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El baile de los que sobran

Opinión Caribe

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Por Víctor Rodríguez Fajardo

¿Quiénes llenaron las calles en este paro nacional? ¿De quién es la angustia? La desesperación por la falta de empleo, la ausencia de atención en servicios de salud, ¿y a quién se le terminó de rebasar la copa con los embistes de la reforma tributaria? Obvio es que la manifestación de ese dolor es evidente en las multitudes que han asumido las acciones de en las calles como única voz cuyo clamor no puede ser ignorado por el gobierno y por sus opositores.

Pero esas voces le pertenecen al pueblo, vienen de él, de lo más profundo, de lo mas sentido y no pertenecen a sectores que como oportunistas pretenden representarlos, esto es tan cierto como lo les el hecho que no pueden acallarse con un compromiso asumido en “mesas de negociación” representados por terceros.

Este es el baile de los que sufren conformado por los que sobran.

Una Colombia llena de motivos salió a protestar en mayo por razones acumuladas que solo necesitaron un florero de Llorente para activarse. Mas allá de reconocer sobre la legalidad constitucional de la protesta, los hechos políticos han acumulado un compendio de desaciertos que no interpretan las necesidades de todos. Una sociedad desigual, llena de regímenes especiales y excluyentes, hace que aumente la frustración a la hora de aspirar a ser competitivos. Una juventud que ve con preocupación la incertidumbre ante lo que le espera cuando tenga que enfrentar el sector productivo, una adultez que no puede con la carga de impuestos, malos servicios públicos, especialmente incapacidad de atender las necesidades de la pandemia, acceso a conectividad precario, sumado a quienes en nuestra tercera edad vemos el desafío inminente para acceder a una pensión de jubilación, serian detonantes encubiertos detrás de la caída de la famosa reforma tributaria con todo y ministro de Hacienda

En su reciente columna, Esteban Piedrahita, nos da un informe ejecutivo de la motivación del Paro Nacional; en su escrito, señala que Colombia es desigual y violenta, “el año pasado más de 21 millones de colombianos (42,5% de la población) se encontraba en la pobreza; entre estos, 7,5 millones (15%) no tenían ingresos suficientes para adquirir el mínimo calórico. Casi una de cada tres personas en las principales ciudades reportó en 2020 que consumía menos de 3 comidas diarias.” Otro dato es que, racismo, clasismo y exclusión son endémicos. Pobreza y corrupción, se les suma a los motivos para protestar” termina concluyendo.

21 millones de colombianos representados en esta protesta solo necesitaban un detonante, un florero de Llorente, Ese florero fue precisamente la reforma tributaria, necesaria para cuadrar caja de un gobierno que se ha tenido que enfrentar al desgaste de una pandemia de salud pública, la quiebra de empresas y por consiguiente un notable incremento en la población desempleada pero que no hace ajustes en el gasto desbordado en cosas no importantes, mucho menos prioritarias. La corrupción acompañada y reforzada por la impunidad nos avergüenzan hasta sentirnos impotentes.

Esa fuente de descontento y su potencial fuerza de presión fue capitalizada por la oposición al gobierno Duque, quienes se han dejado ver como la fuerza y poder impulsora del paro, pese a que para todos ha sido obvio, no había tal  control de todo el movimiento; la oposición encontró en la Reforma Tributaria el detonante perfecto para con solo una pequeña mecha incendiaria y la simple acción de la inercia, llevara a los protestantes a la acción y sin ninguna capacidad de manejo verlos llegar los límites ya conocidos.

Porque una cosa es la validez de la protesta y otra, son los bochornosos actos vandálicos desarrollados. Para ello, existen inconmensurables teorías de conspiración, guerrilla, bacrím, indígenas, derecha e izquierda política, todos tendrían intereses al mejor desarrollo de novela de Ágatha Christie, donde todos pueden ser culpables.   Las cuentas no salieron como inicialmente presupuestaron “los impulsores#, por eso entiendo que el comité de paro se quiera sentar a negociar con el gobierno bajo la premisa “seguimos en paro”, pues no tienen ningún poder ni representación sobre las multitudes que salieron con su propio impulso a manifestarse como quisieron.

Pero más allá de la coyuntura de lo sucedido, debemos tener presente que estos hechos obedecen a una agenda política cuando estamos a 10 meses de elegir nuevo congreso y a 12 de elegir nuevo presidente. Sin duda, el miedo expresado por un estadista de la talla de Álvaro Uribe Vélez con el famoso “Ojo con el 2022”, refleja el conocimiento que la olla de presión del clamor social ahora tiene escape y su efecto será demoledor para la orilla política que representa, no solo del Centro Democrático sino de la derecha como hoy se conoce incluyendo a los llamados tibios de centro. La izquierda representada por Gustavo Petro vio la oportunidad de desestabilizar el “Statu quo” imperante y poder ganar adeptos bajo la premisa, ustedes me necesitan para cambiar la dolorosa realidad que los agobia.

Muchos ejemplos nos rodean al respecto los cuales son analizados dependiendo desde la orilla que se haga: quienes son agentes del Estado en burocracia, contratación o hacen parte de la estructura del poder buscarán se mantenga la “normalidad” de nuestra vida republicana. Quienes han demostrado activismo político de izquierda necesitan un “nuevo orden” para eso invocan un “cambio” y solo así tener oportunidad de ser los nuevos dirigentes. Según lo aprendido, solo es un “quítate tu pa´ ponerme yo”. Y esta la masa, la que llena espacios, la del volumen, la de los 21 millones de colombianos, hoy motivados y empoderados que recibirán la oportunidad de pasar cuenta de cobro, muchos saldrán a votar en contra de y no a favor de… hoy el riesgo de un punto de inflexión de la democracia en Colombia es inminente, la política de quienes han gobernado solo les da la espalda y se benefician con egoísmo ante la mirada de todos. “sí Petro es peor y hace de Colombia una Venezuela no me importa, en mi situación, no puedo empeorar” expresó un estudiante universitario a punto de graduarse, marchante en el Paro Nacional.

Hoy cuando ha transcurrido mas de 20 días de paro, cada bando hace sus análisis de lo avanzado y sus consecuencias, para Petro y el senador Bolívar, se les fue la mano, y ya están perdiendo simpatías de muchos, la quema de negocios, el desabastecimiento ha afectado más a sus electores que al gobierno. Por su parte, el presidente Iván Duque, que cae en imagen junto con su equipo de gobierno, debiendo retirar a ministros y proyectos de su agenda legislativa, tiene tiempo para intentar recomponer su paso histórico para la Casa de Nariño, es por eso que en su ultimo año de gobierno, ha tenido que aprender a dejar atrás la arrogancia del poder y buscar conciliar con sectores políticos para darle un remate decoroso a su cuatrienio, estabilizar el país, garantizar que su sucesor sea cercano a los intereses que el y su grupo representan.

Agenda en mano, Duque comenzó a negociar con los diferentes sectores políticos, ya César Gaviria cambió el discurso y ahora apoya con su bancada la agenda del ejecutivo; no dudo que Andrés Pastrana también lo hará; de Germán Vargas, quien como avezado político esta jugando a tener más de una vela prendida en el espectro político,  podemos decir que, tiene a cuota al Ministro de Salud, también tiene la coordinación de la ponencia de la reforma a la salud y aun así cuestionó la reforma tributaria.

Por otro lado, los conservadores, leales a su tradición y teniendo vicepresidenta, quien aún cayéndose de la silla seria su carta presidencial, también respaldarán la agenda de la administración Duque.  El grupúsculo residual del partido de la U seguirá de cerca al Gobierno, aunque, ya los senadores Santistas de la U, abandonaron el barco.

A todas estas, el país político siempre encontrará como acomodarse para sobrevivir, pero en todas estas componendas, no hay asomo de los que llenaron las calles en el paro nacional, ellos se quedan esperando a que los vuelva a llamar “al baile de los que sobran”, algún día aprenderán a bailar otros ritmos, y ¿por qué no?, hasta ser directores de orquesta. De momento se especula que tanto Santos como Uribe podrían ser pareja en el próximo baile electoral a presidencia en segunda vuelta. Ojalá los que asistan al baile de los que sobran, no les toque bailar con la más fea.

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