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La nueva década

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Cecilia López Montaño

Este año que arrancó a toda velocidad pues ya empezamos su segundo mes, no es simplemente un año más. Se trata del inicio de la segunda década del Siglo XXI, que ya muestra tendencias sorpresivas, males globales y una gran diferencia con décadas anteriores: la impaciencia de la población. Aunque esta idea sería aplicable a gran parte del convulsionado mundo de hoy, es necesario aterrizar el análisis a Colombia. El foro Semana realizado en Bogotá la semana anterior, es como lo dijo el exministro Mauricio Cárdenas, el inicio del debate nacional de este año, o mejor de este comienzo de década. Es cierto porque allí se cubrieron los temas sustantivos del país aunque en las respuestas de los debates no todos respondieron adecuadamente a las preguntas planteadas.

Sin duda, la mejor intervención fue la del director de este medio, Alejandro Santos, que inició la discusión con un análisis que puede calificarse como una pieza.  El título ya era suficientemente provocador: «¿Hacia dónde va Colombia en 2020? Su estructura es impecable; empieza por los avances que esta sociedad ha logrado que son innegables para concentrarse después de manera detallada en lo que denomina los grandes obstáculos que tendrán que superarse durante estos 12 meses.

Primero: la dicotomía entre el país rural y el urbano. Esa otra Colombia que aparece permanentemente entre las áreas sin presencia estatal, sin bienes públicos, y además llena de violencia pero que en esta sociedad centralista a nadie que vive en el país relativamente moderno, le importa. Aunque Alejandro no lo dijo de esta manera, para algunos la pobreza rural ha sido funcional al feudalismo que allí predomina especialmente en áreas alejadas de los grandes centros urbanos. Mano de obra regalada, sin seguridad social donde además la ley es tan flexible que sencillamente no se aplica. Lo que sí dijo el director de Semana es que el 60% de nuestra desigualdad proviene de la brecha rural-urbana.

Segundo: la creciente desigualdad como gran pecado de nuestro país que se esconde en las cifras que se consideran satisfactorias sobre el comportamiento de la economía. Afirmó con toda la razón que «…no hemos logrado que la prosperidad se reparta equitativamente…». De manera valiente por tratarse de hablarle al sector poderoso del país, se refirió al tema de los impuestos, aboga por esa reforma estructural que no logra concretarse y que sigue limitando la financiación que el Estado necesita para resolver la desigualdad.

Tercero: la productividad que afirma no se ha movido positivamente en una década a pesar del esfuerzo realizado. Surge entonces el tema recurrente de la educación, su mala calidad, su estratificación que termina en buena educación para sectores ricos y pésima calidad para el grueso de pobres, vulnerables y aun de clase media.

Cuarto: el narcotráfico, el gran drama colombiano, que «sigue vivo», denuncia Alejandro. Las 200.000 hectáreas de coca se han convertido en un problema de seguridad nacional y su interrelación con grupos armados y delincuentes, para algunos explican, gran parte de los asesinatos de líderes sociales. La narcotización nuevamente de la agenda con Estados Unidos y la posibilidad de nuevas marchas cocaleras, aparecen como peligros inminentes.

Quinto: la seguridad que es la mayor preocupación de todos los colombianos afirma Alejandro. No obstante haberse reducido los homicidios el tema de la inseguridad ciudadana es una realidad que está desbordando a los mandatarios locales. Pero además, señala el Catatumbo, el Bajo Atrato, el Bajo Cauca y la costa nariñense como zonas rojas. Se le olvidó el Caribe y su troncal donde hay una clara guerra entre narcos y paramilitares.

Sexto: el desempleo. El 2019 terminó con un desempleo del 10,5% pero las últimas noticias del Dane es que fue el peor año de los últimos años. Lo señala como uno de los mayores desafíos que enfrenta el gobierno a lo que se le debe agregar la penosa realidad de que no logra entender lo que sucede. Su afán de insistir en las bondades del crecimiento económico no le ha permitido comprender al gobierno este drama económico y social.

Séptimo: la protesta social que se expresa en la realidad de que la calle es el nuevo actor político en Colombia y en el mundo. En Colombia señala Alejandro la protesta se expresó en las últimas elecciones donde salieron derrotados los que se consideraban seguros ganadores. Entender la protesta, reconocer la trascendencia de esta realidad es uno de los grandes retos que se enfrentarán en el 2020.

Octavo: la migración venezolana que ya se acerca a los 2,4 millones de personas, 1,9 venezolanos y 500 mil colombianos que regresaron. No obstante haberse recibido esta realidad con solidaridad se asoma peligrosamente la xenofobia. Alejandro llama la atención sobre la necesidad de evitar que este fenómeno crezca con el tiempo y que el Estado logre seguir atendiéndolos.

Noveno: el envejecimiento de la población que como afirma el director de Semana junto con el crecimiento de la clase media representa la gran transformación de la sociedad colombiana. Retoma con fuerza las reformas que deben abordarse como la de las pensiones que como se evidenció en ese foro por boca de la ministra de Trabajo ahora ministra del Interior no es la prioridad actualmente.

 

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