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Columnistas

¿De qué orgullo estamos hablando, si nos están matando?

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La pregunta que incomodó al movimiento gay de Santa Marta

Por Nohora Barros

Foto de: Anfibia Tamborada

Aquel histórico 28 de junio de 1969, el primer grito de orgullo, fue protagonizado por una mujer trans, negra y trabajadora sexual Marsha Johnson, junto con su compañera Sylvia Rivera descendiente de una familia latina, quienes sin la conciencia hicieron historia en medio de la pandemia del VIH/SIDA, en un contexto de profundo odio, discriminación social y represión que se llevó muchísimas vidas; así que este fue un estallido para celebrar una existencia perseguida, excluida, en peligro (situación  que no estan tan alejadas de las realidades actuales), para hacer visible las familias elegidas que dignificaban la vida desde el carnaval, los colores y los ballrooms.

A los pocos años, el orgullo fue apropiado por hombres gais, cis y blancos, por bares, empresas, tiendas de ropa, accesorios “gais”, que tomaron esta digna causa, alegre y rebelde, para volverla una estrategia comercial, algunxs teóricxs LGTBIQ+ lo han llamado “capitalismo gay o capitalismo rosa” que ha mercantilizado y despotilizado una lucha histórica; lastimosamente ha sido una práctica extendida en muchos países, y que muchxs activistxs han sido cómplices de esta instrumentalización, como ocurre con el movimiento gay de la ciudad de Santa Marta.

En este sentido, desde Anfibia Tamborada una cuerpꬱ-colectiva-sonora, artivista, transfeminista, convocamos al perfomance incómodo “¿De qué orgullo estamos hablando, si nos están matando?” Pues para nosotrxs, es importante poner en el centro la defensa de la vida de todas las personas con identidades y expresiones de género diversas que habitamos en la ciudad, pues la falta de memoria, formación, organización popular ha convertido el orgullo en un espacio exclusivamente de fiesta, brillos y colores olvidando el sentido político de esta conmemoración.

Por eso, nos desplazamos a la Avenida Libertador al inicio de la marcha, abrimos una pancarta con esta pregunta que insistimos en sembrar a modo de reflexión, fuimos vestidxs de negro resistencia, algunas con la boca y las manos amarradas, en silencio alzamos el pendón. Inmediatamente, nuestrxs compañerxs gais, travestis y trans nos agredieron verbalmente, ejercieron violencia física tumbando nuestra pancarta, nos gritaron varias veces, sin embargo nos sostuvimos tranquilas a pesar de los momentos de efervescencia, pero es triste que la comunidad reciba de esta manera una interpelación vigente y urgente, pues desde el año pasado Santa Marta es una de las ciudades con mayor violencia hacia la población diversa, en especial, de mujeres trans.

Luego de este momento de agresiones, nos tildan de “feministas ortodoxas, misogenas (hacia hombres) sic., boicoteadoras y violentas”, afirmaciones carentes de empatía, respeto y realidad, pues distorsionan lo sucedido. La marcha siguió, todxs continuaron con su manera de conmemorar el orgullo, nuestro perfomance fue artístico, desde la acción sin daño y no violencia; pero las agresiones recibidas por lxs organizadorxs y demás miembros del equipo del festival fueron desmedidas y desproporcionadas.

Por eso hoy, les lanzó varios retos importantes al movimiento gay, porque es este el que tiene la mayor vocería y representación en materia de derechos LGTBIQ+, y por tanto deberían asumir si desea abrazar toda la diversidad en la ciudad, los cuales están relacionados a:

  1. Despatriarcalizar su agenda y su estrategia de activismo. Desde hace varios años, hemos presenciado prácticas machistas, lesboficas y transfobicas (en especial para hombres trans) en sus acciones. La organización de esta conmemoración no le ha abierto las puertas a las colectivas  lésbicas, bisexuales y trans feministas de la ciudad, ejemplo de ello, es que en la gala de premiación dejaron por fuera a muchxs activistxs y colectivas feministas, además que los ganadores fueron en su mayoría hombres y personas transformistas.
  2. Abrir la discusión política. Una de las razones por las que el movimiento feminista ha participado de manera disruptiva en la conmemoración del orgullo -además de las ya mencionadas anteriormente relacionadas a falta de memoria histórica-, es nuestra necesidad de cuestionar las relaciones y los vínculos que se hacen con la alcaldía distrital, y con ciertas personalidades que están usando su identidad con fines político-electorales sin un activismo consciente por nuestros derechos. No es un secreto que muchos gobiernos, incluso estos que se llaman “progresistas” nos instrumentalizan, creen que, con eventos, tarimas, empleos a corto plazo y celebraciones están cumpliendo con las demandas del movimiento, no somos una cuota, somos miles y merecemos representación real, acciones afirmativas concretas, contundentes y eficaces para transformar este sistema que pone tantas barreras a nuestra existencia.
  3. Desarmar la misoginia y el odio a los feminismos. Si bien hay un sector transexcluyente dentro de los feminismos, en la ciudad estamos lejos de esas posturas discriminatorias. Es el momento visibilizar todas las experiencias, activismos y apuestas políticas de todo el movimiento LGTBIQP+, abrir el diálogo, escuchar las diferencias, respetar las acciones y manifestaciones de todxs, pues el orgullo también es feminista, antiracista, anticapitalista, decolonial, insistimos que ser trans, lesbiana, gay, travesti no quita el machismo, clasismo, racismo, lesbofobia y transfobia. Es la hora de caminar juntes para desaprender las prácticas violentas que se están reproduciendo en el movimiento, que continúan sosteniendo esa matriz cisheteronormada y patriarcal que tanto nos afecta.

Para cerrar, deseo manifestar que rechazamos todas las señalizaciones y ataques personales luego de la manifestación hacia nuestra compañera Ana Karina Castañeda Salas, edilesa de la Localidad 2, les decimos que: ¡su activismo es el nuestro! Esta reacción de varios miembros y colectivos del movimiento gay, refuerza nuestros sentires de exclusión y machismo, señalar a una persona por su rol político y liderazgo feminista, es violencia política.

Pese a todo, seguimos tejiendo este camino de LIBERTAD y DIGNIDAD. Nuestro llamado es seguir abrazando nuestra (re)existencia, a sostenernos vivxs. Convoco a esa consigna que está en varios carteles de la ciudad “AMOR llama más AMOR”, la violencia y las agresiones no son la vía para gestionar las diferencias. Nosotrxs seguimos creyendo en un Orgullo disidente y crítico, que le apueste a la justicia social.

Gracias a Opinión Caribe por abrirme las puertas para hacer pública esta reflexión y manifestación de amor.