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Opinión

Unidad para reales cambios y transformación

Opinión Caribe

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Por: Rubén Darío Ceballos Mendoza*

De cara a estas próximas elecciones, los samarios tenemos que pensar que tener una Santa Marta libre de una herencia negativa y evitarle al departamento la llegada de un destino semejante, es lo que realmente cuenta y lo que verdaderamente debería interesarnos, si en verdad queremos evitar seguir siendo gobernados de la forma adversa como nefastas en alto grado han sido estas dos últimas administraciones, que no se, ni me explico aún por arte de que razones cuenta, en cabeza de un movimiento incoherente, con el beneplácito contumaz en mi parecer, de una sociedad samaria obnubilada por quien sabe qué extraño poder, de un advenedizo que se ha tomado por asalto la ciudad, encontrando eco en una sociedad que sin análisis ninguno le juega a sus estrategias, le bate incienso y lo eleva a los altares. Pero peor que ello, y es lamentable, la permisividad y pasividad de una clase dirigente que a mi juicio le ha faltado mística para salir en la defensa de los intereses superiores de la ciudadanía y comunidad entera, cuando incluso han sido atacados con razón o sin razón por sus actos pasados.

Pareciera que estuviésemos de acuerdo con el cinismo despótico que se ha ejercido sobre Santa Marta y se pretende con el Magdalena, que con perversa perorata ha embaucado a los nuestros en contexto de demagogia pura y populismo barato; y aun así, los tienen como sus salvadores, a lo que no le encuentro justificación a la luz de los maltrechos índices y demás otros indicadores que nos alejan como ciudad de posiciones de vanguardia, dando categórico mentís a aquello de estar cambiando, cuando realmente cada día y cada vez más nos hundimos irremediablemente en profundidades insondables, basta con señalar el sombrío panorama de la educación, al estar la ciudad en los últimos lugares a nivel nacional y la carencia de agua, entre otros tantos aspectos, que se pueden registrar a primera vista.

No vemos una Santa Marta con logros, ni siquiera modestos, que enrumben su economía; más sí, muchas irregularidades cometidas en materia de despilfarros, sobrecostos, desmanes, incumplimientos, atropellos a los derechos humanos, libertades y democracia. Han actuado con intolerancia, destruyendo a la ciudad moral, económica, institucional y políticamente. Es la religión de un cinismo despótico arrollador que han inoculado a nuestra sociedad contagiado a los más, lo que demuestra una visión irracional traducida y reflejada en los textos de los mensajes de las redes sociales.

Hemos estado gobernados en los dos últimos cuatrienios por mandatarios con un nutrido palmarés de sindicaciones graves, falseadores de datos, compra de defensores en los medios de comunicación, obras públicas con sobreprecios impresentables e inconclusas, destrucción de la institucionalidad, elevación del descaro a la cima de virtud cívica, fomento del odio de clases, consecuente polarización, nulos avances en salud, educación e infraestructura; y, mil falencias más que sería prolijo enumerar.

Han tratado a la ciudad con incoherencia y ello no lo queremos para el departamento. Se han dado a la tarea de introducir veneno en la sociedad, destruido iniciativas individuales y la libertad de emprender, atizado el odio de clases, división y modelos fracasados; razones entre otras, por la que requerimos con urgencia nuevos rumbos, votar a conciencia, zafarnos del yugo de la ignominia, unir esfuerzos para que la puerta de cambios y transformaciones verdaderas

lleguen por fin. No más despotismo por favor. Basta ya.

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