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Editorial & Columnas

Enaltecer a nuestra ciudad

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Por: Saúl Alfonso Herrera Henríquez*

Enaltecerte nosotros y enaltecerte todos debemos siempre bella ciudad de Santa Marta. Que te enaltezcan atildadas plumas. Que te recuerden y recordemos todos. Pero ante que nada “Perla de América”, que te enaltezcamos tus hijos con afán sincero, con vocación, con voluntad de servirte, con mostrado y demostrado desinterés y sentido de pertenencia. Que aparezcas siempre en nuestras prioridades y en nuestras biografías de vida. Que quienes nos visiten se sientan huéspedes distinguidos.

Que sea por siempre esta nuestra patria chica, inmensa en todos los corazones. Remanso de paz octaviana como antes fuera, de disfrute permanente, de sosiego. Segura, pujante, vigorosa, inmarcesible, encomiable, amable, alegre, de ensueño, proyectada, espiritual, plena, renacida en y a cada instante. Excepcional. Romántica.

Una ciudad en la que todos y cada uno que la habitamos y bien la queremos justifiquemos nuestra existencia. Que sea ese nuestro cumplimiento y obsequio permanente para ella. Hacerla caminar en ruta de modernidad, de excelencia, de perfectibilidad y mejoramiento permanente y continuo. Documentarla en sus reales avances. Definirla en ejemplaridad y consolidaciones. Digna de elogios en rimas y prosa culta. Una ciudad que refleje la personalidad de los suyos, especialmente quienes hacen en ella una labor encomiable.

Entenderla desde el afecto en todas sus dimensiones. Crearnos su imagen desde diferentes modos de verla y sentirla con los más variados elementos que permitan construir una perspectiva de ella en contexto de entorno, sentimiento, privilegios, carácter, escondrijos, auténticas realidades individuales y colectivas en formación y en perenne desarrollo, ambientes y símbolos que moldean, controlan y la constituyen con las identidades que allí se van formando; así como las subjetividades que habitan su escenario natural y social. Explorarla afectivamente. Precisarla en ese estricto sentido que incluye las especificidades prácticas y simbólicas que ocurren dentro de un espacio geográfico, en la certeza que no hay ciudad sin sus representaciones e imágenes que se forman a través de las percepciones que tenemos e inciden en la lectura, interpretación y significado que le demos en ruta de positivas transformaciones.

Las ciudades son importantes, movilidad, conectividad de la población, comercio eficiente son catalizadores del progreso que las impulsan. El derecho a las ciudades es un derecho colectivo que garantiza el ejercicio pleno de los derechos humanos, la función social de la ciudad, su gestión democrática y asegura la justicia territorial, la inclusión social y la distribución equitativa de bienes públicos con la participación de la ciudadanía. De ahí que sea importante ese derecho por cuanto implica responsabilidades en todos los ámbitos de gobierno y ciudadanos para ejercer, reclamar, defender y promover la gobernanza equitativa y la función social de todos los asentamientos humanos dentro de un hábitat de derechos humanos.

Nos queda y tenemos la gran tarea de hacer de Santa Marta, y ojalá no se nos olvide nunca, una urbe universal acreditada por su hermosura natural, por su turismo, sabiduría cultural, académica, universitaria, histórica, en la que se muestre a tope el ingenio de los nuestros, personas que, o nacieron aquí, o se sienten de aquí al elegirla para vivir y dedicar su todo a esta querida y nunca bien ponderada “Perla de América”.