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Columnistas

La «nueva normalidad» y la parroquia

Opinión Caribe

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Por Nicolás Gómez

El inicio de la «Nueva Normalidad», posicionada por los gobiernos y la matriz mediática internacional, ha creado el efecto psicológico de masas que ya nada importa, que no sea retornar a la misma vida de antes.

Ha contado para eso que millones de personas no quieren o no soportan más cuarentenas, entre otras razones porque las inversiones de «ayuda de emergencia», cuantificadas en billones, se orientaron al sector financiero o a Avianca y en menor cuantía al sector productivo o a los ciudadanos.

La «nueva normalidad» trae aparejada un relajamiento de las medidas de autocuidado y de bioseguridad en los individuos y en el comportamiento colectivo.

Bueno, no será la misma vida de antes, hay una crisis económica acentuada por la pandemia y hay cierta afectación emocional en las personas cuyas manifestaciones son inciertas todavía y que es probable que se refleje en el comportamiento electoral en algún grado.

«El virus es biológico, (los intereses con los que se maneja) la pandemia es política», dijo el twittero Serrano hace meses.

Es evidente que los gobiernos y la plutocracia a la que sirven, incluida las corporaciones mediáticas, han construido modelos epidemiológicos con la estimación de cuántas son las muertes políticamente viables sin afectar mayormente la gobernabilidad y las ganancias.

Podría presumirse, que en noviembre tendremos noticias del comportamiento del contagio derivado de la aplicación de la nueva Normalidad. Es incierto establecer cuáles serán las reacciones de los diferentes actores con incidencia en la opinión pública.

Millones de personas están pasando y pasarán muchas dificultades materiales por el desempleo, el hambre, y todo tipo de incertidumbres

¿Cuánto afectará esta «nueva normalidad» al incremento de la morbilidad y la mortalidad del grupo poblacional  vulnerable al CoVID (ancianos y personas con comorbilidades)?

El incremento de estas muertes si no se refleja en el colapso de los sistemas de salud no será políticamente relevantes para adoptar políticas de salud públicas

Esta grave situación de salud pública puede no reflejarse porque la gente muera en sus casas, o porque las pruebas de laboratorio sigan disminuyendo, o porque los medios lo silencien convenientemente).

La élite gobernante y la plutocracia (eso no incluye a los políticos locales y regionales, por importantes que presuman serlo) están ya definiendo acuerdos y proponiendo pulsos para la continuidad del Establecimiento o del Régimen, como decía Álvaro Gómez.

Ya en las últimas elecciones a la presidencia el Establecimiento dio muestra de una gran racionalidad política y de eficiencia para unirse entorno a sus ‘intereses superiores’, dejando de lado diferencias larvadas durante décadas, para derrotar al candidato de la oposición.

Pero aun los políticos regionales deberán salir a asegurar su futuro, sea que compitan como congresistas o solo deseen mantener su estatus derivado del Estado.

Con un contexto así perfilado, cada quien se verá forzado, consciente, oportunamente o no, a elegir roles en esos escenarios.

Ya se trate de un profesional, un empresario, un político regional o de provincia o un operador político.

Por ejemplo, en la pura parroquia:

¿Cómo se preparan en la «nueva normalidad» las fuerzas alternativas (que aunque a muchos les resulten detestables son la realidad política hegemónica) y las fuerzas políticas tradicionales (que aunque a muchos les parezcan ideológicamente afines son ‘la Operación Avispa’)?

¿El resultado seguirá dependiendo de los aciertos de la estrategia de los primeros o de los errores de los segundos o de una combinación de ambos?

¿O los resultados serán el desenlace de una ruptura paradigmática?

Debo confesar que esta última posibilidad es escasa en estos lares, pero ha ocurrido.

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