, requerida de mostrarse sorprendente ante la faz nacional y comunidad de naciones; todo lo cual, por la falta de una decidida y robusta gestión que nos hubiese afirmado en nuestras ambiciones y consecuente proyección.

Tiempo es ya de tener una ciudad prospera con singulares avances. Hacer de ella un referente turístico universal. Determinada en su esencia, hacer y quehacer. Dotada con obras de infraestructura que hablen por sí mismas de su pujanza. Una ciudadanía comprometida verdadera y cabalmente con su futuro próximo y lejano. Una ciudad atendida integralmente y entre otras, en todas y cada una de sus necesidades sociales, salud, educación, ambiente y cultura.

Para lograrlo, se obliga pensar con sensatez, estudiar nuestro voto, analizar a conciencia los desmanes, descaros y demás irregularidades que estamos viviendo, con los cuestionados actuales y ex funcionarios Distritales, llenos de procesos judiciales, los cuales dilatan sin ningún pudor,  ante ello, en consecuencia, debemos optar por la mejor alternativa para Santa Marta, que sin lugar a ningún género de duda no es la del populismo continuista que nos marchitaría sin remedio. De ahí que considere que la grande alternativa es en estos momentos para nuestra ciudad, Juan Carlos Palacio, conocedor cual que más de los problemas menores y mayores de la ciudad y cómo resolverlos, como lo hizo siempre desde el Concejo, testigo de excepción de sus esfuerzos, debates y propuestas en beneficio siempre de los intereses superiores de la colectividad, cercano por su actuar y manera de ser a los principios Liberales, por cuya razón, invito a mis copartidarios a sumarse a esta justa causa. 

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